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| 4/29/1991 12:00:00 AM

HE DECIDIDO HACER UNA PAUSA EN COLOMBIA

ENTREVISTA

Jimmy Mayer es uno de los industriales con mayor credibilidad en los círculos económicos y financieros del país. Pionero de la industria petroquímica en Colombia siempre se ha preocupado por la eficiencia y la competitividad de sus empresas en los mercados internacionales. Prefiere el bajo perfil y no le gusta figurar, pero cuando habla siempre tiene algo importante que decir. Ahora ha decidido hacer una pausa en Colombia e invertir en Venezuela.
SEMANA habló con él.
SEMANA: ¿Es verdad que piensa ir a vivir a Venezuela?
JIMMY MAYER: No me voy a vivir a Venezuela.
Lo que pasa es que desde hace tiempo tenemos allá dos industrias y ahora me interesa concentrarme en las posibilidades que ofrece ese país.
S.: Si el grueso de sus negocios está en Colombia, ¿por que se va a concentrar en los de Venezuela ?
J.M.: Colombia es mi país y aquí llevo invirtiendo 30 años. Pero ahora pienso hacer una pausa. Seguiré desarrollando los negocios ya existentes, pero hoy no están dadas las condiciones para crear nuevas empresas.
S.: ¿Porqué?
J.M.: En Colombia están sucedicndo cosas que no son estímulo para el empresario. En primer lugar, la inseguridad. En segundo lugar, las condiciones y las reglas del juego en los negocios son desiguales frente a lo que ofrecen otros países y, en tercer lugar, nos hemos acostumbrado a unos niveles de inmoralidad y corrupción que son inaceptables.
S.: Sobre la inseguridad, la inmoralidad, la violencia y la corrupción nadie puede estar en desacuerdo, pero ¿por qué habla de reglas desiguales?
J.M.: En todos los países del mundo, mediante la intervención de los gobiernos en la economía, se incentivan sectores con subsidios de una u otra índole.
Por ejemplo, en Venezuela, el Gobierno otorga inmensas ventajas. Los industriales colombianos, en un tiempo muy corto, estaremos claramente en desventaja.
S.: ¿No es partidario de la apertura?
J.M.: Nadie es tan partidario de la apertura como yo. Creo que, a largo plazo, es la única forma de salir adelante. De hecho, nuestras industrias siempre se han modernizado pensando en el mercado externo. El que no puede competir a nivel internacional, debe cerrar su tienda. Pero la apertura no se puede hacer de la noche a la mañana. Aunque hay buenas intenciones, veo grandes riesgos.
S.: Denos un ejemplo concreto.
J.M.: Se le voy a dar en la forma mas concreta posible. Asumamos que usted tiene una industria de manteles y que quiere empezar a exportar. Primero, tiene que buscar tecnología. Mientras la consigue, la contrata y empieza a desarrollar un plan que sirva, fácilmente pasa un año. En ese año no se ha comprado ni pedido la primera máquina para modernizar la industria. Mientras se buscan cotizaciones, pasan otros tres o cuatro meses y se necesitan seis meses para pedirla.
Esto, si no se tienen problemas de financiación, pues conseguirla puede tardar ocho o nueve meses. Mientras llega la máquina pueden transcurrir otros 12 ó 18 meses. Es decir, que sólo al final del año tres llega la máquina. Luego viene el montaje, puesta en marcha y entrenamiento, lo cual toma otro año.
En resumen, en circunstancias óptimas, se necesitan cuatro años para modernizar la planta y todavía no se ha producido el primer mantel para exportar. Esto quiere decir que, en la práctica, la apertura no puede hacerse en un plazo menor de cinco a 10 años.
S.: ¿Cree que el Gobierno quiere hacer la apertura demasiado rápido?
J.M.: Creo que sí. Para competir internacionalmente no basta un decreto. Tiene que estar acompañado por una infraestructura que lo haga posible, líneas de crédito, plazos adecuados para la modernización. Estos procesos tienen que estar sincronizados, y en mi opinión, en Colombia las reducciones de aranceles se están haciendo demasiado rápido, mientras que el desarrollo de la infraestructura -puertos, carreteras, etc, es demasiado lento. Esto sin contar con que no basta tener maquinaria. Es necesario también un cambio de mentalidad. En todo esto se puede estar generando una bomba de tiempo.
S.: ¿Así de grave lo ve?
J.M.: Me preocupa que hacia el final de este Gobierno pueda haber una recesión grave. Veo venir un aumento de decaída del PIB. Colombia es un país de muchos problemas donde siempre ha funcionado bien la economía. Nadie sabe lo que puede pasar si esto cambia. Recordemos el ejemplo de Chile. En el proceso de apertura se llegó a niveles de desempleo del 40 por ciento y, a pesar de lo éxitos que se mencionan, el país no se ha acabado de recuperar. Un proceso de apertura demasiado rápido trae inevitablemente un costo social muy alto.
S.:¿De quién es la culpa ?
J.M.: Veo las mejores intenciones en todas las personas que estan impulsando esto en Colombia. Pero sí hay es un poco de presión del Banco Mundial. Y creo que aún este se ha sorprendido de la velocidad con que se están haciendo las cosas. Estos errores son lógicos , pues al fin y al cabo se trata de un experimento sin antecedentes en el país. Pero creo que en el momento de reflexionar y de tratar de introducir medidas correctivas.
S.: ¿Como cuáles?
