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| 11/24/1997 12:00:00 AM

HABLA MESTRE

Por primera vez uno de los más grandes protagonistas del proceso 8.000 da su versión de los hechos.

Eduardo Mestre fue el primero de los vinculados al proceso 8.000 en ser capturado. Muchos consideran que es uno de los tres colombianos que puede saber todo lo que pudo haber sucedido en la campaña presidencial de Ernesto Samper. La semana pasada, por un tecnicismo jurídico, Mestre salió de la cárcel. Varias veces se ha dicho que todo sería diferente si él hablara. SEMANA logró entrevistarlo y deja que los lectores juzguen.
Semana: ¿Por qué decidió hablar?
Eduardo Mestre: Primero porque quiero dejar claro que las cosas que ustedes los periodistas publican son en su mayor parte inexactas. Desde que comenzó el denominado proceso 8.000 no he dado una sola declaración. Sin embargo me preocupa que a veces el silencio se interpreta como aceptación de culpabilidad y a eso sí no le jalo.
Semana: ¿Entonces usted no es culpable?
E.M.: ¿Culpable de qué?
Semana: Usted está acusado de haber sido un intermediario entre el cartel de Cali y la campaña de Ernesto Samper para la financiación de la misma.
E.M.: No señor. Yo no estoy acusado de eso por nadie, si acaso por ustedes. No existe un solo cargo en mi contra relacionado con la campaña de Ernesto Samper. Ese es el primer malentendido. Ni la justicia me ha acusado de eso, ni mi proceso tiene que ver con eso.
Semana: ¿Entonces con qué tiene que ver su proceso?
E.M.: Estoy acusado de enriquecimiento ilícito por cuenta de unas transacciones comerciales que llevé a cabo, las cuales acabaron siendo asociadas con el cartel de Cali. Es por eso que he estado en la cárcel y no por nada relacionado con la campaña presidencial.
Semana: ¿Y le parece eso menos grave?
E.M.: Antes de discutir si es grave me parece mejor discutir si es verdad y luego si es delito.
Semana: Usted argumentó que el recibo de esos cheques tenía su origen en que usted le había vendido a los Rodríguez Orejuela unos cuadros y unos tapetes y eso no parece muy creíble.
E.M.: Ahí hay una inexactitud. Yo no le vendí nada a los Rodríguez Orejuela. Le vendí cuadros y tapetes a un señor de nombre Omar Pérez y fue él quien terminó vinculado con los Rodríguez Orejuela y no yo.
Semana: ¿Entonces por qué estuvo usted en la cárcel y no el señor Omar Pérez?
E.M.: Esa es una buena pregunta para que se la hagan ustedes a la Fiscalía. Como este es un juicio político, a la Fiscalía no le interesan sino los políticos.
Semana: Usted tiene que reconocernos que desde que hizo esa declaración han aparecido cuatro o cinco implicados en el proceso 8.000 que manifiestan que los cheques que han recibido de los Rodríguez obedecen a ventas de cuadros. ¿No es un poco raro?
E.M.: No sé si será raro pero en mi caso es verdad. Personalmente compré unos tapetes en Teherán y los tengo, al lado de los cuadros, registrados en el menaje que legalice cuando regresé a Colombia de la embajada en Ginebra. Están los documentos que prueban ese ingreso. Yo fui la primera persona que declaré. Después de mí declararon unas 300 personas y no me han encontrado una sola contradicción.
Semana: ¿Pero usted entiende que esa historia no la cree nadie?
E.M.: A mí no me preocupa lo que crea la gente. Lo que me preocupa es que esa transacción, que era perfectamente legal, la acabaron volviendo ilegal a través de jurisprudencia creada después de los hechos.
Semana: Explíquese.
E.M.: Olvídense de los detalles de la transacción y limitémonos a lo relacionado con el cheque. Cuando yo entré a la cárcel no existía jurisprudencia que convirtiera en delito recibir un cheque de una sociedad que pudiera ser cuestionada. Cinco meses después de mi detención la Corte Constitucional reiteró que el enriquecimiento ilícito era un delito conexo. Por tanto mis cheques no constituían un delito. Un año después, en julio de 1996, a través de una nueva interpretación, la Corte se reversa en su doctrina y decide que el enriquecimiento ilícito es un delito autónomo. A partir de ese momento los cheques se volvieron ilegales. ¿En qué país civilizado del mundo se puede tener en la cárcel a una persona por un acto que fue considerado delito 30 meses después de que fue llevado a cabo? Es la más flagrante violación al principio universal de que el derecho penal no puede ser retroactivo.
Semana: ¿Usted conoce a los hermanos Rodríguez Orejuela?
E.M.: Sí los conozco desde hace años, desde la época en que eran dueños del Banco de los Trabajadores. Eso nunca lo he negado. Incluso encontraron una vez una llamada que ellos me hicieron y la expliqué sin ningún misterio.
