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| 1/3/2012 12:00:00 AM

Hermoso de Mendoza: primer rejoneador en ganar el Señor de los Cristales

Como estaba previsto, al colombiano Luis Bolívar lo dejaron solo con el trofeo a la mejor faena. Los hierros de Ernesto Gutiérrez y Juan Bernardo Caicedo fueron galardonados, por el mejor toro y el mejor encierro, respectivamente.

El jurado decidió conceder el trofeo Señor de los Cristales al rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza. Es la primera vez que en 54 años de temporada taurina, el prestigioso trofeo recae en un rejoneador. Por eso, Pablo Hermoso de Mendoza sigue y sigue sumando hitos, haciendo historia y ampliando su leyenda.

Pero esa decisión tiene muchas lecturas.
Primero, Cali, con este hecho, equiparó y puso a la misma altura el toreo de a pie con el rejoneo. Ya lo había hecho en la corrida del 31 de diciembre cuando en un total despropósito se indultó un toro para rejones. No sólo le dieron dos orejas y rabo, sino que, para completar, le dieron el Señor de los Cristales.

Pero es que Hermoso de Mendoza, como rejoneador, es protagonista de otro espectáculo. Ninguna feria en el mundo, que se respete, jamás le daría el trofeo a un rejoneador. Que lidia reglamentariamente toros despuntados, y que la tauromaquia es distinta a la de a pie, donde la clave es la colocación y la quietud. Pero así están las cosas en Cali.

El toreo de Bolívar marcó abismales diferencias con el resto de lo visto en Cañaveralejo. Nadie podía quitarle el trofeo. Pero como el torero colombiano había sostenido un pulso con el empresario Eduardo Estela, un pulso que ganó sobradamente en el ruedo con capote, muleta y espada, pues el orgullo del derrotado era el de desquitarse en tiempo extra.

Es una muestra de que el pulso sigue. Si Bolívar se llevaba el trofeo, sería reconocer la derrota, con altura, pero hay quienes tienen otro criterio, y falta de humildad, que les impide ese tipo de gestos.

Por eso, el trofeo a la mejor faena que le entregaron a Bolívar pareció un premio de consolación, que en nada compensa tamaña injusticia.

Mejores subalternos

Pero las sorpresas de los trofeos no pararon allí. El jurado reconoció como mejor subalterno a Raúl Morales. Un carismático joven de la ciudad, magnífico tercero, pues es muy exitoso con las banderillas, y recorre el camino del aprendizaje.

En un futuro puede merecer semejante reconocimiento. Pero hoy, Cali no premió al mejor subalterno.

Falta criterio en este capítulo porque ya van muchos años en los que se tapan los ojos ante dos subalternos de talla mundial.

Álex Benavides, autor de la mejor brega en muchos años, la que le interpretó al tercer toro del encierro de Ernesto Gutiérrez, que le correspondió a Juan Solanilla. Fue una muestra de que con tan solo cuatro lances, largos y templados, se puede resolver el segundo tercio.

Y James Peña, cuyo capote anda a similar altura, incluso con una torería admirable, como la que también exhibe al poner las banderillas. Peña además hizo el quite de la feria, cuando salvó de apuros a Rodrigo Arias Monaguillo en el segundo toro de Luis Bolívar, que posteriormente fue indultado.

Rafael Torres repitió trofeo al mejor picador. Es uno de los mejores y más efectivos varilargueros del país. Pero en esta feria si hubo puyazos para premiar, los firmaron Clovis Velasquez, al segundo toro de Fuentelapeña, lidiado por Paco Perlaza, y el de Luis Carlos Pedroza, al quinto del encierro de Juan Bernardo Caicedo, que le correspondió a Santiago Naranjo.

Mejor toro y mejor encierro, sin discusión

El jurado acertó con los premios a los toros. 'Colillero', de Ernesto Gutiérrez, indultado por Bolívar, fue un toro excepcional y de merecido premio. Pero a similar altura hay que ubicar a 'Espía', de Juan Bernardo Caicedo, quizás el toro casi perfecto, pues sus hechuras, de lámina, reunían la seriedad y armonía, y su comportamiento combinó las mejores virtudes de la bravura. Otro toro de premio debía ser 'Calentano', de Ernesto González, lidiado en cuarto lugar. No le dieron ni siquiera la vuelta al ruedo, pero por seriedad, nobleza y calidad, fue otro de los señores toros de la feria.

La balanza se inclinó hacia 'Colillero' porque este sí tuvo la fortuna de encontrar en Bolívar las manos sabias e inspiradas para trascender. Naranjo y José Fernando Alzate, y es lógico por su inexperiencia, no ayudaron ni a 'Espía' ni a 'Calentano', respectivamente.

Y aunque no hubo un encierro redondo, en general, es justo reconocer el de Juan Bernardo Caicedo por varias razones. Primero, porque por hechuras cada vez son encierros propios, auténticos, fáciles de identificar incluso para los menos entendidos. El tener sello propio es muy difícil para cualquier ganadero. Segundo, porque el comportamiento del encierro de Caicedo, en esta feria, fue emocionante y mantuvo interés de comienzo a fin. Pero además es una muestra que los toreros ya saben a lo que se enfrentan si se anuncian con este hierro, tanto en sus virtudes como sus complicaciones.
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