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| 8/21/2016 12:00:00 AM

“Hay una sobredimensión de la promesa de la paz”

El estratega de comunicaciones Ángel Beccassino analiza el estado emocional de la opinión pública colombiana, de cara al plebiscito. Dice que la paz tiene que pasar de la política a la gente.

Las emociones políticas se han convertido en el gran tema de la democracia. Desde el brexit hasta la campaña electoral de Estados Unidos están atravesadas ya no por los argumentos, sino por sentimientos como el miedo, el asco, o la solidaridad y la empatía, un terreno de los psicólogos o los publicistas. Ahora cada vez más los teóricos y filósofos, como Martha Nussbaum, estudian el papel de los sentimientos en las decisiones políticas. Parece ser cada vez más evidente que los candidatos, más que los programas, influyen en las decisiones de las personas. Esto es particularmente relevante en Colombia, cuando se acerca un plebiscito que definirá en buena medida el futuro del país. Por eso, SEMANA conversó con el colombo-argentino Ángel Beccassino, quien no solo ha sido estratega de comunicaciones, sino uno de quienes más han estudiado y escrito sobre el estado de ánimo de la opinión pública.

SEMANA: ¿Será la votación por el plebiscito por la paz una votación puramente emocional?

ÁNGEL BECCASSINO: Por supuesto. El plebiscito es una opción extremista. Es Sí o No y eso se presta para exacerbar el apasionamiento. Es un grado superior de la emoción, de la pasión ciega. Ahora, lo que ocurre es que el No tiene fuerte atracción porque está claro y tiene una sola cabeza, una sola voz.

SEMANA: ¿Es miedo al cambio?

A.B.: Claro. Mire por ejemplo la marcha contra las cartillas de educación sexual. La gente no quiere que le cambien su pensamiento sobre lo que es el sexo. No quiere ver zonas intermedias ni matices. En medio del mar de la incertidumbre la gente quiere sus certezas. En el No hay un alimento muy potente. La gente no quiere a las Farc en parte por una tradición muy goda del país, pero en parte porque se han portado muy mal. Sobre todo después del Caguán la gente siente que abusaron de todo el mundo, fueron prepotentes, y eso genera un rechazo muy hondo. El No captura ese sentimiento. El Sí, por el contrario, es difuso. Mucha gente que incluso se inclina por el Sí, no tiene idea a qué le dice Sí.

SEMANA: ¿Falta pedagogía?

A.B.: El problema del gobierno es que muestra mucha incoherencia. Se habla de muchas cosas, habla todo el mundo, es un núcleo de mensajes que aunque van en la misma dirección, no logran convencer. La gente siente que le están mintiendo en el Sí, porque sabe que esta no es la paz, sino apenas un paso hacia ella. Entonces el Sí a la paz no convence.

SEMANA: ¿Qué emociones está evocando la campaña del No?

A.B.: El miedo es la gran emoción a mover cuando se quiere conseguir una voluntad ciega. Es un abanico de muchas cabezas: miedo a perder, a que te pase algo, a dejar de tener lo que tienes, a que cambie lo que vos querés como forma de vida.

SEMANA: ¿Y qué emociones evoca la campaña del Sí?

A.B.: Por supuesto que la esperanza, pero el problema es que la esperanza conecta con el largo plazo. La gente espera un mundo mejor pero en un futuro lejano. Las decisiones políticas suelen ser más del presente, del corto plazo.

SEMANA: ¿Estamos en un escenario parecido al ‘brexit’?

A.B.: En el brexit, el 75 por ciento de los jóvenes querían quedarse en Europa, pero el 70 por ciento de los mayores querían irse porque tenían una gran bronca con el pasado. En Colombia la bronca con el pasado conecta con la bronca a Santos. Yo hice parte de la estrategia para reelegir a Santos y el problema es que la gente no lo quiere. Es de piel. Les cae mal. No inspira credibilidad ni cercanía con la gente.

SEMANA: ¿Y Uribe?

A.B.: Él entiende que las campañas son parte del entretenimiento, del espectáculo. Uribe emocionalmente conecta con la gente, y hay un relato que le funciona. La gente no lo siente como un culebrero sino como el papá comprensivo, controlador y fuerte en el que puede confiar.

SEMANA: ¿Se pueden tomar decisiones tan serias como la del plebiscito en un ambiente donde no se sabe qué es cierto y qué no?

A.B.: Desvirtuar las mentiras es difícil porque se han dejado crecer mucho. La gente se queda en la mentira si no le comunican otra cosa. La gente se guía por lo que cree y para cambiar las creencia hay que recostarse un poco sobre ella y sacudirla. Buscarle caminos de salidas.

