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| 12/9/2016 9:35:00 AM

“Pedimos perdón por mi hermano”: Francisco Uribe

El abogado se presentó ante la Fiscalía para contar su versión sobre lo que sucedió el domingo. Su testimonio será clave para determinar qué pasó las horas posteriores al deceso de la niña.

En medio de gran expectativa Francisco Uribe Noguera se presentó en horas de la mañana en los juzgados de Paloquemao para rendir su testimonio sobre los hechos en los que murió la niña Yuliana Samboní. La Fiscalía espera que el abogado pueda esclarecer las dudas que rondan la investigación, en especial sobre la alteración de la escena del delito. 

Puede leer: Cámara registró que Yuliana llegó viva al apartamento de Rafael Uribe

Uribe llegó antes de las 10 de la mañana a su cita con la fiscal 121 de la Unidad de Vida, quien es la funcionaria asignada para el caso de Yuliana.

Antes de ingresar al complejo judicial, se refirió al crimen que tiene conmocionado a al país. “Lamentamos profundamente la muerte de Yuliana. Yo estoy profundamente compungido por lo que pasó”, dijo.

En video: Rafael Uribe habría estado tres veces en el barrio de Yuliana

Y agregó: “Pedimos perdón por mi hermano”. En las horas de la mañana Francisco Uribe atendía la diligencia judicial. Por su parte, su hermana, Catalina Uribe, deberá presentarse ante el mismo despacho a las 2:00 p. m.  

Mientras tanto, un juez ordenó que se le tomen pruebas de ADN a Rafael Uribe Noguera para establecer si los rastros de sangre y semen encontrados en el cuerpo de la menor corresponden a él. Con estas muestras también se busca determinar si hay más personas involucradas en el crimen.

Semana.com reconstruyó con los agentes del Gaula el rol que tuvieron los hermanos Uribe el día de la tragedia en un reciente artículo. Según contaron los agentes, el primer contacto que se dio con la familia Uribe fue el domingo en horas de la mañana. Los investigadores habían encontrado en un video del barrio la imágen de la camioneta y por lo tanto sus placas. Esta estaba registrada a nombre de la esposa de Francisco y por esa razón, a ella es a la primera persona que llaman. 

La joven aseguró que el carro dejó de ser de ella y que por eso le iba a transferir la llamada a su esposo. Francisco dijo desconfiar de que realmente se tratara del Gaula y pidió un tiempo para consultar el asunto. Pasado un rato, un oficial del Gaula nuevamente se comunicó y le pidió que se encontraran en una estación de policía donde Francisco pudiera estar tranquilo. Así fue. La cita se cumplió en el CAI de la calle 72 con séptima.

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Allí, hacia las 2 p.m., los investigadores le informaron a Francisco que estaban buscando urgentemente a la menor Yuliana, y le hicieron saber que cada minuto era crucial, por lo que necesitaban de su colaboración para ubicar la camioneta que en papeles figuraba a nombre suyo y de su esposa.

Este explicó que el vehículo no estaba bajo su poder por cuenta de un negocio familiar informal hecho años atrás, y cuando el abogado trató de entrar en detalles del asunto, los agentes le insistieron en que lo urgente era dar con el paradero de la niña. Fue entonces cuando Francisco empezó a hacer llamadas para averiguar entre su familia sobre el carro, sin ofrecer una respuesta clara.

Finalmente, al cabo de varias averiguaciones Francisco les dijo a los agentes quién tenía el carro “Es que es mi hermano”, dijo. Señaló que su nombre era Rafael Uribe Noguera, pero que nadie en la familia sabía en ese momento dónde estaba.

El Gaula inició entonces, en compañía de Francisco, la búsqueda de Rafael. Fueron al edificio donde este vivía y averiguaron entre familiares y amigos. Chequearon en todos los lugares que la familia les indicó. También insistieron al teléfono de Rafael, sin respuesta. A las 3:05 de la tarde un oficial del Gaula le escribió, vía whatsapp: “Señor Rafael, necesitamos hablar urgente con usted”. El celular aparecía como prendido.

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En paralelo a la búsqueda con la familia, los agentes se movieron por su lado, y a media tarde recibieron información que les indicaba un punto probable de ubicación de Rafael. Acudieron al lugar urgentemente. Para ello se separaron de Francisco, con quien lograron volver a tener comunicación poco antes de las siete de la noche, cuando este los llamó y les dijo que había aparecido Rafael pero que estaba mal por lo que lo llevaba a la Clínica Monserrat. Los investigadores acudieron de inmediato al lugar.

Al ingreso de esa clínica psiquiátrica se reencontraron con Francisco. Estaba con parte del personal médico. En ese momento, les dijeron que los galenos estaban atendiendo a Rafael por lo que no podrían hablar con este.

Francisco Uribe Noguera estaba allí en compañía de un abogado al que consultó antes de decidirse a hablar con el Gaula. Minutos después, Francisco les dijo a los investigadores que su hermano, camino a la clínica, le había confesado que había estado con la niña que estaban buscando y que esta había muerto accidentalmente.

El Gaula preguntó dónde estaba la niña y fue cuando Francisco dio cuenta de una información que no había mencionado antes: habló de un segundo apartamento en donde habían encontrado a su hermano. Dijo no conocer la dirección pero que sí sabía llegar. Guiados por Francisco, las autoridades partieron a toda velocidad hacia el ese lugar.

Por el camino, pidieron refuerzos a otras unidades y dieron aviso a la Fiscalía, aguardaban la esperanza de encontrar a la niña con signos de vida. En breve llegaron al apartamento 603 del edificio Equus 66. Se trataba de un lujoso espacio de dos niveles deshabitado, sin muebles: apenas vieron unos cigarrillos y una botella de trago. No les tomó mucho tiempo registrar la primera planta sin hallar nada.

Luego subieron a la terraza donde se destacaba un gran jacuzzi empotrado con puertecillas en los costados para acceder a la tubería interna y motores. Los agentes del Gaula abrieron una de estas puertas y proyectaron un chorro de luz con la linterna del celular, fue cuando vieron a la niña tendida allá dentro, en un espacio al que no podían acceder desde la compuerta.

Los agentes del Gaula tuvieron que quitar los listones de madera más cercanos para poder alcanzar a la menor. Al revisar su pulso confirmaron lo peor. Estaba muerta. No había nada qué hacer. Incluso algunas de sus extremidades ya presentaban rigidez cadavérica, prueba de que su deceso se dio varias horas antes. “¡Qué hizo este man, no puede ser!”, dijo Francisco entre sorprendido y consternado.

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