Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2008/10/11 00:00

Herencia costosa

Un experimento para descontaminar el río Bogotá se ha convertido en un dolor de cabeza. En el medio hay un contrato de 500 millones de dólares y una empresa en la que uno de sus dueños es investigado por peculado.

Al final de su período como gerente de la Empresa de Acueducto de Bogotá, Édgar Ruiz firmó un contrato para experimentar una tecnología para descontaminar el río Bogotá. Hay debate sobre los resultados del invento, que se puso en marcha en la planta de tratamiento de El Salitre

Desde que llegó a la gerencia de la Empresa de Acueducto de Bogotá, a Jorge Enrique Pizano le cayó un piano encima: en la planta de tratamiento del río Bogotá la alcaldía de Luis Eduardo Garzón le dejó instalada una empresa bajo un contrato de riesgo compartido, que iba a probar una tecnología para el más ambicioso plan de descontaminación.

El invento criollo, desarrollado por la firma Chemical Research & Development (CRD), toma las aguas pestilentes del río, las mezcla con unos químicos y oxígeno, y por esta vía separa la mayoría de los sólidos contaminantes. Después de pasarla por unos filtros, el proceso prometía generar un agua que en una primera etapa serviría para riego, y en una segunda sería potable.

En caso de que el experimento funcionara, se activaría un contrato en el que se le entrega a CRD la Planta de El Salitre por 20 años, y el Acueducto debería preferirla en todos sus proyectos, en un momento en que hay previstos 500 millones de dólares para descontaminar el río Bogotá. A cambio, el Acueducto sería propietario del 5 por ciento de la patente de la tecnología usada, y podría ir en sociedad con CRD en nuevos proyectos.

El negocio le pareció atractivo al anterior gerente del acueducto, Édgar Ruiz, quien firmó el contrato. Lo llamativo es que no tuvo en cuenta que CRD apenas cumplía un año de constituida, y que hasta ese momento las pruebas sólo se hacían en pequeña escala, y no con un río que recibe las aguas negras de una ciudad de seis millones de personas.

Ahora se sabe además que uno de los cuatro socios de CRD, el ingeniero Felipe Incer Covo, está vinculado por la Fiscalía a una investigación por peculado, en un proceso por un polémico convenio entre la Universidad de Cartagena y el departamento de Casanare. Para el ente investigador, en ese convenio se violó la ley de contratación, hubo sobrecostos y se "estableció sumariamente la intervención ilegal en la contratación por parte de grupos de autodefensa". La vinculación de Incer Covo, que espera a ser calificada, está relacionada con su papel como gerente de la firma que administraba gran parte de los contratos de obra de ese convenio. Otro de los socios de CRD, el ingeniero Alfredo Raad, también es cercano a la firma cuestionada y ha sido uno de sus consultores. Ambos ingenieros dicen que este lío nada tiene que ver con el actual contrato, que esperan a que la justicia falle y que no pueden dar detalles, pues violarían la reserva del sumario.

La semana pasada el contrato entre el Acueducto y CRD entró en su etapa más crítica. Hubo una reunión para evaluar los resultados del experimento a partir de un estudio hecho por la reconocida firma de consultoría Bureau Veritas. Pero no llegaron a un consenso. En un escueto comunicado dicen que "existen diferentes puntos de vista y apreciaciones respecto al informe", y firmaron un inusual acuerdo de confidencialidad que impide el pronunciamiento de las partes al respecto.

Es decir, en este momento no es claro cómo se van a poner de acuerdo sobre el resultado del proyecto, lo que deja al Distrito a las puertas de un lío jurídico de insospechadas consecuencias, pues de por medio está la expectativa de un cuantioso contrato.

En el Acueducto dicen que ellos respetan los términos del contrato y que enviaron toda la información del mismo a los entes de control para su revisión. Por su parte, Alfedo Raad, de CRD, dice que hubo imprevistos cuando se realizaron las pruebas y que aún no se completa todo el proceso para ser evaluado. Por eso piden más tiempo y que se realicen de nuevo las pruebas evaluando todas las etapas acordadas. Dice que más que deficiencias técnicas, lo que hay es mucha presión de varios contratistas que buscan sacarlos del multimillonario negocio en ciernes.

Lo increíble es que a pesar de que por fin hay recursos para hacer algo de impacto y avanzar en la soñada descontaminación del río Bogotá, la ciudad está maniatada hasta que las diferencias se superen.
 

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