SEMANA: ¿Qué tan crucial es el tiempo para cambiar estas creencias?

A.B.: Si los tiempos son cortos es difícil. La pedagogía debe consistir en cinco puntos claritos sobre de qué se trata esto de la paz. Y que te digan, sí, esto es un paso hacia la paz, pero no es la paz. Hay una sobredimensión de la promesa de la paz, que va a generar una gran frustración. Y esa frustración va a engarzar con una situación económica muy difícil.

SEMANA: ¿Es la imagen del presidente un fardo para el Sí?

A.B.: La campaña por el Sí debe ser sin el presidente, sin Gaviria, sin los políticos. Lo que está en juego es el país y la que está decidiendo es la ciudadanía y se han dejado llevar a un terreno personalizado.

SEMANA: ¿O sea que el expresidente Gaviria tampoco inspira?

A.B.: Gaviria es un hombre muy hábil pero le da un contenido contraproducente al Sí. Lo vuelve política, lo muestra como de los partidos y de los señores políticos cuando esto se trata es del país y no de la clase política.

SEMANA: Las últimas encuestas muestran a una opinión muy volátil. ¿Cómo interpreta este fenómeno?

A.B.: Las encuestas son una foto fija que muestra un momento y los momentos cambian. Son un instrumento de trabajo no una noticia final como se tiende a manejar. Antes de internet las encuestas eran más estables. Pero con las redes sociales la gente tiene un zapping más acelerado. No hay constancia de la atención porque hay una sobreabundancia de información. No hay tiempo de digerir. Y las encuestas reflejan esos cambios.

SEMANA: La semana pasada tuvimos una gran imagen del fin de la guerra: militares y guerrilleros trabajando juntos preparando el cese del fuego. ¿Por qué eso no causa impacto en la gente?

A.B.: Esas imágenes serían un gran insumo para un proyecto de comunicación que no existe. Cosas muy positivas están pasando, pero no cobran significado ni sentido y por tanto no sirven para nada.

SEMANA: ¿Terminarán decidiendo los votos urbanos el destino de los campesinos?

A.B.: Vuelve a estar en juego la ruptura del país con lo rural. La ciudad urbana habla de la guerra, opina sobre la guerra, se enoja por la guerra, pero no la vive. No tiene una experiencia con ella. Por eso lo primero es familiarizarse con la paz. Lo primero es entender lo que puede significar la paz. Segundo, con qué se asocia: con vivir mejor. Tercero, hay que crear una síntesis en el concepto de la paz. Y luego ponerlo a circular.

SEMANA: Pero si lo crucial son las emociones ¿qué tanta manipulación puede haber en una campaña como la del plebiscito?

A.B.: La gente está en un estado de ensoñación por la falta de jerarquía en la información que recibe. Recibe mucho y no tiene tiempo para seleccionar y al final está cansada y no quiere reflexionar.

SEMANA: ¿Responsabilidad de los medios?

A.B.: Los medios son de lo peor y contribuyen al estado de las cosas. El medio tiene que ser una ayuda para construir una verdadera opinión. Pero lo que vemos es que no jerarquizan, no le dan un sentido a los hechos ni un contexto. Así la gente está perdida.

SEMANA: ¿El plebiscito será más de opinión que de maquinaria?

A.B.: La tradición de la clase política es que a la hora del voto se moviliza a la gente en buses y se consiguen los votos. Y eso va a funcionar. El problema son los indecisos que son como un 30 por ciento. Ellos son el foco de la comunicación que hay que hacer. Uribe les habla a ellos todo el tiempo.

SEMANA: En 1988, en Chile resultó crucial una canción para derrotar a Pinochet en las urnas…

A.B.: Allá fue importante el entorno del mensaje. La gente quería entrar en otro tiempo, que se acabara Pinochet y volviera la democracia. En Colombia el entorno también es favorable, pero está desgastado. La gente está cansada de Cuba, de las noticias de que se firmó esto o aquello. Se preguntan ¿ya terminó? No, no terminó. Nunca se termina. La gente ya está podrida de lo que pasa en La Habana.

SEMANA: ¿No es muy confuso el mensaje de Uribe de no pero sí a la paz?

A.B.: Uribe dijo una genialidad al decir No al plebiscito Sí a la paz. Quiero la paz, pero no como me la están mostrando. Esa claridad emocional no existe en la otra campaña. No importa si está montada sobre una mentira de que todo se puede volver a negociar, porque Uribe es eso: un ilusionista.

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