Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1998/03/02 00:00

HABLA ROSITA : ENTREVISTA

La esposa de Horacio Serpa podría llegar a ser la primera dama de Colombia. ¿Cómo es y qué piensa?

HABLA ROSITA : ENTREVISTA

Pocos políticos en Colombia han tenido tantos enemigos como Horacio Serpa. Sin embargo, hasta donde se sabe, su esposa Rosita no tiene ninguno. Esto no es fácil en el mundo de envidias y de rivalidades en que se ha convertido la política. Hasta hace poco su mundo era su familia y su hábitat Barrancabermeja. Para los Serpa la familia es todo. Ellos constituyen un núcleo particularmente unido que ha sobrevivido intacto todas las vicisitudes de una carrera política tan agitada como la del candidato del Partido Liberal. Curiosamente, aunque pocos colombianos la conocen, esta mujer atractiva y sencilla tiene bastantes posibilidades de ser la próxima primera dama de Colombia. SEMANA la entrevistó.
Semana: ¿Cómo conoció usted a Horacio Serpa?
Rosa de Serpa: Fue en diciembre de 1969. Horacio tenía 26 años y yo acababa de graduarme de bachiller. Me habían elegido la princesa del club. El me sacó a bailar y después de ese baile empezamos a salir.
Semana:¿Y cómo hizo él, quien no es tan buenmozo, para conquistar a la princesa del club, que por lo general es el churro de la fiesta?
R. de S.: La verdad es que él era el alcalde de la ciudad y un alcalde soltero tiene su taquilla.
Semana: ¿Fue amor a primera vista?
R. de S.: Sí. Pese a que me habían comentado que tenía unos bigotes muy grandes me gustó desde el primer momento. Era tan agradable que incluso los bigotes me parecieron divinos. Hasta el día de hoy yo soy la única persona que se los puede arreglar.
Semana: ¿Fue un pretendiente decidido o se demoró en declarar su amor?
R. de S.: Fue muy rápido. Fue el 31 de diciembre, a los 15 días de habernos conocido. Esa noche me dijo que yo era muy linda y que le gustaba mucho.
Semana: ¿El tenía fama de ser un hombre coqueto?
R. de S.: Era demasiado serio pero había tenido sus novias.
Semana:¿Cómo les pareció el novio a sus padres?
R. de S.: Al principio terrible porque solo me daba serenatas con las rancheras que a él le fascinaban como Llegó borracho el borracho. La costumbre de la época era que los hombres les dedicaran boleros a sus novias en las serenatas.
Semana:¿Entonces la conquistó a punta de rancheras?
R. de S.: Sí, pero después empezó a traerme tríos y ahí sí la familia empezó a conocerlo mejor.
Semana: ¿Cuánto tiempo duraron de novios?
R. de S.: Tuvimos un noviazgo de dos años y medio a larga distancia. Horacio viajaba todos los fines de semana de Barranca a Bucaramanga para visitarme, mientras yo estudiaba trabajo social en la UIS. Un día me dijo que no quería continuar con ese ritmo de vida y me pidió que nos casáramos. Yo acepté. Después del matrimonio nos radicamos en Barranca. El 5 de febrero vamos a cumplir 26 años de casados.
Semana: ¿Pero usted es costeña?
R. de S.: Yo nací en Barranquilla, pero a los 14 años mis padres se fueron a vivir a Barranca.
Semana: ¿Ha vivido toda su vida allá?
R. de S.: Sí. Allá nacieron mis tres hijos y allá vivimos durante 21 años. Horacio iba al Congreso en Bogotá pero venía todos los fines de semana a visitarnos. Yo solo decidí venir a vivir a Bogotá hace cuatro años cuando fue elegido presidente Ernesto Samper.
Semana: ¿Cómo describe usted a su marido?
R. de S.: Es muy serio sin ser bravo. Tiene ese rasgo del santandereano que es ser frentero y lanzado. No se acobarda con nada. Es muy tímido y no le gustan las fiestas. Es ante todo un hombre tierno y de familia.
Semana: Pero usted se da cuenta que no es así como lo perciben muchos colombianos. ¿Usted sufre cuando lo critican?
R. de S.: Sí, yo sufro cuando hablan mal de mi marido.
Semana: ¿Y él qué dice?
R. de S.: Me dice "para qué escuchas". Sin embargo, yo siento que tengo que oírlo todo. Si voy en el carro y escucho algo lo llamo de inmediato y le cuento "fulanito dijo esto y esto". También tengo recortes de todo lo que escriben de él en los periódicos.
Semana: Entonces tuvo que haber sido muy difícil todo el proceso 8.000.
R. de S.: Sí. Sí, fue muy duro.
Semana: ¿Cuál fue el peor día?
R. de S.: Fue el día que habló Botero. Yo no sabía que él iba a hablar. Nos tomó a todos por sorpresa y nos dio un shock.
Semana: ¿Y usted qué pensó?
R. de S.: Horacio nos reunió esa noche y nos explicó todo.
Semana: ¿Qué explicó? ¿Qué él no tenía nada que ver?
R. de S.: Eso no tenía que explicarlo. A nadie que conoce a Horacio se le pasa por la imaginación que él pueda estar metido en un asunto de esos. Más bien nos explicó cuál había sido el papel de cada uno durante la campaña.
Semana: ¿Y cómo vivió todo el proceso 8.000?
R. de S.: Establecimos desde que nos casamos un pacto. Consistía en no traer trabajo a la casa. Simplemente metimos el proceso 8.000 dentro de ese pacto.
Semana: ¿Y cómo manejó la situación cuando su esposo tuvo que rendir indagatoria?
R. de S.: Llené esta casa de veladoras. Le prendí una vela a cada santo y recé mucho para que todo saliera bien. Somos muy creyentes y creo que la fe es lo que más ayuda en estos momentos.
Semana: ¿Qué opinión le merece el proceso 8.000?
R. de S.: Yo creo que fue muy desafortunado que pasara lo del 8.000 en el gobierno del presidente Samper. Nosotros teníamos muchas ilusiones, pero no se pudo hacer todo lo que se hubiera querido por esa situación. Al mismo tiempo pienso que fue bueno para el país porque ayudó a que las costumbres políticas cambiaran.

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