Miércoles, 18 de enero de 2017

| 1983/01/31 00:00

HABLA B.B.

HABLA B.B.

SEMANA.: Señor presidente, después de cuatro meses de gobierno, ¿Cómo compara usted la realidad de lo que es el Poder del presidente con lo que usted concebía antes de asumir el cargo?
Belisario Betancur.: El problema no es de Poder sino de responsabilidad. Si uno se deja acaparar por el primer concepto, pierde la perspectiva del segundo, que es el fundamental cuando a una persona la señalan como guía.
Porque llevo muchos años estudiando ese tema, no me han sorprendido las realidades concretas del ejercicio de la presidencia, ni siquiera las que tienen que ver con la forma como la teoría del poder mayestático se diluye en la atención a problemas que parecen menores, de rutina, y de los cuales de todas maneras el presidente debe enterarse, así le signifiquen gasto de tiempo.
S.: Existe un consenso general acerca de que su popularidad sobrepasa la de cualquier otro de los presidentes que lo antecedieron en los últimos lustros ¿Cree usted que podrá mantener esa popularidad aún a costa de medidas impopulares?
B.B.: Ese es el más peligroso de los halagos. La popularidad hay que saberla situar. Por ejemplo, sé que los colombianos me han recibido con generosidad abrumadora, tal vez porque me sienten como uno de ellos; porque no tengo que esforzarme para ser un gobernante sin arrogancia; porque no disfruto, sino que trabajo; en fin, por pequeñas cosas que la gente común percibe con simpatía. Pero, como decía Guillermo León Valencia, la política y los toros tienen mucho que ver: el favor de la opinión pública debe ganarse a cada instante; y no se gana sino trabajando en favor de dicha opinión. A eso me atengo, para no olvidar en ningún caso que no me gané el cargo, sino que tengo que ganármelo a cada instante, lo cual sólo se logra desarrollando un profundo sentido de la responsabilidad.
S.: El ex presidente Turbay ha dicho que usted es más popular que su gobierno y es cierto que las críticas se enderezan más contra algunos de sus colaboradores que contra su persona. ¿Ha pensado usted en reoganizar en los próximos meses el Gabinete y algunas de sus gobernaciones?
B. B.: El presidente sabe qué funcionarios están bajo el fuego de la crítica y, sobre todo, por qué están siendo atacados. Hay unos que a sabiendas, por realizar la política del presidente con coraje y lealtad, asumen el riesgo de la crítica objetiva o injusta, y entonces lo mínimo que corresponde hacer es darles protección institucional para que puedan cumplir su labor. Digo esto, porque mantengo mi promesa de que cuando un funcionario público de cualquier nivel no sea leal a los compromisos de su cargo, será retirado de él sin contemplaciones. Hasta el momento y en términos generales, no hay motivos urgentes para que el presidente ejerza su facultad de libre remoción.
S.: Existen discrepancias sobre los resultados que hasta el presente ha dado la Ley de Amnistía. ¿Constituye para usted una sorpresa el que el número de guerrilleros que se ha entregado en las primeras semanas no corresponda a las expectativas de la opinión pública?
B.B.: Repito hasta el cansancio que la amnistía es apenas una parte del precio de recuperación de la paz. Por lo tanto, resulta casi mezquino tomarlo como una cuenta que se hace con los dedos de la mano, con calculadora o con computador. No hay, pues, lugar para sorpresas, entre otras cosas porque --como lo dije en uno de mis recientes mensajes- el gobierno asume riesgos calculados y no puede dejarse sorprender por nada ni por nadie. La idea y la práctica de la paz se afianzan pausada pero seguramente en el país, en una acción coordinada del gobierno y de los colombianos que, en abrumadora mayoría, trabajan por esa paz.
S.: ¿Cómo podría evaluar los resultados obtenidos hasta ahora con la Ley de Amnistía?
