Domingo, 22 de enero de 2017

| 2001/04/30 00:00

‘Hay que hacer una reforma política’

El historiador e investigador Marco Palacios, catedrático del Centro de Estudios Históricos de la universidad Colegio mayor de México...

‘Hay que hacer una reforma política’

El historiador e investigador Marco Palacios, catedrático del Centro de Estudios Históricos de la universidad Colegio mayor de México, participó en el foro "Haciendo Paz" realizado en Cartagena en días pasados. SEMANA.COM lo entrevistó.

SEMANA.COM: ¿Cómo se puede interpretar una salida política al conflicto armado colombiano?

Marco Palacios: En el campo de los significados no sabemos en Colombia qué quiere decir esa palabra, el Gobierno y la guerrilla la usan pero cada uno tiene una interpretación distinta del conflicto armado. La situación más simple es dar garantías suficientes a los alzados en armas para que se reincorporen como individuos a sus familias, a sus trabajos y a la vida normal, que sean grupos políticos exitosos, viables, que tengan electorados y que cuenten en la vida del país. Es muy grave que después de 20 años de procesos de paz ninguno de los actores tenga claridad sobre qué significa la solución política al conflicto armado.

SEMANA.COM: En el caso preciso con las Farc, ¿la solución tiene que ver más con una reforma Política o con poder territorial?

M.P: En general con las guerrillas el problema es de redistribución del poder, eso es del manual. Ellos tienen un poder, el de las armas y están reclamando un poder equivalente, es decir un poder institucionalizado. Puede ser un territorio que durante mucho tiempo administren dentro de unas reglas de juego bien pactadas, eso no es ilógico, pero para eso hay que hacer una reforma de la Constitución y hay que poner de acuerdo a medio país. En últimas la reforma con las Farc es una reforma de tipo político que les garantice a ellos que van a seguir existiendo como grupo, que no van a desaparecer como el M-19 que sacó millones de votos y ahora es sólo un recuerdo. Por otro lado, las Farc piden una serie de reformas que son importantes pero que no necesariamente tienen que venir del proceso de paz, se necesita un reforma Agraria en particular en las zonas ganaderas y reformas sociales sustanciales, pero la reforma política hay que hacerla si se quiere una negociación seria.

SEMANA.COM: Mucha gente está cansada porque siente que el Gobierno siempre cede frente a las Farc. ¿Qué tantas cosas ha dado el Gobierno durante este proceso de negociación y qué deberían dar?

M.P: El Gobierno ha dado mucho y se ha arriesgado mucho pero particularmente el Presidente Pastrana ha tomado riesgos muy altos. Sin embargo, el Gobierno debería hacer mucho más. Tiene que empezar una lucha más decidida contra las autodefensas, quienes han crecido tremendamente en los últimos años y en buena medida se debe a la neutralidad del Gobierno frente a los patrocinadores y frente a las autodefensas en el plano puramente militar. Creo que eso contribuiría de manera extraordinaria al proceso y al mismo tiempo yo creo que para fortalecer el Estado colombiano es muy importante fortalecer su ejército, naturalmente que respete los derechos Humanos, un ejército que tenga una visión profesional, que obedezca al liderazgo civil, yo creo que la guerrilla necesita ver del otro lado un ejército serio.

SEMANA.COM: La agenda de negociación tanto del ejército como la guerrilla y las Autodefensas es muy parecida. Todos quieren más justicia social, por ejemplo. Aterrizando el tema, ¿qué es lo que se debe negociar?

M.P: En últimas lo que hay que negociar es garantizarle a las Farc que tienen un poder institucional equivalente al poder real que tienen hoy en día pero no por fuera sino dentro de las instituciones del Estado.

SEMANA.COM: El problema con eso es que históricamente han fracasado los procesos de reinserción porque han matado mucha gente.

M.P: Ese es el gran problema de Colombia, que los ciudadanos deben reconocer que se han cometido tantos crímenes que se ha derramado tanta sangre que hay venganza y hay gente que odia. Hay que hacer algo sensato porque no creo que ningún Estado pueda garantizar a ex guerrilleros para siempre por la seguridad personal, hay que encontrar mecanismos como las unidades territoriales, en las cuales ellos gobiernen por un tiempo largo, y hay que darles evidentemente seguridad. Francamente veo muy difícil un proceso normal en el que los ex guerrilleros caminen tranquilamente por la Carrera Séptima, ellos no pueden esperar eso y no creo que estén interesados en eso.

SEMANA.COM: ¿Cree usted que los paramilitares deben incluirse en el proceso de negociación?

M.P: Yo creo que con los paramilitares la negociación que debe haber es una rendición en bloque y eventualmente unas leyes para algunos en términos judiciales, pero es obvio, y esto va para todos, que en esta confrontación todos han cometido crímenes contra el Derechos Internacional que son de lesa humanidad y que realmente no se pueden perdonar, pero en general para la gente, y en particular para los paramilitares, sería mirar condiciones judiciales sobre una rendición incondicional. No veo otra posibilidad.

