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| 4/26/1999 12:00:00 AM

HACIENDOSE EL GRINGO

La palabras del embajador Curtis Kamman la semana pasada muestran que el apoyo de Estados <BR>Unidos al proceso de paz se está complicando.

No estamos en condiciones de seguir los contactos que tuvimos en diciembre con las Farc si
no hacen lo necesario para llevar a la justicia ordinaria, y no revolucionaria, a los responsables del secuestro
y asesinato de nuestros tres ciudadanos". Esas fueron las palabras de Curtis Kamman el jueves de la
semana pasada. Y si bien parecían ser una declaración rutinaria de un embajador norteamericano en
Colombia, la verdad es que evidencian algo más que un simple reclamo a las Farc. En el fondo se esconde
una situación política compleja en Washington que manifiesta un viraje en la política de paz de Estados
Unidos.Para ilustrar la situación con claridad se puede decir que la semana pasada el gobierno
norteamericano pasó la pelota a la cancha de las Farc. Después del secuestro y la muerte de los tres
activistas estadounidenses por parte del grupo guerrillero hubo un compás de espera del Departamento de
Estado luego de que las Farc aceptaran su responsabilidad en el hecho. Pero finalmente el gobierno
norteamericano se decidió a exigirle a los subversivos algo que los mismos norteamericanos saben que es
muy improbable: que los guerrilleros entreguen a la justicia colombiana a los culpables del asesinato de los
activistas. Si esto no sucede cortarán relaciones del todo con las Farc.Y un corte de relaciones con las Farc
tiene más implicaciones de las que parecen evidenciarse a simple vista. Esto se debe a que el plan de paz
de Andrés Pastrana, como ha sido concebido desde un comienzo, se basa en dos elementos principales:
el primero es que habrá un fuerte apoyo internacional, hasta ahora liderado por el gobierno norteamericano,
para hacer el papel de intermediario y facilitador del proceso. El segundo es que habrá dinero para financiar el
costo de esa paz, lo que en un comienzo se bautizó como 'Plan Marshall' y hoy se llama Plan Colombia. Y
ninguna de estas dos cosas se podrá hacer si las Farc no ceden ante las peticiones estadounidenses de la
semana pasada. A este respecto, el 24 de marzo pasado también habló en el Congreso norteamericano
Rand Beers, subsecretario de Estado para antinarcóticos del Departamento de Estado. Allí dijo: "Le
hemos dejado claro al gobierno de Colombia que no vamos a apoyar proyectos de desarrollo alternativo en
áreas que no estén bajo el control del gobierno colombiano _territorio que actualmente es casi todas las zonas
de cultivos de coca_. Por eso nuestro apoyo se limitará a los proyectos en la región de cultivos de amapola,
hasta que el gobierno colombiano garantice el control adecuado en las zonas de producción de coca". Esto,
en plata blanca, significa que como están hoy las cosas con las Farc no solamente se acabaron los contactos
en Costa Rica. Se paralizó el 'Plan Marshall', y por lo tanto la columna vertebral de la estrategia de paz
del gobierno.¿Que puede pasar? El gran interrogante que flota ahora en el ambiente es qué harán las Farc.
Aunque se ha especulado sobre la posibilidad de que el grupo guerrillero considere entregar a la justicia a
los guerrilleros Albeiro y Gildardo _quienes fueron los autores materiales del secuestro y posterior
asesinado de los norteamericanos_, la verdad es que quienes conocen a la guerrilla ven pocas
posibilidades de que eso suceda. Lo más probable es que sean sometidos a un juicio revolucionario y
luego fusilados. Esto, aunque para las Farc significaría que se hizo justicia, para los norteamericanos sería tal
vez un remedio peor que la enfermedad. La razón es que el debate con respecto al proceso de paz en
Colombia se ha concentrado entre la oposición republicana en un reproche constante al gobierno por tener
contactos con organizaciones terroristas, como lo son las Farc para Estados Unidos. Mientras más se
parezcan éstas a un movimiento terrorista más se complica el papel de la administración en el proceso de paz.
Y un juicio sumario a los guerrilleros por parte del secretariado aumentaría la percepción de crueldad y
barbarie que han adquirido las Farc desde la muerte de los tres activistas. Aceptar esto sería
políticamente imposible para el gobierno de Bill Clinton.Curiosamente, durante el proceso de paz de El
Salvador, se presentó una situación parecida. El Fmln derribó en plenas conversaciones de paz un
helicóptero en el cual viajaban dos pilotos norteamericanos. El proceso se paralizó y solo fue posible
reanudarlo, junto con el apoyo norteamericano, cuando los guerrilleros entregaron a la justicia salvadoreña
a los 'supuestos' responsables. Solo si se repite algo parecido a lo sucedido en El Salvador los
norteamericanos estarían dispuestos a ceder. Pues todo indica que a pesar de que tienen grabaciones
y pruebas que demuestran que tanto 'Grannobles' como su hermano el 'Mono Jojoy' están implicados como
autores intelectuales en la muerte de los activistas, considerarían la entrega de Albeiro y Gildardo como un
hecho de paz indiscutible que podría solucionar el impasse. Al igual de lo que sucedió en 1994 con Ernesto
Samper, los norteamericanos estarían dispuestos a 'hacer como que la plata no entró si usted (Samper) hace
como si la plata no hubiera entrado'. En este caso, hacer como si los dos comandantes de frente fueran
los únicos culpables y dar por terminado el episodio.Sin embargo a todo esto le sale un problema adicional.
Resulta que la Fiscalía General de la Nación decidió dictar orden de captura contra 'Grannobles', hermano del
'Mono Jojoy', por la muerte de los tres indigenistas. A pesar de que las grabaciones suministradas por los
organismos de seguridad no fueron consideradas como prueba suficiente _por la mala calidad del sonido que
no permite el cotejo de voces_, la Fiscalía tiene otros indicios. Después de hacer una investigación en la zona
y de consultar a los u'wa, finalmente los fiscales encontraron mérito para dictar la orden de captura. Y a
menos que 'Grannobles' resultara absuelto por los jueces sería muy difícil para los norteamericanos
aceptar la simple entrega de dos comandantes de frente cuando la justicia colombiana sindica al hermano
del 'Mono Jojoy' como el autor intelectual. Todo esto tiene, sin embargo, una lectura bastante más simple.
Pretender que los norteamericanos ignoran todo lo anterior sería subestimarlos. Por lo tanto, al enviar el
balón al territorio de las Farc, lo que posiblemente hizo el gobierno estadounidense fue dar un paso atrás en el
apoyo casi incondicional que venía mostrando desde agosto pasado frente a la paz. Sería una forma
decorosa de retirarse de un proceso que les ha traído más dolores de cabeza que resultados y que tiene
pocas probabilidades de éxito en opinión de la mayoría de los funcionarios gringos. Sería confiar en la
intransigencia de las Farc para, en definitiva, lavarse las manos.
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