B. B.: De acuerdo con nuestra visión global, todo transcurre satisfactoriamente. Dejando a un lado actitudes personales muy explicables, sabemos que el país, incluídos los alzados en armas que dicen no acogerse a la amnistía, reconoce nuestra apertura democrática, nuestra obra realizada en medio de inmensas dificultades económicas, en busca de mejores condiciones de vida para las clases más desvalidas de la sociedad colombiana. Todos, también, se dan cuenta de que la posición del gobierno no es circunstancial, sino que obedece a un criterio expuesto a lo largo de muchos años, y que finalmente logró la oportunidad que da la democracia de convertir la idea en responsabilidad concreta.
S.: ¿Cómo calificaría usted la actitud de Bateman, de no acogerse a la amnistía?
B.B.: Yo no estoy en condiciones de hablar sobre aspectos parciales de ninguna de las responsabilidades a mi cargo. Unicamente le digo que confío en el patriotismo y en la sensatez de mis conciudadanos.
S.: ¿Podría fijar su posición en términos concretos frente a propuestas como armisticio, desmilitarización de zonas guerrilleras y entrevistas con líderes guerrilleros?
B.B. La Comisión de Paz tiene amplias facultades para estudiar temas y proponérselos al gobierno, a fin de que este, a su vez, analice que es lo que más conviene para seguir afianzando la paz social en Colombia.
S.: Al comienzo de su gobierno usted manifestó su decisión de desenmascarar al MAS. Se sabe que organismos fiscalizadores adelantan investigaciones al respecto. ¿Al día de hoy qué resultados puede presentar o comunicar al país?
B.B.: El país sabe que el señor Procurador General de la Nación, con la más amplia ayuda de todas las áreas gubernamentales, está desarrollando una profunda tarea en ese sentido. El informará al gobierno y a la ciudadanía, sobre los resultados de sus investigaciones, de las cuales estamos pendientes todos, porque tienen que ver con la lucha contra la violencia descarada y condenable sin vacilaciones.
S.: ¿Piensa usted que el MAS es una organización única y vertebrada o que es una razón social utilizada por grupos dispersos?
B.B.: Cuando conozcamos los informes del señor Procurador General de la Nación, sabremos exactamente lo que es.
S.: Con respecto a la crisis financiera: aunque se le presentó a usted un hecho cumplido, ha sido su gobierno el que tuvo que tomar las decisiones y las medidas correctivas. ¿Podría suministrar datos oficiales sobre lo que le ha costado al Estado colombiano en términos estrictamente monetarios la crisis financiera?
B.B.: Aunque es cuantificable, lo que ocurió y lo que se hizo para salvar al país, supera los simples cálculos numéricos. Hemos estado ante una crisis de fondo, y lo importante es que tuvimos la serenidad y la fortaleza necesarias para salir del abismo. Mientras se ponían en marcha mecanismos monetarios para disminuir los conflictos, tenían que tomarse decisiones que parecían de momento; pero no era así, porque estaba haciendo crisis todo un concepto político y económico; y nosotros debíamos encontrar el sustituto más conveniente de ese concepto. Vale la pena señalar esto, porque se constituyó en un elemento perturbador de los esquemas que habíamos preparado para gobernar.
S.: ¿Cuáles, según usted, fueron los factores que determinaron la crisis?
B.B.: Eso da para un libro apasionante, que deben estar escribiendo ya los especialistas en historia financiera, como la de Judas Tadeo Landínez. Una primera aproximación, que no es de tipo técnico, puede darla el pensar que hizo crisis, de manera dramática, el concepto neo-liberal que lanzó al país por el despeñadero de la economía especulativa, mientras el aparato productivo paralelamente se hundía también en el conflicto. En fin, repito que las reflexiones y los datos sobre las causas de lo que pasó, deben aparecer a su debido tiempo, ordenados y explicados, para que sirvan de lección.
S.: ¿Considera que la crisís es un capítulo superado de 1982? ¿O cree que seguirá siendo uno de los grandes problemas que tiene que enfrentar su gobierno el próximo año?
B.B.: Los síntomas más peligrosos han desaparecido, pero falta que --guiada y tranquilizada por su gobierno--, la sociedad recupere totalmente la confianza en el sector financiero con el convencimiento de que lo que pasó fue algo extraño a la tradición de seriedad, de honestidad y de lucidez de dicho sector. No podemos entonces bajar la guardia, porque debemos desarrollar una especie de tarea pedagógica.