J.M.: En primer lugar, ser realistas. Los recursos asignados para la reconversión industrial son 700 millones de dólares, cifra que es insignificante. Pero más que enumerar medidas concretas, creo que lo importante es no limitarse a analizar el problema en términos macro, sin complementarlo con análisis micro. En el Ministerio de Desarrollo debería crearse una unidad especializada a la cual puedan recurrir los industriales para el estudio de sus casos concretos. Es una idea que le he transmitido al ministro Samper.
S.: Y a propósito, ¿qué opina del ministro Samper ?
J.M.: Admito que tenía una gran prevención contra él. Pero tratándolo de cerca me da la impresión de que es un hombre excepcionalmente inteligente y sumamente simpático. Creo que tiene en la cabeza la dimension real del problemade la apertura. Creo, como él, que esta debe ser gradual, pues de lo contrario es como si a alguien le ofrecen que le financian una raqueta de tenis y un curso, y le dicen que en dos semanas tiene que enfrentarse a McEnroe.
S.: ¿Y cuál es su opinión sobre Navarro?
J.M.: Lo conocí hace unos meses y me causó una buena impresión. Me parece un hombre inteligente, con buenas ideas. El problema es que uno no sabe cómo conciliar su presente con su hoja de vida. Ahí hay una gran incógnita.
S.: ¿Cree que va a llegar a la Presidencia?
J.M.: No se puede descartar y no diría que eso sea el fin del mundo. No me preocupa tanto que llegue a la Presidencia de la República, como que llegue demasiado rápido. Creo que los hombres y los procesos requieren maduración, quemar etapas...
S.: ¿Qué opina de la propuesta sobre la participación de los trabajadores en la propiedad de las empresas?
J.M.: No quiero pasar por pretensioso, pero es posible que en ningún grupo haya más preocupación por el bienestar de los trabajadores que en el nuestro.
Buscamos, por ejemplo, que toda persona antes de que cumpla cinco años trabajando con nosotros tenga casa propia.
Nuestras escalas salariales no sólo son superiores a las del mercado, sino que tratamos de incrementar el poder adquisitivo real de nuestros trabajadores todos los años. Si la inflación es del 28 por ciento, aumentar el 27 por ciento es un robo.
Lo importante para que un negocio funcione bien es que todo el mundo gane. Si no podemos absorber con mayor productividad un incremento real en el ingreso de los trabajadores, entonces no merecemos llamarnos empresarios.
S.: ¿Sí, pero en cuanto a la propiedad concretamente qué?
J.M.: Creo firmemente en todo lo anterior, pero categóricamente no creo en los matrimonios a la fuerza. La propuesta del M-19 podría generar un esquema de propiedad en las empresas donde los intereses de los trabajadores y los empresarios son diferentes. El interés de los trabajadores en ese esquema será el de sacar los mayores dividendos posibles, lo cual podría privar a la empresa de recursos que necesita para continuar expandiéndose. Esos intereses contradictorios terminan perjudicando a la empresa. Soy, sin embargo, un convencido de que los trabajadores deben llegar a ser dueños de las empresas, pero a través de los Fondos de Pensiones como en Estados Unidos. Pero esa es una inversión voluntaria.
S.: Cambiando de tema, ¿qué opina de la Constituyente ?
J.M.: Siempre he dicho que es un salto al vacío, los riesgos son grandes. Pero creo que como en Colombia siempre surgen voces razonables que hacen que este país funcione, puede llegar a tener buenos resultados.
S.: ¿Cree que la Constituyente va hacer algo sustancial en relación con propiedad privada o la libre empresa ?
J.M.: Las cosas han cambiado en el mundo y ya está pasado de moda pone en tela de juicio la propiedad privada. Lo revolucionario hoy es crear las condiciones para poner a la gente a trabajar y crear riqueza. El progreso en el mundo depende de la productividad y la eficiencia, y sobre esto ya no hay debates idea lógicos.
S.: Usted es un capitalista convencido, pero ¿no le preocupan los excesos ?
J.M.: Sí. Creo en la liberta de empresa, pero creo también que es necesario evitar excesos. Lo que sucede en Colombia es que a veces nos asustamos con el éxito y decidimos considerarlo exceso. Por eso a veces es útil hacer comparaciones con otros países. Por ejemplo, el grupo Santo domingo, que aquí se considera un grupo económico gigantesco, tiene ventas un poco superiores a los mil millones de dólares. En Corea, un país un poco más grande que Colombia -45 millones de habitantes- hay grupos económicos que superan los 40 mil millones de dólares. En países como Nueva Zelandia, con tres millones y medio de habitantes, hay empresas que venden 10 mi millones de dólares. Y si ustedes ven país por país, es lo mismo, con la diferencia de que en otras partes no se le tiene miedo al crecimiento. Por el contrario, es el objetivo buscado. Ojalá hubiera más grupos así.
S.: Oirlo es una curiosa combinación de pesimismo y optimismo: está pensando en hacer una pausa en Colombia, pero no ha perdido toda esperanza en el futuro del país.
J.M.: Tengo mucha fe en la capacidad de nuestra clase dirigente para sacar esta adelante. De hecho, el empresario colombiano es muy bueno. Me atrevería a decir, incluso, que es el mejor del mundo.
El colombiano es un entrepreneur por naturaleza. No me cabe duda de que saldremos adelante, pero el presente inmediato no es el más halagador.
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