Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1998/12/21 00:00

HABLA EL CONSPIRADOR

Uno de los protagonistas del supuesto golpe de Estado se había mantenido en silencio hasta ahora. SEMANA lo contactó en Suiza.

HABLA EL CONSPIRADOR

En algún lugar de una ciudad de Suiza se encuentra refugiado Hugo Mantilla, el historiador que está en el ojo del huracán por su supuesta participación en una intentona golpista contra Ernesto Samper. El catedrático tiene su propia versión sobre las razones que motivaron la muerte del ex candidato presidencial Alvaro Gómez. En entrevista con SEMANA Mantilla hace reveladoras declaraciones.
SEMANA: ¿Qué era el grupo de oposición civil que surgió como respuesta a la crisis política que por aquellos días agobiaba a Ernesto Samper?
Hugo Mantilla: Era un movimiento que tuve el honor de coordinar desde el primer semestre de 1995. La primera reunión se hizo con el general Urbina, a sabiendas de que si incluíamos a los militares le dábamos un carácter nacional. La idea era que se produjera una intervención militar que presionara la renuncia del presidente Samper. En total hicimos unas 20 reuniones.
SEMANA: ¿Alvaro Gómez asistió a esas reuniones?
H.M.: La Fiscalía me preguntó mucho sobre eso, pero debo decir que no. El no asistió. El solo estuvo conmigo en el lanzamiento de mi libro Colombia en peligro.
SEMANA: ¿En ese lanzamiento se le mencionó a Gómez la posibilidad de liderar un alzamiento contra Samper?
H.M.: No sé si alguno se le acercó y le dijo eso. El era un líder de la oposición y todos los que se le acercaban le decían: "¿cómo hacemos para tumbar a este señor?" Entonces él decía: "Hay que ver. Estamos haciendo un esfuerzo para que se retire". Un par de veces sí hablé con él y le consulté lo referente a la posibilidad de esa intervención militar, de solicitarla, y él me dijo: "Bueno, la posibilidad militar dentro de la crisis en que estamos existe, pero no es clara, entre otras razones porque el dinero de los narcotraficantes también ha penetrado a determinadas personas de allá". Esa fue la observación que me hizo Alvaro, pero no desestimó lo referente a consultar y a presionar a los militares para que reaccionaran y buscaran la manera de que el señor Samper se retirara del poder.
SEMANA: En esas reuniones, las de Casa Medina, las del Hotel Bogotá Royal, ustedes solo tenían como solución la renuncia de Samper obligado por los militares.
H.M.: En esas reuniones, a las que asistían unas 12 personas, había tres tendencias. El doctor Luis Carlos Sáchica desestimaba la intervención militar porque es un demócrata y porque, según él, los militares no se le medían a esa situación. "Busquemos _dijo él_ la consulta popular que permite al pueblo solucionar el conflicto". El doctor Jesús Bejarano decía: "Yo no creo que se le deba solicitar a los militares que intervengan para pedirle la renuncia a Samper, porque eso les dejaría a ellos el gobierno. Yo creo que hay que presionar al doctor Samper para que renuncie y en su reemplazo se posesione Humberto de la Calle". El último sector del grupo, el del doctor Víctor Mosquera Chaux, decía: "Si se hace la consulta popular la gana Samper porque es quién paga el bus, quien paga el ron. Soy partidario de solicitarle a los militares que intervengan de la manera más drástica y que le exijan que renuncie". Yo fui totalmente solidario con el doctor Mosquera en ese planteamiento.
SEMANA: Por esa época era claro que en el Ejército había consenso contra Samper.
H.M.: Mire, los únicos que hablaban bien del presidente eran el general Rodolfo Torrado Quintero _quien decía con firmeza: "De todas maneras hay que tener en cuenta que es el señor presidente y no podemos hablar mal de él"_, y débilmente, porque es pusilánime, Mario Hugo Galán. El Ejército todo integralmente hablaba mal del presidente, con vocablos sumamente fuertes. Un día un ayudante de Bedoya dijo delante de él que Samper era.., carajo, lo ultrajó terriblemente. Manuel José Bonett, como buen costeño, jugaba a dos bandas. El aceptaba que la situación era muy grave y que había que hacer algo pero se abstenía de atacar directamente a Samper. Eso le dio resultado porque llegó a ser general de tres soles cuando Samper compró a Zúñiga y lo compró a él también.
SEMANA: ¿Por qué razón ustedes terminan hablando con el general Zúñiga sobre la salida del presidente?