Semana: ¿Cómo fue?
E.M.: A principios de 1994 ellos me llamaron y me solicitaron atestiguar sobre la colaboración que ellos prestaron en la lucha contra Pablo Escobar. Yo les contesté que tenía que consultarlo con el gobierno. Le pedí una cita al ministro de Justicia, Andrés González, para discutir el tema. El me contestó que ese argumento no les iba a servir para nada. Yo los llamé, les di la razón y ahí acabó ese cuento.
Semana: ¿Usted acepta que los Rodríguez Orejuela contribuyeron a la campaña de Ernesto Samper con las cifras que se han dicho?
E.M.: Es que yo no tengo por qué saber eso. Que yo los conozca no significa que tenga que saber todo lo que ellos hacen, ni qué hicieron durante la campaña de Ernesto Samper. Pero si queremos ser objetivos discutamos ese punto, pero no partiendo de la premisa de que yo participé en la operación.
Semana: ¿A qué se refiere?
E.M.: Asumamos, en gracia de discusión, que a la campaña de Ernesto Samper entraron dineros de discutible procedencia. Tendríamos que aceptar que si campañas anteriores fueran enjuiciadas con la misma severidad se encontrarían situaciones parecidas. Igualmente, si se atiene uno al testimonio de quienes manejaron el dinero de la campaña, entraron recursos no sólo de un grupo de narcotraficantes sino de muchos.
Semana: ¿Eso querría decir que la campaña de Ernesto Samper fue igual a la de todos los anteriores?
E.M.: No porque las circunstancias cambiaron. Las campañas empezaron a encarecerse después de la Constituyente de 1991 por cuenta de que aumentaba el número de elecciones. Había consulta popular, primera vuelta y segunda vuelta. Esto, sumado al hecho de que por primera vez se permitió anunciar en televisión, multiplicó por 10 el costo de las campañas. Ese es el origen de los problemas de la campaña de Ernesto Samper.
Semana: ¿En otras palabras, lo nuevo era el monto y no el origen de la financiación?
E.M.: Eso lo dicen ustedes, no yo. Lo que sí es verdad es que en Colombia tradicionalmente no había limites para las contribuciones a las campañas y que el narcotráfico ha sido un factor importante en la economía a todos los niveles. Para mí lo más inusual de la última campaña, si es verdad todo lo que se dice, es que haya habido una participación tan alta de una sola persona. De resto no era más que la continuación de tradiciones políticas aceptadas en el pasado
Semana: Usted habla como si no tuviera nada que ver. Sin embargo los narcocasetes tienen grabado a Alberto Giraldo hablando con Miguel Rodríguez diciendo que Eduardo se reunió con el número uno.
E.M.: ¿Y quién ha dicho que ese Eduardo tengo que ser yo? ¿Cuántos Eduardos hay en Colombia? Si me llamara Estanislao o algo así va y viene la acusación. Pero en un país donde puede haber 100.000 Eduardos, ¿por qué tengo que cargar yo con esa cruz? Toda la gente que habla de mí dice 'Mestre' y no Eduardo. A Alberto Giraldo, según se sabe, le grabaron 500 horas de conversaciones telefónicas y nunca mencionó la palabra Mestre.

Semana: ¿Pero cuántos Eduardos se reúnen con el número uno?
E.M.: Si no respondo por el 'Eduardo' imagínese si voy a responder por el 'número uno'. Qué voy a saber yo o qué van a saber ustedes qué significa eso. Lo único que sí sé de fuente cierta es que los casetes fueron editados.
Semana: Pasemos a otro punto. El espía alemán Werner Mauss fue detenido con una carta escrita por usted en la cual daba la impresión de estar realizando algunas gestiones en relación con el contrato de la Siemens y la Registraduría.
E.M.: Esa carta no fue escrita por mí. Alguien la falsificó.
Semana: ¿Para qué?
E.M.: No tengo ni idea. Pero algunos intereses oscuros tiene que haber detrás de esos episodios para que se tomaran la molestia de falsificar mi firma.
Semana: ¿Pero usted conoce a Mauss?
E.M.: Sí, y me fue a visitar varias veces a la cárcel. Una vez lo recomendé a Carlos Villamil Chaux como una persona que le podía servir para algunas gestiones. Luego hablamos del proceso de paz que él quería propiciar. Todo eso pasó, pero no lo de la carta. Además yo soy el peor enemigo de Jorge Serpa y es con él con quien me tratan de asociar en ese episodio. Todo esto sin mencionar que en las cárceles no se hacen licitaciones.
Semana: Hablando de Serpa ¿qué opina del primo de él, Horacio?
E.M.: Ya que estamos hablando de eso voy a hacerles algunas aclaraciones que los van a sorprender. Yo nunca he sido cercano a Horacio. Toda la vida me enfrenté políticamente a él en Santander y siempre lo derroté. Sin embargo lo conozco, he seguido su trayectoria y me parece que es una de las personas más calumniadas en el denominado proceso 8.000.
