Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2002/09/30 00:00

Hello, George

El presidente Alvaro Uribe no trajo un cheque, pero lo que consiguió puede ser más valioso.

Nadie en Colombia pensaba que la visita del presidente Alvaro Uribe a Washington era de cortesía. Con un paquete de reformas económicas y políticas de seguridad bajo el brazo viajó a Estados Unidos con la firme intención de conseguir recursos para aliviar la crítica situación fiscal que el país está atravesando. Sin embargo Uribe regresó al país con muchas palmadas en la espalda pero sin el grueso cheque que muchos creían que George W. Bush le daría en su encuentro. ¿Puede calificarse entonces el periplo presidencial como un fracaso ante la ausencia de acuerdos concretos?

Para responder esta pregunta hay que tener en cuenta las infladas expectativas que se tenían de la gira. El propio ministro de Hacienda, Roberto Junguito, afirmó hace unas semanas que entre las posibles fuentes de financiación del déficit fiscal del año 2003 estaría un crédito directo del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. La cifra que se ventilaba era de 3.000 millones de dólares. No obstante, no fue muy claro en explicar que a este préstamo se acudiría únicamente en caso de emergencia, como un recurso de última instancia. Esta falta de claridad fue en buena parte el origen del malentendido.

Pero nada estaba más alejado de la realidad. Primero, porque los préstamos que concede el Tesoro estadounidense son algo muy excepcional. Normalmente son créditos 'puente' que se otorgan por plazos muy breves, de unas pocas semanas, y en situaciones excepcionales. El antecedente más reciente fue el de Uruguay, que cayó en una aguda crisis, con corralito financiero a bordo, en agosto pasado. El Tesoro le prestó plata a ese país por unos meses, mientras tramitaba un crédito normal con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Si el Departamento del Tesoro otorgara créditos convencionales, como cualquier banco, tendría una cola de 150 países pidiéndole plata. Por eso se cuida mucho de prestarla únicamente en situaciones de emergencia.

El recuerdo de Pastrana

Al evaluar la gestión de Uribe en Washington tampoco se puede olvidar que le tocó la difícil misión de reemplazar a Andrés Pastrana, quien se movía como pez en el agua en la Casa Blanca y en el Congreso. Cualquier comparación podría ser desfavorable, en especial, teniendo en cuenta la leyenda negra del presidente Uribe en algunos sectores particularmente las ONG.

Uno de los propósitos de la gira era iniciar una relación entre ambas administraciones. Como arranque no pudo ser mejor. La acogida no fue inferior a las de Pastrana. Si éste seducía por su personalidad y por su dominio del inglés, Uribe lo hizo por su sencillez y su dominio de los temas. Su modestia espartana, que lo llevó a viajar en avión de línea, fue muy bien recibida. A esto se le agregaba un convencimiento profundo que el Presidente desplegó en sus reuniones sobre la misión histórica que cargaba sobre sus hombros. El efecto contagio de esta actitud ayudó a conseguir los respaldos políticos. En Estados Unidos no se gana una batalla económica antes de la política. Y de este viaje quedó un gran capital político para Uribe en Washington. El gobierno Bush no giró ni un solo cheque pero le dio la señal a las entidades multilaterales de crédito de dónde está el corazón de George W. Bush.

Por ese lado los resultados son positivos. El Banco Mundial ratificó su compromiso de prestarle 1.000 millones de dólares al país el próximo año. De otra parte, el Banco Interamericano de Desarrollo anunció la posibilidad de que, en caso de necesitarlo, Colombia acuda a una ventanilla de emergencia para obtener recursos hasta por 1.500 millones de dólares. No se puede esperar que estas señales se traduzcan de manera inmediata en dinero contante y sonante. Nadie mueve burocracias internacionales ni congresos de la noche a la mañana. En buena medida estas gestiones han despejado los nubarrones que había en la economía colombiana para la financiación del próximo año.

Otra cosa que quedó clara de esta gira fue la calidad del equipo de relaciones exteriores de la administración Uribe. Carolina Barco fue una estrella. Como era considerada una mujer tímida y hasta introvertida, no se había presentado la oportunidad de medirle el aceite en sus nuevas funciones como Canciller. Pero su desempeño en Washington y Nueva York estuvo a la altura de las circunstancias. Habló poco pero cuando abría la boca decía lo que tenía que decir.

Roberto Junguito tampoco habló mucho, pero también dio en el clavo. Como las entidades multilaterales eran su medio hasta hace poco, en el fondo para él, la visita a Washington era un regreso a casa.

Más allá de los espaldarazos económicos y políticos, la visita produjo resultados tangibles. Estados Unidos consideró elegible al país para los beneficios del Atpa. Esta medida implica la entrada de más de 700 productos colombianos, como las confecciones y el azúcar, a los mercados estadounidenses sin pagar aranceles. No obstante algunas distancias se mantienen. El gobierno de Bush sigue interesado en un tratado nuevo con Colombia que exima a los ciudadanos estadounidenses de la Corte Penal Internacional.

Con un buen equipo y una actitud convincente el presidente Uribe pasó esta primera prueba de fuego en las relaciones con Estados Unidos. Igual de importante que acuerdos y desembolsos son las relaciones personales entre los jefes de Estado. Bush tenía más química personal con Pastrana, pero tiene más química ideológica con Uribe. Después del 11 de septiembre, la mano dura contra el terrorismo se ha impuesto como la línea oficial en Washington. Y ante esta nueva realidad política ningún presidente colombiano podría encajar mejor que Alvaro Uribe Vélez.

Esta es una ventaja política que se reflejó en el apoyo del gobierno de Washington a las políticas de seguridad que el gobierno colombiano ha venido implementando desde el 7 de agosto. Es labor de Uribe mantener ese apoyo ahora que la relación con Estados Unidos ha comenzado tan bien.

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