S.: Su gobierno ha tomado medidas de desconcentración del poder financiero que establecen que una persona natural o jurídica no puede poseer más del 20% de las acciones de una entidad financiera. Sin duda alguna son bien intencionadas, pero según algunos observadores económicos tropiezan con serias dificultades en su aplicación. En primer lugar, hay una disminución drástica del precio de las acciones como consecuencia de un cambio en las reglas del juego. ¿No cree que hay un elemento confiscatorio en la venta obligatoria en estas circunstancias? ¿Han sopesado las consecuencias de la medida para las personas directamente afectadas?
B.B.: No estoy de acuerdo con las interpretaciones que usted me trasmite, ni con los datos aparentemente concretos que trae a cuento. No puede analizarse un tema de esos alcances, partiendo de la falsa información consistente en hablar en términos generales, de situaciones que la ley contempla como excepcionales, como es el caso de la "venta obligatoria de acciones" que usted llama. El de la desconcentración para que la democratización sea un hecho, se consultó no sólo con especialistas del gobierno, sino con importantes figuras del sector financiero e industrial. Nosotros no legislamos encerrados en la torre de marfil, sino que preguntamos, sin que por ello sintamos que disminuye nuestra autoridad, porque practicamos la participación y buscamos equivocarnos lo menos posible. Para terminar con su pregunta, ¿de qué personas afectadas habla usted? ¿Se refiere tal vez a los millares de pequeños ahorristas que quedaron arruinados precisamente por culpa del concentracionismo que combatimos?
S.: En cuanto al déficit fiscal usted ha dicho que sería subversivo revelarlo en su verdadera magnitud. ¿No cree que la opinión pública tiene derecho a conocer el estimativo oficial? ¿Cuál sería?
B.B.: El problema no es de millón más o de millón menos, que resulta dándole espectacularidad a un problema con otras características y otras definiciones, ocultando así el fondo de la cuestión. El del déficit, es casi un problema ideológico y de comportamiento. No tiene que ver exclusivamente con el propio gobierno, sino con la actitud del gobierno frente a las fuerzas económicas de la sociedad. El déficit no se produce únicamente porque el gobierno gaste más de lo que recibe, sino por la política tributaria que se practique, por su posición frente a hechos como el de la Cuenta Especial de Cambios, en fin, por múltiples aspectos. Eso es lo que debemos ver, para que no nos asusten o nos tranquilicen indebidamente, las meras cifras.
S.: El gobierno ofreció cuatrocientas mil viviendas sin cuota inicial. ¿Con base en las circunstancias económicas se verá obligado a modificar la promesa? ¿Si es así, podría decir cuál sería la nueva cifra?
B.B.: El gobierno no ha ofrecido un número determinado de viviendas. Pueden ser más de 400.000. Ahí volvemos al tema de los falsos problemas: la vivienda popular sin cuota inicial, tan urgente como es, constituye apenas uno de los aspectos de la reactivacion de la economía y del gran problema del desarrollo urbano.
No se ha modificado, pues, la promesa, inexistente por lo menos como usted la interpreta. Además, tenga un poco de paciencia y verá como en unas semanas más, oye noticias frescas sobre financiamiento.
S.: ¿Ante un déficit de esa magnitud, será difícil dar cumplimiento a la promesa electoral de que no habrá nuevos impuestos? De hecho, el ininistro de Hacienda ha declarado recientemente que sí los habrá. ¿Este es un cambio de estrategia ante circunstancias imprevistas, o se sostiene en el planteamiento electoral?
B.B.: Esa es otra supersimplificación suya. Hemos estudiado, tal como lo prometimos, la situación tributaria del país sobre la base de que no resiste nuevos impuestos, a la manera como se venían estableciendo, sin mirar las consecuencias en los distintos sectores, es decir con puro espíritu fiscalista.
