Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2005/06/05 00:00

¿Habrá futuro?

La probable llegada de César Gaviria al Partido Liberal es su última carta de salvación. Será más difícil vencer a Uribe que ganar en las elecciones para el Congreso.

En las mayorías que tiene aseguradas César Gaviria para su elección como jefe único del Partido Liberal hay personas provenientes de todos los sectores, incluso del serpo samperismo.

Hace 15 años, cuando un César Gaviria joven y poco conocido llegó a la Presidencia, acuñó un lema publicitario que le prometía a los colombianos que el país no se había acabado con el asesinato de Luis Carlos Galán: habrá futuro. A finales de esta semana, cuando el Congreso Nacional del Partido Liberal lo elija como director, ese será el sueño de los cerca de 1.500 delegados: echar mano del espíritu de supervivencia para detener un deterioro que, como venía, era un camino seguro hacia la desaparición del partido.

A finales del año pasado la opinión generalizada aseguraba que dentro del nuevo mapa de la política no había un lugar para los partidos tradicionales. Su desprestigio y el contagio de países vecinos como Perú y Venezuela alimentaban la imagen, según la cual lo ocurrido en la última elección de Bogotá se trasladaría a la esfera nacional. Es decir, que la competencia se limitaba a dos fenómenos nuevos: en la esquina derecha el uribismo desbordante y, en la izquierda, el novedoso Polo Democrático.

No es fácil explicar por qué César Gaviria decidió entrar en ese terreno hostil y aceptar una misión tan difícil. No había sido particularmente crítico del gobierno de Álvaro Uribe, y en los últimos 10 años había mantenido una notable frialdad hacia el oficialismo liberal. En el aspecto personal la vida del ex presidente y ex secretario general de la OEA tenía toda la apariencia de un retiro prematuro pero cómodo: tranquilo y con prestigio, y con el tiempo para dedicarse a su afición de muchos años, la compra y venta de arte. Cuando empezaron a circular versiones sobre su regreso al país y su disposición a aceptar la jefatura del maltrecho Partido Liberal, la opinión de sus copartidarios se dividió entre los incrédulos y los que detectaron una ambición reeleccionista.

Pero Gaviria se dedicó, durante más de cuatro meses de pacientes contactos con jefes políticos de todos los niveles, a desbaratar estos prejuicios. Dentro de la mayoría que ya tiene asegurada para su elección como director nacional, en el Congreso del próximo viernes y sábado, figuran incluso entusiastas lugartenientes del serpo-samperismo, la corriente con que ha rivalizado desde hace años. La estrategia del ex presidente ha tenido tres patas: un tono crítico contra el presidente Uribe, el compromiso de que no buscará la reelección, y el argumento de que la democracia colombiana colapsaría si no mantiene su sistema de partidos.

Todo indica que su elección como jefe único del partido está asegurada, a pesar de que la conformación del Congreso Nacional, de acuerdo con los nuevos estatutos, hace menos predecibles sus resultados que en las antiguas convenciones que se cocinaban previamente en las cúpulas. Pero el proceso no ha sido fácil: los sectores de izquierda del liberalismo, con Horacio Serpa y Piedad Córdoba a la cabeza, creen que el giro hacia la derecha que implica la llegada de Gaviria, así sea para apoderarse de un valioso centro, es una traición a la vocación natural del 'partido de los débiles'. Allí ha estado el principal escollo de la tarea del ex presidente, que ha encontrado en Serpa abiertos reparos.

Los desacuerdos son significativos. El primero tiene que ver con la actitud frente al gobierno. Serpa y compañía quieren una postura más radical. Gaviria, por temperamento y porque necesita mantener puentes con los liberales que están con Uribe, prefiere un discurso moderado. Seguramente el reciente conflicto directo entre Gaviria y Uribe, agudizado la semana pasada, servirá para cerrar esta brecha. Y el Congreso cambiará la actual fórmula de 'apoyo con independencia crítica', por la de 'oposición'.

