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| 5/5/2015 4:05:00 PM

Los caseríos del camino

Héctor Augusto Rodríguez estaba a sólo dos días del campamento base del Everest, donde murieron por lo menos 19 personas. Así vivió este colombiano el desastre natural en los Himalayas.

Todos los caseríos quedaron destruidos. Héctor Rodríguez estaba en el cuarto día de una caminata de siete, que va desde un pueblo llamado Lukla hasta el campamento base del Everest. Había llegado a un punto conocido como Tenbouche, una parada estratégica de aclimatación donde solo hay dos hoteles para turistas.

La gran mayoría de poblaciones alrededor de estos caminos son pequeñas veredas que se han desarrollado alrededor de los montañistas: un puñado de restaurantes y hoteles de camino.

Allí pasaría la noche, al igual que los demás 50 extranjeros que andaban en el mismo plan. Pasadas las 11:30 de la mañana, el fuerte rugido del techo les alertó del terremoto. Desde afuera, pudieron ver cómo evidentemente la estructura de la rústica construcción había quedado seriamente afectada. Dos días después, el hotel estaría en el piso.

Bajo la nieve que caía en ese momento, Héctor caminó con su guía dos horas más hasta otra población cercana, donde pasaron la noche. En medio de las montañas, no conocía la magnitud de lo sucedido, pero tuvo una idea cuando activó su roaming internacional y recibió siete mensajes de amigos de Australia, que por la diferencia horaria ya se habían enterado del desastre natural.

A pesar de que algunos montañistas decidieron esperar a ver si podían continuar, Héctor decidió regresar. La situación fue complicada en la caminata de regreso. Las constantes réplicas no lo hacían fácil. Incluso ahora, más de una semana después del evento, los sismos continúan. Hasta el 5 de mayo iban más de 140 réplicas, muchas de ellas de más de 4 grados en la escala de Richter.

En ese camino de regreso que Héctor hizo en la mitad del tiempo que normalmente lleva, hay cuatro pueblos que alcanzan a aparecer en el mapa. Cada uno de no más de cuatro o cinco calles. Según lo que pudo ver, calcula que por lo menos el 80 por ciento de ellos estaban destruidos. “Los guías nos dijeron de una manera muy sutil que no era un lugar donde quisiéramos estar, porque seguramente había muertos. No te ibas a sentir cómodo para un descanso de una o dos horas”, recuerda Héctor.

Lo más duro de ese regreso, según relató Héctor unas horas después de llegar a Katmandú, fue ver a su guía y a los locales angustiados y con un lenguaje corporal inquietante: “eso fue incluso más terrorífico que el terremoto mismo”. Su guía había perdido su casa en Katmandú, al igual que 300.000 familias más.

En Lukla, donde hay un pequeño aeropuerto, pasó tres días esperando por un cupo en un vuelo de regreso a Katmandú. Allí se amontonaron los turistas que llegaban, los que venían bajando la montaña y los que se devolvieron.

En el campamento base del Everest hubo por lo menos 19 muertos, y todavía hay personas desaparecidas. Más de 4.000 personas de todo el mundo han ayudado a las operaciones de rescate, pero estas ya casi terminaron y ahora sigue la etapa de ayuda humanitaria y reconstrucción. El gobierno de Nepal no ha cancelado oficialmente las caminatas al Everest, a pesar de que escalar en el área en este momento es casi imposible. Esto haría que la ruta más famosa del mundo esté cerrada por segundo año consecutivo, un golpe duro para la economía del país, pero especialmente para los pobladores de esos caseríos además de perder sus casas, perdieron su sustento por lo menos por los próximos meses.
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