Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1983/12/19 00:00

HISTORIA DE UN DESENCUENTRO

Después de 17 entrevistas efectuadas con diversos frentes de las FARC, la paz continúa lejana y esquiva

HISTORIA DE UN DESENCUENTRO

En una nota de la redacción que encabezaba la crónica de Germán Santamaría, "Viaje al fondo de las FARC", El Tiempo decía el domingo 13 de noviembre: "Motivados por un anunciado encuentro entre la Comisión de paz y el Estado Mayor de las FARC, un reducido grupo de periodistas se desplazó hasta el Caquetá para cubrir este hecho que podía ser el segundo paso para la paz después del diálogo de Madrid".
En una jornada agotadora, los periodistas se internaron en la selva y allí encontraron un enorme campamento, sede del decimoquinto frente de las FARC, en donde fueron testigos de la forma como se mueve la organización guerrillera que, según declararon dos de sus comandantes, se halla prácticamente inactiva, pendiente de las conversaciones de paz. En medio de 300 guerrilleros uniformados y armados, los periodistas se entrevistaron con tres jefes de frente y tres delegados del Estado Mayor. Sin embargo, ni rastro hubo de la Comisión de Paz. Lo que probablemente no sabían entonces era que la comisión ya había dado un primer paso y que cuatro de sus miembros se habían reunido con el Estado Mayor de las FARC meses atrás.
No habían transcurrido aún 120 días de sancionada la amnistía, cuando se realizaron los contactos iniciales con las FARC, para buscar bases de un primer diálogo directo con su Estado Mayor. Acordadas ciertas condiciones, fundamentalmente la de la reserva (prevista por el mismo decreto que creaba la comisión), se fijó un día de enero. Concurrían Otto Morales, presidente de la comisión, John Agudelo Ríos, Rafael Rivas Posada y Alberto Rojas Puyo, quienes se sentarían frente a frente con los líderes máximos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia: Manuel Marulanda Vélez, Jacobo Arenas y Jaime Guaracas.
Establecidos los últimos detalles de la reunión, los miembros de la comisión acudieron a Palacio para informar al presidente sobre su viaje. No pudieron hacerlo. Minutos antes, Betancur había sido conducido a la Clínica de Marly para someterlo a una intervención quirúrgica de urgencia. Quedaban, entonces, a merced de la suerte y bajo la protección exclusiva de las FARC. Habían cumplido con el compromiso de no informar al Ejército sobre el encuentro. Más tarde, se enterarían por boca del general Matamoros que por esa época había en la región más de 110 lanceros.
No eran aún las 8 de la mañana del -dia señalado, cuando un Jeep se estacionó frente a la casa de Agudelo Ríos en la calle 70 de Bogotá. Dos jóvenes iban en su interior. Agudelo, que no sabía hacia dónde se dirigían, había preguntado en uno de los contactos telefónicos previos qué clase de ropa llevar, si para tierra fría o para tierra caliente. "Lleve de ambas", le respondieron. Partieron hacia la casa de Otto Morales donde se habían dado cita Rivas Posada y Rojas Puyo. Otro Jeep esperaba en la puerta y dos jóvenes más, cordiales pero callados, les servirian de compañía durante el viaje cuyo destino descubrieron finalmente: iban en dirección a Neiva.
Después de más de 6 horas de viaje, se detuvieron frente a uno de los hoteles de la ciudad con instrucciones de no salir y con la petición expresa a Otto Morales de reprimir sus legendarias carcajadas, porque podían delatarlos. A eso de las 7 se recostaron para dormir un poco y a las dos de la mañana un telefonazo los despertó. Salieron entonces hacia el municipio de Colombia en cuya cercanía se llevaría a cabo el encuentro.

LA MANZANA ROJA
Anduvieron algunas horas por caminos de la región hasta que llegaron a un ranchito en donde un campesino y una niñita rubia los recibieron. Agudelo, que llevaba una manzana roja de California, se la regaló a la pequeña maravillada, porque nunca había visto una, no sabía si jugar con ella o comérsela.
Pronto aparecieron algunos guerrilleros, con quienes continuaron el viaje hasta un punto inaccesible para los jeeps, húmedo, de laja, empinado, en donde cambiaron de transporte. Montaron en unas mulas que los esperaban y en un momento dado tuvieron que atravesar un enorme pantano, especie de línea Maginot natural de la guerrilla, al otro lado del cual, en una hondonada, encontraron otro rancho. Al parecer, los guerrilleros se habían tomado el lugar para celebrar la reunión. Los miembros de la Comisión de Paz habían completado entonces 15 horas de viaje; eran cerca de las 5 de la tarde.
Allí los estaban esperando Manuel Marulanda Vélez, Jaime Guaracas y Jacobo Arenas, rodeados por cerca de 35 guerrilleros, impecablemente enfundados en uniformes de fatiga.
Era un pequeño ejército en la montaña, a 2.200 metros de altura sobre la Cordillera Oriental. Más arriba, cañones de fusiles y cabezas tras matorrales delataban la presencia de otros guerrilleros que vigilaban.
Todo estaba listo, pero un temor abrigaban los miembros de la comisión: que la reunión terminara con un pliego, especie de "Carta al niño Dios, llena de deseos imposibles de cumplir", como humorísticamentelo calificara Agudelo Ríos. Con Otto Morales establecieron reglas de juego para evitar callejones sin salida: no aceptar ni cartas ni propuestas. Y resolvieron que el mejor punto de partida de las conversaciones era explicar la ley de amnistía, sus decretos y sus implicaciones, y luego oír lo que tenía que decir el Estado Mayor de las FARC.

