Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/04/15 00:00

¿Hablamos del DAS?

El abogado, profesor y columnista Ramiro Bejarano, le contesta a María Isabel Rueda.

El presidente Uribe ha hecho de la sociedad colombiana una que está profesando la cultura del paramilitarismo

M.I.R.: Usted es uno de los contradictores sistemáticos de Uribe…

R.B.G.: Desde el día en el que asumió el mandato he estado de manera coherente criticándole su visión del Estado. Estuve en desacuerdo con sus propuestas de la reforma a la justicia, del referendo, de la reelección, de la Ley de Justicia y Paz. De todo lo que representa el Presidente ideológicamente. Tal vez en lo único en lo que no tengo distancias con el Presidente es en la parte personal, porque le profeso respeto y consideración.

M.I.R.: ¿Eso lo dice el político, o el columnista?

R.M.B.: No soy ni político ni periodista. Soy un abogado que por la fuerza de las circunstancias terminó convirtiéndose en opinador regular.

M.I.R.: Estuvo a punto de lanzarse al Congreso…

R.B.G.: Sí. Tengo todos mis derechos políticos en regla y ningún impedimento, por lo cual no lo descarto para nada.

R.B.G.: ¿Usted es un defensor oficioso de Ernesto Samper?

R.B.G.: No. En ocho años que llevo escribiendo, creo que en una sola columna me he ocupado de su caso. Y no se le olvide que el principal amigo del presidente Uribe hoy se llama Ernesto Samper. Si estamos hablando de samperistas, el más grande es Álvaro Uribe.

M.I.R.: ¿Le molesta esa amistad?

R.B.G.: Ni los amigos de Samper son mis amigos, ni sus enemigos, mis enemigos.

M.I.R.: Entonces me salvé….

R.B.G.: (risas). Pero también creo que a Samper, a quien aprecio y respeto, no le ha ido bien siendo uribista porque el gobierno no ha sido amable con él en todas las cosas.

M.I.R.: Le hago esta entrevista no sólo porque usted es un excelente opinador, sino porque fue director del DAS y además miembro de una comisión que nombró el gobierno para recuperar la entidad…¿Qué está pasando allá?

R.B.G.: De todo, y es la primera vez en la que han confluido tantos factores de perturbación. Está metido en problemas de fraude electoral, de derechos humanos, de una supuesta conspiración para desestabilizar a un país amigo. No se había visto jamás que director y subdirector se cayeran.

M.I.R.: ¿No será una purga sana para la entidad?

R.B.G.: Una purga no puede poner en entredicho la legitimidad de la democracia, de la inteligencia y menos aventarnos a una eventual guerra con otro país.

M.I.R.: No es la primera crisis del DAS. Cuando usted salió de la entidad, yo tengo entendido que lo hizo porque no aprobaba ciertas prácticas… Bajo la dirección de su sucesor comenzó a circular una lista con nombres propios de ciudadanos opositores a los que había que perseguir con variados métodos, incluidos chantajes tributarios e interceptaciones telefónicas…

R.B.G.: Cada quien responde por lo que le toca como funcionario. Mi paso por el DAS no tiene una sola mancha. A mi sucesor le tocó una situación bastante complicada, porque se endureció aun más la situación que enfrentaba el país. Pero en ningún caso esa situación es parecida a esta. En aquel momento se estaba ventilando un problema de una campaña electoral. Ahora lo que se está ventilando es el propio gobierno del presidente Uribe.

M.I.R.: ¿Qué es lo que más le preocupa?

R.B.G.: No sabemos cuáles intereses están manejando al DAS. Me causa mucha sorpresa que un sindicado diga que el director del DAS estaba reuniéndose con un jefe paramilitar y que éste confirme que sí se estaban produciendo esas reuniones, pero que eran institucionales. Pero las reuniones del señor Noguera con 'Jorge 40' son apenas una rama del bosque. El presidente Uribe ha hecho de la sociedad colombiana una que está profesando la cultura del paramilitarismo. Era delito cuando arrancó el gobierno, después se hizo pecado, después se volvió de moda, y ahora, como vamos, se va a volver obligatorio. Se ha sabido incluso, por los medios de comunicación, que el señor Mancuso vino hace poco a Bogotá a hacer compras.

M.I.R.: Dizque vino a entrevistarse con unas personas del gobierno y terminó visitando centros comerciales…

R.B.G.: Por eso le digo que la Ley de Justicia y Paz es una vergüenza para el Estado de derecho. Se ha creado una herramienta jurídica para favorecer a uno de los actores del conflicto. Hemos asistido a una gran farsa. El gran daño que se le está ocasionando a la sociedad es el mensaje de que el paramilitarismo es una opción decente que quedó purgada por medio de una ley.

M.I.R.: La ley ha permitido la desmovilización de 25.000 personas. ¿No es mejor que con todo y sus defectos, lo hayan hecho, a que no?