SEMANA.COM: Carlos Castaño ha dicho que sólo necesita que la guerrilla se desmovilice para acabar con el ejército de las autodefensas. ¿Es eso factible?

M.P: En primer lugar, en las condiciones normales de la negociación colombiana, no veo que las Farc se vayan a desarmar y ellos lo han dicho en todos los tonos, la única manera para que se desarmen es si se hace una Reforma política sustancial que les garantice su subsistencia como grupo con poder, una garantía constitucional. El otro tema con el que hay que tener cuidado es lo que pasó en El Salvador. Si hay paz en Colombia va a haber sobre oferta de gente especializada en manejar armas y ¿que van a hacer con ellos, cuando todo lo que saben hacer en la vida es disparar? En El Salvador se han disparado las tasas de criminalidad, secuestros y asesinatos. El Salvador es un país mucho más violento que Colombia.

SEMANA.COM: ¿Que posibilidades ve usted de incluirlos dentro del ejército regular?

M.P: Eso se hizo en Guatemala con la Policía, podría pensarse en unas milicias, pero no es fácil que el ejército colombiano acepte al Mono Jojoy en la Escuela Militar de Caldas, es complicado. Sin embargo, sí puede haber una serie de cosas intermedias como una fuerza, una milicia nacional en la cual ellos, con la supervisión y el control del ejército colombiano, puedan ayudar con el control del territorio, aunque deben ponerse unas reglas muy claras, yo creo que con imaginación se puede, pero para llegar a eso falta mucho.

SEMANA.COM: ¿Cual es el papel que está jugando la sociedad civil en el proceso?

M.P: Yo no creo en la sociedad civil en el estilo clásico en que se define, aquí sociedad civil son unos funcionarios especializados de los gremios empresariales de la SAC o Fenalco, son unos empleados que tienen un estado burocrático y que manejan y defienden unos intereses, ellos se denominan sociedad civil. Los otros son ONG que también, son unos profesionales que cumplen papeles muy importantes, algunos muy valerosos como los que defienden derechos humanos en este país. Concretémonos al papel de las ONG y los gremios cuando hablamos de sociedad civil, yo creo que ellos sí tienen mucho que hacer en términos de acercar las partes, de hacer diagnósticos, en términos de ayudar a crear una opinión pública favorable a la negociación. Pero por ejemplo en Guatemala en todos estos procesos, en los momentos más conflictivos, hubo mucho dinero para las ONG, y cuando se firmó la paz se fueron porque los recursos no eran nacionales. Aquí no hay realmente sociedad civil que pague, son fundaciones internacionales generalmente o los gremios que son los asociados los que pagan, pero aquí no hay una sociedad civil en la cual el ciudadano de la esquina 'se mete la mano al dril', como dicen, para apoyar una ONG. Las ONG vienen y cuando ya se acaba el conflicto se van y la sociedad civil desaparece.

SEMANA.COM: ¿Es el conflicto armado en este país un problema de narcotráfico?

M.P: En buena medida los que apoyan el Plan Colombia lo hacen sobre esta hipótesis, que los recursos de la coca financian a la guerrilla, y que si se quita la coca o esos recursos la guerrilla se debilita notablemente. Yo creo que eso puede ser en parte cierto pero es muy simplista. No creo que necesariamente la política de la paz pasa por una guerra antidroga pero hay varias cosas que hay que decir al respecto. En primer lugar le puede dar a las Farc y a otros grupos un discurso nacionalista. En segundo lugar, deja mucha gente sin empleo. No es claro lo de los cultivos alternativos porque los planes para el campesino que deja de sembrar coca no son tan automáticos, eso genera una resistencia muy fuerte y por eso los campesinos están discutiendo el tema de la erradicación manual. Yo no lo veo tan fácil porque al eliminar una cosa las consecuencias pueden ser peores.

SEMANA.COM: ¿Qué opina de los primeros resultados de fumigación en el Putumayo? ¿Cree que la fumigación es un mecanismo efectivo en la lucha contra las drogas?

M.P: No creo que sea eficiente este mecanismo porque en la medida en que haya mucha tierra disponible para cultivar en este país y exista la mano de obra, el problema del cultivo de drogas ilícitas se va a trasladar. Por ejemplo, es muy conocido que los campesinos nariñenses son mano de obra en el Putumayo, ahora se quedan sin empleo y se van al Nariño y en las zonas cálidas comienzan a plantar hoja de coca entonces se va tener que ir a fumigar allá. Esto no tiene una solución tan sencilla como se supone. El otro problema es que se habla mucho de fumigar cultivos industriales, no sé a qué le llama el Gobierno un cultivo industrial y cual es la proporción de cultivos industriales en relación con los pequeños cultivos de los campesinos.

SEMANA.COM: ¿Es el Plan Colombia un problema sólo de narcotráfico?

M.P: En principio sí. Estados Unidos tiene una política antidroga en el área andina que no se puede negar. El problema es en qué medida ese Plan afecta el proceso de paz colombiano.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.