Fíjese usted que estamos buscando el alivio tributario a la sociedad anónima; que tratamos de aliviar también la situación del pequeño contribuyente; que estamos explorando una amnistía patrimonial. Frente a eso, medidas como la de poner una sobretasa a los automóviles de uso particular, que se conecta por ejemplo, con la necesidad de ahorrar combustible, nada tiene que ver con el cumplimiento de nuestra promesa básica. Por lo demás, un buen criterio de gobierno no puede funcionar si las teorías válidas para determinado momento histórico se mantienen porque sí, a pesar de que haya nuevas circunstancias que tengan que ver con la estabilidad del país.
S.: Usted se ha manifestado a favor de restablecer relaciones diplomáticas con Cuba. ¿Qué pasos concretos se han dado al respecto?
B.B.: En ningún momento he hecho esa manifestación expresa. Se ha esbozado toda una política internacional de Colombia, y dentro de ella naturalmente opera la buena voluntad para tener relaciones con los demás países, mientras ellos cumplan los compromisos que tales relaciones determinan. Hay, pues, campo y tiempo para hablar de situaciones concretas.
S.: ¿Continuará su gobierno deslindándose de las restricciones que el Pacto Andino ofrece a la inversión de capitales extranjeros?
B.B.: No entiendo esa pregunta, porque si algún país respeta los compromisos del Grupo Andino, es Colombia. El hecho de decir que el capital extranjero es bienvenido a nuestro país, en tanto en cuanto coopere en la inmensa tarea del desarrollo, no quiere decir que dejemos de lado las normas andinas, desde luego, mientras esa sea una conducta general de los firmantes de esas normas.
S.: Aun cuando el lapso de tiempo es muy corto desde el inicio de su mandato hasta la fecha, ¿Cuál cree usted que ha sido la solución más afortunada y el momento más difícil de su administración?
B.B.: Todo es difícil cuando se gobierna con sentido de la responsabilidad que se tiene ante el país. Ha habido muchos problemas, pero es inevitable mencionar como difíciles, muy difíciles y de solución afortunada, gracias al respaldo del pueblo colombiano, el desastre financiero y la iniciación de la lucha por la paz con la aprobación de la ley de amnistía.
S.: Se ha impuesto usted, señor presidente, un tal ritmo de trabajo, el "ritmo paisa': de que se ha hablado, que existen dudas acerca de si su salud le permitirá mantener la misma actividad por tres años y medio más. ¿Cómo se siente usted frente a este reto?
B.B.: Gracias por la noticia. Los pobres que no nos morimos de niños, generalmente duramos mucho. Le cuento que sólo he aumentado un ritmo de trabajo al cual me acostumbré desde muy joven. Pero le confieso algo más: me entusiasma tanto mi trabajo, siento que se puede hacer una tarea tan hermosa porque tiene que ver con la ayuda a mis compatriotas necesitados, que nunca había estado tan feliz en mi vida ni tan lleno de energía para hacer lo que sea necesario a fin de que, como lo dije en algún momento, los colombianos me recuerden como un gobernante justo, sin arrogancia y lleno de buena voluntad. Gracias, de nuevo, por la preocupación de "SEMANA" por mi salud.
S.: Señor presidente. Se ha especulado que usted aspira a que el Movimiento Nacional tenga vigencia a largo plazo como una alternativa a los partidos tradicionales. ¿Lo confirmaría usted? ¿Ve usted viable que su sucesor sea un candidato del Movimiento Nacional?
B.B.: Mi única aspiración tiene que ver con el bienestar de los colombianos. Yo no soy quién para decir en qué condiciones deberá desarrollarse la política colombiana. La del Movimiento Nacional fue una convocatoria dentro de los partidos tradicionales, de ninguna manera contra ellos, pero agregándole hechos patentes de la vida, contemporánea como la aparición de los sectores independientes, que son decisorios y decisivos. Como presidente de los colombianos me limitaré a cumplir y hacer cumplir en unas elecciones por cuya pureza sea también recordado por mis compatriotas.
S.: ¿Qué les dirá usted a los colombianos al finalizar 1982 y comenzar 1983?
B. B.: Que el presidente y sus colaboradores, se sienten a cada momento más obligados por el generoso respaldo de sus compatriotas, y que por eso trabajan con ahinco para que las esperanzas se vuelvan realidades.

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