Hay otras discrepancias. El futuro de los liberales expulsados por apoyar en el Congreso la reelección, por ejemplo. O el programa, que según Serpa debe ser acordado antes de la elección del jefe único y que, de hecho, está primero en el orden del día. Lo previsible es que se adopten fórmulas generales, de corte socialdemócrata pero con disciplina fiscal, que permitan evitar una confrontación sin salida. Y se hará énfasis en aspectos sobre los cuales hay consenso fácil: un mayor contenido social de la política económica, continuidad de la estrategia de seguridad democrática pero con más presencia del Estado, defensa de la Constitución de 1991, y crítica a la reelección inmediata. "Las diferencias con el serpismo son más sobre el pasado que sobre el futuro", le dijo Gaviria a SEMANA.

Los problemas mayores son de mecánica política. Serpa insiste en la conveniencia de una dirección plural. Ante la mayoría amplia que apoya la jefatura de Gaviria se podría llegar a una fórmula mixta: un director nacional y una dirección alterna de 10 miembros. El otro obstáculo es el de mecanismos para escoger los candidatos del partido, tanto a la Presidencia como al Congreso. Las apuestas indican que se adoptará una consulta popular, en el primer caso, y unos criterios para que Gaviria, como director, elabore las listas únicas.

¿Qué significan estos previsibles resultados? Ante todo, un movimiento del partido hacia el centro del espectro, sobre todo si se tienen en cuenta sus rivales: Uribe y el Polo. Esta posición y la presencia de Gaviria, le permite al partido recibir como hijos pródigos a figuras prestantes como Enrique Peñalosa, Rafael Pardo y Andrés González.

La otra pregunta es si lo anterior basta para que el liberalismo sea competitivo frente a un fenómeno tan sólido como Álvaro Uribe. La respuesta es que en la elección presidencial, si la Corte avala la reforma constitucional, la situación actual favorece ampliamente al actual presidente. Otra cosa es que las definiciones del proceso de negociación con las AUC y el TLC desgasten a Uribe, lo mismo que las críticas que en forma intensificada le harán al gobierno los candidatos que se van lanzando al agua.

En cambio el liberalismo tiene una carta valiosa en la competencia parlamentaria. La dinámica de la opinión pública en estos comicios es muy distinta a la de la competencia presidencial. Aquí juega más la militancia liberal de las bases, incluso de quienes apoyan a Uribe, y el nombre del partido rojo es un activo. Para el Partido Liberal de Gaviria, derrotar al uribismo en el Congreso será más factible que derrotar a Uribe en la presidencia.

De todas maneras, los escenarios de la política son cambiantes. Lo que es hoy puede no ser mañana, sobre todo cuando está en el medio una decisión tan crucial como la de la Corte frente a la reelección. Si la tumba, el liberalismo pasaría a ser la primera fuerza, y el candidato que surja de la consulta podría quedar con la camiseta amarilla porque es poco probable que Uribe, en caso de no poder participar en la carrera, pueda endosar su popularidad.

El fallo de la Corte también será determinante para la futura relación entre el liberalismo y las fuerzas de la izquierda, las cuales tienden a adquirir aspecto de alianza cuando convergen en el objetivo de derrotar a Uribe. Una coalición casi imposible de concretarse antes de la primera vuelta pero que se daría en forma natural para la segunda. En cambio, si no hay reelección el Polo y el Partido Liberal serán competidores directos por la Presidencia. Y en esta última hipótesis sería altamente probable que grupos de origen liberal que hoy están con Uribe -el propio Germán Vargas Lleras y el grupo que lidera Juan Manuel Santos- engrosaran la fila de hijos pródigos.

El camino no es claro, en síntesis, para la misión que asumirá el Partido Liberal, bajo el liderazgo de César Gaviria, de asegurarse un futuro. Hay otros obstáculos, como las resistencias que genera en las bases la percepción de que el neoliberalismo se está tomando el partido. Más las de siempre: rivalidades regionales, la división con el serpismo, la imagen que lo vincula con las formas políticas del pasado.

Pero ese Partido Liberal unido, que Juan Fernando Cristo le entregará a Gaviria, tiene cómo ser protagonista de la política y cuenta con una oportunidad: la de no morir y construirse un futuro. Por ahora tiene presente, que no es poca cosa.

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