H.M.: En una reunión protocolaria en la Escuela Militar el general Zúñiga me dijo que estaba enterado de las reuniones y de los temas tratados y se mostró de acuerdo con la necesidad de buscarle una salida a la crisis, dejándome ver cierta oposición hacia Samper. Luego me invitó a su despacho para hablar de ello. Nunca he creído en la inteligencia de Zúñiga pero terminé por ir al comando de las Fuerzas Militares. A partir de ahí varios de nosotros nos reunimos continuamente con Zúñiga. Esas reuniones se dieron hasta octubre de 1995. El nos dijo que estaba de acuerdo en presionar la renuncia de Samper, pero que cualquier decisión tenía que tomarla con los demás miembros de la cúpula. Una vez nos dijo incluso en su despacho que era un hecho su aceptación a nuestras sugerencias. Nosotros salimos felices porque pensamos que finalmente los militares iban a sacar a Samper. Inclusive se partía de la base de que si el doctor Samper salía de la Presidencia había que decretar sin condición ninguna la amnistía para todos los subversivos, y eso lo aceptaba Urbina. Zúñiga también aceptó eso hasta cierto punto. En lo que sí se mostraba reacio era en la extradición, porque según él significaría el regreso del terrorismo.
SEMANA: ¿Seguros de la salida de Samper ustedes armaron una especie de gabinete?
H.M.: Quizás eso se debatió en una reunión en el Hotel Nueva Granada o en el Bogotá Royal. Se dijo que si Samper renunciaba debía entregarle el gobierno a los militares para que éstos se lo entregaran a De la Calle. La idea era nombrar como ministros de Gobierno, de Relaciones Exteriores y de Justicia a los generales Zúñiga, Bedoya y al almirante Holdan Delgado, quienes quedarían investidos de la calidad delegataria.
SEMANA: Esa idea un poco salida de tono se la planteó usted a Zúñiga. ¿Qué dijo?
H.M.: El guardaba silencio sobre eso.
SEMANA: ¿No le parece un poco ingenuo contarle todo a Zúñiga si por aquella época se sabía que él era leal al presidente?
H.M.: El hablaba mal de Samper y se reunía con nosotros para eso. Bedoya no se atrevía a eso. Tengo un retrato con el general Zúñiga al lado mío oyendo un discurso brutal contra Samper.
SEMANA: En una de sus declaraciones ante la Fiscalía usted se muestra molesto porque alguien fue a visitar al embajador Frechette a pedirle autorización para tumbar a Samper. ¿Por qué?
H.M.: Cuando se supo eso fui a visitar a Frechette y le pregunté quiénes le habían preguntado eso y él no me dijo. Yo tuve largas conversaciones con el embajador en las que me habló mal del presidente. Me dijo: ¿Sabe qué? Serpa no será presidente de la República. Era 1996 y me dijo: Será Pastrana o Valdivieso. Luego le pregunté por qué se había opuesto al golpe de Estado que le propusieron y me respondió que la política de su gobierno era la de no autorizar ese género de acciones. Agregó que esa no era la solución porque el narcotráfico ya había comprado algunos generales.
SEMANA: Pero usted se puso bravo por eso...
H.M.: No. No me puse bravo. Me pareció una necedad porque para exigirle la renuncia a Samper no había necesidad de hacerle consulta a Estados Unidos y desde luego consideraba que los golpistas se habían equivocado, si existían.
SEMANA: ¿Usted qué creyó que pasaría el día que mataron a Alvaro Gómez?
H.M.: En ese momento nosotros creíamos que el general Zúñiga, que nos había manifestado que sí, que intervendría el Ejército, que le solicitaría la renuncia a Samper, cumpliría su palabra. Que los militares, encabezados por Zúñiga, que era quien se mostraba más inclinado a aceptar el razonamiento de solicitar la renuncia, harían eso, que convocarían a los demás comandantes de la fuerza, irían a Palacio a decirle: señor Presidente usted debe renunciar. Entonces, súbitamente, Zúñiga dio un viraje y apareció apoyando a Samper. Eso ocurrió a raíz de la muerte de Alvaro Gómez y desgraciadamente Bedoya tampoco dijo nada.
SEMANA: Según usted, ¿quién mandó matar a Gómez?