Semana: Explíquese.
E.M.: Horacio Serpa es uno de los hombres más limpios que hay en Colombia, tanto en su vida personal como en su vida política. Es un hombre ajeno a cualquier consideración materialista. Nació en la llanura y ha caminado siempre a la intemperie. Nunca soñó con ser Presidente. Este escándalo le permitió al país conocerlo en su dimensión real de líder político y por primera vez está a las puertas del poder. Sería un error histórico cerrárselas. Ojalá la burguesía colombiana no cometa ese error.
Semana: Pero para no ser amigo se expresa usted bien de él.
E.M.: Uno en la cárcel ve las cosas con mucha claridad. Lo que más impacta son las injusticias. Hay una igual o más grande que la de Horacio, que es la de Juan Manuel Avella. Me tocó compartir cuarto con él en la cárcel y no salgo de mi asombro de que a una persona totalmente inocente la justicia le pudiera hacer lo que le hizo a él. Es una monstruosidad que para mí no tiene antecedentes en Colombia.
Semana: Pero al fin y al cabo él firmó unos documentos con unos balances falsos.
E.M.: Eso no fue así. Yo conozco esa historia. Fernando Botero le dijo en el momento de la firma: "Juan Manuel, como me acaban de ofrecer el Ministerio de Defensa yo no puedo firmar documentos de la campaña. ¿Por qué no firma usted?". Como Botero era su jefe, le hizo caso y esa fue toda la participación de Avella. ¿Cómo pueden haber condenado a seis años de cárcel y ponerle una multa de 3.700 millones de pesos a un muchacho de 27 años por haber hecho eso?
Semana: ¿Compartieron ustedes dos muchas experiencias?
E.M.: Les voy a contar una anécdota. En una ocasión intentamos hacer un balance de la campaña. Y después de echar mucha cifra llegamos a una conclusión desoladora. Se habían perdido más de 4.000 millones de pesos.
Semana: ¿Alguien se los había robado?
E.M.: Eso lo dicen ustedes, no yo.
Semana: Parece usted estar muy bien informado sobre quién es culpable y quién es inocente en todo este proceso.
E.M.: Tal vez sí, pero no por cómplice, como creen muchos, sino porque en la cárcel uno se entera de todo.
Semana: Entonces ¿quiénes son los culpables?
E.M.: En ese tema no me meto. Me meto sólo en el de las grandes injusticias y para mí ha habido dos: la de Juan Manuel Avella, en lo penal, y la de Horacio Serpa, en lo político.
Semana: ¿Cuál es su concepto de Ernesto Samper?
E.M.: Yo nunca fui samperista. Lo ayudé en la campaña por disciplina de partido. Habíamos tenido muchos roces en el pasado porque yo apoyaba a Galán cuando era rival de él y en política los alineamientos crean distancias. Sin embargo podría decir que ahora sí me considero samperista.
Semana: ¿Por qué?
E.M.: Por el enorme talento que ha demostrado en la Presidencia de la República y en el manejo de esta crisis. Quedó claro que se trata de un verraco.
Semana: ¿Usted pensó en un momento dado que el gobierno se iba a caer?
E.M.: Sí, como todo el mundo. Inclusive había tomado la decisión de que si Samper se caía yo iba a pedir asilo político.
Semana: ¿Y cómo se pide asilo político desde la cárcel?
E.M.: Volándose a una embajada.
Semana: ¿Si se hubiera caído Ernesto Samper habría sido una injusticia tan grande como la de Avella y Serpa?
E.M.: Sí lo hubiera sido. Del conocimiento que yo tengo de todo lo sucedido, Ernesto Samper no hizo nada que ameritara tumbarlo.
Semana: Pero en su mundo todos son buenos. ¿No hay ninguno malo?
E.M.: Para mí hay una persona que ha faltado a todos los principios. Se llama Alfonso Valdivieso. No entiendo cómo el país toleró que se montara un escándalo por una persona que a lo que aspiraba era a una candidatura presidencial y que puso el sistema judicial al servicio de su causa. Todo este proceso ha sido político porque el encargado de llevarlo a cabo quería hacer política.
Semana: Y ya para terminar, ¿qué lección le queda a usted de todo esto y qué lección le queda al país?
E.M.: La personal, es que lo más importante que hay en esta vida son la familia y los amigos de verdad. Y en cuanto a los amigos, una lección es que los de juventud son mejores que los recientes.
Semana: ¿Y qué lecciones le quedan al país?
E.M.: Va a haber secuelas importantes. En el futuro las campañas van a ser más responsables de lo que fueron en el pasado. La política va a cambiar muchísimo. Yo pienso que se va a volver a la austeridad de épocas anteriores y va a haber una definición de valores. En el origen del proceso 8.000 había una indefinición de valores.
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