R.B.G.: Es una manera muy simplista de mirar un proceso de paz. El problema es que un proceso de desmovilización que no permita cicatrizar las heridas de la sociedad siembra más violencia, más inconformidad. Mi discrepancia con el Presidente, y por eso está muy molesto conmigo, es que yo he dicho que él es de alguna manera el vocero de los paramilitares. Desde el gobierno ha permitido que se instrumente una política para que se construya una sociedad sobre la base de rehabilitar a unas personas que van a quedar convertidas en héroes. Por eso en Colombia vamos hacia un Estado mafioso.

M.I.R.: ¿Acaso en su época como director del DAS no había paramilitares?

R.B.G.: Claro, pero jamás el gobierno de la época se vio involucrado en una situación como esta.

M.I.R.: ¿Involucrado, o más bien no la enfrentó?

R.B.G.: Involucrado. No había en ese momento las cifras de hoy del paramilitarismo, tampoco se habían generado los desplazamientos ni los problemas de derechos humanos.

M.I.R.: Al Presidente lo que le molestó fue que 'le refregara', por decirlo de alguna manera, una situación que él mismo reconoció y es que a Mancuso sí lo conocía, porque su familia tenía una tienda de abarrotes. De ahí a decir que es amigo de Mancuso…

R.B.G.: El pez muere por su boca. El Presidente dijo en La W que yo había dicho que él era amigo de Mancuso. Nunca dije eso, entre otras cosas porque no conozco ni a los amigos de Mancuso ni a los amigos del Presidente. Pero después de que dice eso en tono que considero producto de una exaltación que no es propia de un Presidente, dice que sí conoció a Mancuso antes de ser paramilitar, y que lo conoció en dos oportunidades. ¿No tenemos los colombianos el derecho de preguntarle en qué consistió ese conocimiento?

M.I.R.: Pero en esa entrevista precisamente salió a contestar todo lo que se le preguntó…

R.B.G.: Esa fue una estrategia de medios del Presidente para poder matar en Semana Santa esta serie de escándalos que lo tiene acosado, no sólo lo del DAS: lo del Incoder, lo de la Super de Vigilancia, lo de Finagro. Dio la cara, pero no dio explicaciones.

M.I.R.: ¿No cabe la posibilidad de que lo que ha venido ocurriendo en el DAS sea el problema de unos pocos funcionarios?

R.B.G.: Le respondo de la siguiente manera. La relación que hay entre el Presidente y el director del DAS es la misma que hay entre el párpado y el ojo. Miro con preocupación que el Presidente no ha dado las explicaciones suficientes. Sólo ha expresado su fastidio de que a mes y medio de las elecciones lo estén molestando con el tema del fraude electoral.

M.I.R.: Una de las cosas que más le molestan al Presidente es que se esté acusando al DAS de proporcionar listas de sindicalistas e intelectuales a escuadrones de la muerte. Las cifras de esos atentados han disminuido drásticamente durante su gobierno…

R.B.G.: Pero siguen siendo muy preocupantes. Existe una grave sindicación de que a un profesor barranquillero lo ejecutaron en una maniobra en la que, dice un testigo, participaron agentes del Estado. Me preocupa mucho que un gobierno que está empezando a tener estas sindicaciones públicas de que desde la agencia estatal de inteligencia se puedan estar cometiendo estos atropellos, pudiese llegar a ejecutar el propósito de quitarle a la oficina de los derechos humanos de la ONU la facultad de observar.

M.I.R.: ¿Esta ola de escándalos se parece al proceso 8.000?

R.B.G.: No. El proceso 8.000 fue un problema que se presentó en la financiación de una campaña electoral. Este es mucho más grave, porque tiene que ver no sólo con lo acontecido en la campaña, sino con lo que está aconteciendo en el gobierno. El Presidente tiene un cargo muy severo de lo que ocurrió con 300.000 votos en la Costa Atlántica que, de ser cierto, no habría ganado en primera vuelta. Y quien está haciendo la acusación es una persona que trabajó en su campaña y en su gobierno, que está detenido.

M.I.R.: En el proceso 8.000 estaban cuestionadas unas personas que manejaron la campaña central. Aquí no…

R.B.G.: Quién sabe. Eso es lo que está por averiguarse.

M.I.R.: ¿Usted cree que en estas circunstancias Serpa va a renunciar? Él ha dicho que no…

R.B.G.: Todos los candidatos distintos de Uribe deberían renunciar porque no tienen garantías.

M.I.R.: A Serpa hasta le convendría. ¿Porque más que garantías, será que lo que no tiene es posibilidades de ganar?

R.B.G.: Ambas cosas son coincidentes. Incluso el Presidente no parece un candidato: parece un Presidente electo. Se pone bravo de que le pregunten cosas de su gobierno. Su gran problema es que se le acabó la luna de miel con los medios. Cuando por fin les da por esculcar su tarea de gobierno, pierde los estribos. Tiene que serenarse. Así no se puede gobernar y, ni siquiera, vivir.

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