H.M.: Consideré inmediatamente que Alvaro Gómez había sido víctima de un crimen de Estado y que con sus actitudes equívocas el presidente Samper había ordenado matarlo o había dado lugar a que lo mataran. Pero cuando se conoció lo referente a que a Frechette le habían consultado el golpe de Estado la versión mía había cobrado mayor fuerza porque quedaba claro que Frechette le había informado a Samper del golpe de Estado o que unos militares también le habían informado. Pero dudé que Samper diera ese paso. No le convenía. Entonces, la hipótesis que yo lancé y que está planteada ante la Fiscalía está clara y consiste en que alguien llegó a donde los narcotraficantes y les dijo va a haber un golpe de Estado para tumbar a Samper y es inminente. Les dijo que iba a haber un golpe de Estado y que iban a ser extraditados. A mí no me cabe duda que eso salió de los narcotraficantes sobre la siguiente base: va a haber un golpe de Estado y a ustedes los extraditan. ¿Y cómo se soluciona? Tumbemos al ciudadano que va a dar el golpe.
SEMANA: Pero es que cuando mataron a Gómez ya Frechette había dicho que no al golpe...
H.M.: Sí, cuando le ocurrió eso a Alvaro Gómez Hurtado los golpistas ya habían recibido la notificación de Frechette de que no podía haber golpe de Estado y que además ponía en conocimiento del presidente en minutos que le habían propuesto eso. Entonces habrá que creer que los potenciales golpistas ya sabían eso. Como hay que buscar las hipótesis de quiénes mataron a Alvaro Gómez es claro que Samper no se iba a meter en ese lío. Segundo, para qué los golpistas. Tercero, ¿quiénes? Los narcotraficantes. ¿Por qué? Porque creyeron en la hipótesis del golpe de Estado con extradición incluida.
SEMANA: De acuerdo con lo que usted dice sobre el narcotráfico, ¿detrás de la muerte del ex candidato presidencial podrían estar los hermanos Rodríguez y otros capos del cartel de Cali?
H.M.: Es lo más posible porque ellos son los que más le temían a la extradición. Quien les dijo que iba a haber golpe, sin decirles que ya estaba desactivado por la intervención de Frechette, tiene que ser alguien de muy alto nivel.
SEMANA: ¿Usted cree que en la muerte de Alvaro Gómez, al lado de los narcos, como usted dice, participó un sector del Ejército que era leal a Samper?
H.M.: No, puede que haya intervenido alguna persona del Ejército, o dos, o tres o 10 personas, pero no un sector del Ejército. Pero sí podía haber gatillos sueltos dentro del Ejército que fueron utilizados.
SEMANA: Para matar a Alvaro Gómez.
H.M.: Sí, pudo ocurrir.
SEMANA: ¿Cómo interpreta usted el hecho de que justamente en la muerte de Alvaro Gómez estén involucradas personas de inteligencia militar?
H.M.: El hombre más importante de la inteligencia de Colombia en ese momento era el general Zúñiga, oficial de inteligencia, comandante de la brigada, formado en inteligencia toda su vida. La figura más dominante de la inteligencia era Zúñiga. Yo no puedo, porque no sé nada, hablar contra el general Zúñiga en esa materia y no tengo nada para decir sobre alguna de las personas que han aparecido con implicaciones supuestas o reales.
SEMANA: ¿Como explica que los temas tratados en una de las reuniones que ustedes hacían se convirtieran poco después en la famosa proclama de los golpistas, decomisada por la Fiscalía hace un mes, en la que se habla de la conformación de una junta cívico-militar?
H.M.: No conozco la proclama de los golpistas. Nunca se habló de junta ni cívico-militar, ni de nada. Ni ahí había civiles para hacer la junta. ¿Quién de los que asistía allí? ¿Sáchica?, ¿Bejarano, que no tiene ni imagen ni nada?, ¿Mosquera Chaux, que estaba enfermo y no pudo aceptar el ministerio de Gobierno que le sugerimos cuando creímos que Samper iba a renunciar por fin?
SEMANA: La gente no entiende cómo es posible que unas ideas de unos señores civiles que están hablando mal del gobierno terminen en un documento tan explosivo como un plan de vuelo golpista...
H.M.: Si existe la proclama, sencillamente significa que se inspiraron en esas discusiones, que además reflejaban lo que publicaban todos los días los medios de comunicación. Si la proclama es calcada, significa que uno de los de allá salió golpista y se llevó esas ideas.
SEMANA: ¿Usted conoce a Rommel Hurtado?
H.M.: Hace muchos años lo conocí en la campaña de Alvaro Gómez contra López Michelsen en 1974.
SEMANA: ¿Cómo explica usted que los documentos o memorias elaboradas después de sus reuniones, más la proclama de los golpistas, hayan terminado en la casa de Rommel Hurtado?
H.M.: Tengo conocimiento de que no se entrevistó con ninguno de los del grupo que coordiné. No sé porqué lado se movió él para llegar allá. Me sorprende que le hayan encontrado esos documentos. No sé cómo le pudieron llegar. No tengo explicación para eso.

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