LA POESIA, EL MEJOR ALIADO
Esa noche, tensos los ánimos porque se desconocían unos a otros, pensaron que lo mejor era crear un clima de distensión conversando sobre generalidades, sin abordar ningún tema concreto. Tácitamente se planteaba una contienda en la que, como una pelea de boxeo, se medirían fuerzas. La poesía se convirtió en su mejor aliada, en el elemento catalizador. A sonetazo limpio se batieron esa noche y en medio de los poemas de Carranza, Miguel Hernández, Neruda y otros más, acordaron el temario del día siguiente. A las 2 de la mañana terminaron la sesión en el cual Arenas no pudo ocultar su gusto y conocimiento de la poesía. No habían pasado tres horas, cuando a las 4:30 de la mañana, aún sin salir el sol, dieron comienzo al nuevo día. Un desayuno pantagruélico los esperaba y ante los ojos atónitos de los miembros de la comisión, sin que mediara pregunta alguna, uno de los guerrilleros dijo: "Nunca tenemos la certeza de si vamos a tener o no otra comida".
Eso explicaba la devoción con la cual comían, como si fuera la última vez.
A las 5 de la mañana estaban sentados ya en torno de una mesa. Repartidos los temas sobre la amnistía, los miembros de la comisión empezaron a hablar alternadamente. Con atención y paciencia, todos siguieron las interminables explicaciones sobre las implicaciones jurídicas, sociales y políticas de aquello que todos coincidían en reconocer como el camino hacia la paz, la amnistía. Nadie interrumpía. En un momento dado, cuando le llegó el turno a Agudelo que tenía que explicar la reforma política, Marulanda le pidió permiso para grabarlo en cassette. Era la forma de hacerles llegar a los otros frentes la posición oficial sobre el tema. Agudelo aceptó y la sesión se cerró con un suculento sancocho, preparado con un gallo de tamaño descomunal que los había sorprendido a todos. Después volvieron a los versos y más adelante surgió el relato de las anédoctas personales. Tirofijo contó su vida con precisión, meticulosamente. Se hacía evidente que era el mismo a quien la leyenda le tenía contabilizadas varias muertes. No podía ser otro: las mismas cicatrices, el tono de la voz y, especialmente, el profundo respeto que se reflejaba en las miradas de sus hombres. Eso se revelaba, cuando al final de la reunión, como si se tratara de un piquete, resolvieron tomarse una foto. En las caras de algunos de los comandantes se reflejaba el deseo de figurar junto a él.
Vendría entonces otra noche y otro día iniciado anticipadamente a las 4 de la mañana. Las conversaciones se reanudaron. El primero en hablar fue Guaracas, un hombre entre 35 y 40 años, rudo, fuerte, un guerrero de mucha confianza de las FARC. En forma directa, sin ambages, dijo: "Nos gusta la amnistía, nos gusta el presidente".

No tenía mucho mas que decir. Marulanda tomó entonces la palabra. Obeso, a pesar de un cinturón con el que martiriza su protuberante abdomen, con una inteligencia, sin muchos matices, directo dijo: "Nos gusta la amnistía, estamos de acuerdo con que no es la paz, sino el camino para la paz. Tiene defectos, pero lo más importante ahora es lo de la apertura política". Ponía el dedo en la llaga, tocaba uno de los puntos neurálgicos que se habían señalado en la cumbre política adelantada en el ministerio de Gobierno durante el mes de noviembre pasado.
Arenas tomó luego la palabra y ratificó la posición de Tirofijo: "Creo en la Comisión de Paz y en sus miembros. Queremos hablar con ustedes permanentemente. Creemos que Belisario quiere la paz, pero los militares no van a dejar que la paz se haga"
La reunión finalizó con una declaración del propósito de realizar reuniones posteriores y una frase: "Tal vez no somos capaces de tomarnos el poder, pero el Ejército tampoco es capaz de acabar con la guerrilla". Curiosa y paradójicamente, un año antes, los miembros de la Comisión de Paz habían escuchado lo mismo en palabras del general Forero Delgadillo. "No somos capaces de acabar con la guerrilla, pero ellos tampoco son capaces de tomarse el poder". Los dos contrincantes coinciden en lo mismo. ¿Qué ha pasado desde entonces? ¿ Por qué hay un momento en que aparecen congeladas las relaciones y que parece que los chulos del diluvio que anuncian el fracaso de la amnistía tienen la razón?

El excesivo hermetismo, por una parte, y el coro que canta el fracaso de la amnistía, unido a disidencias internas que han hecho que mientras el Estado Mayor de las FARC condene el secuestro, la extorsión y el terrorismo, otros continúen con esas prácticas, son factores que han alimentado el pesimismo y minado la credibilidad en la bondad política de la amnistía. Lo cierto es, sin embargo, que el gobierno mantiene su voluntad política y que desde esa primera entrevista de la Comisión de Paz con el Estado Mayor de las FARC, no ha habido un solo mes en que no se haya intentado profundizar el proceso.
Un sistema de "propios" ideado entonces, se ha institucionalizado como medio de comunicación entre la Comisión y las FARC. Desde enero a hoy se han hecho 17 contactos, el último de los cuales se efectuó el jueves 27 de octubre. El problema parece ser ahora el de los secuestrados, pues si efectivamente como se cree y ha sido denunciado, las FARC tienen personas actualmente en su poder y han continuado las prácticas del secuestro, no sería posible seguir adelantando conversaciones, porque la amnistía no los estaría cobijando. Lo que parece haber en el fondo, y es esa la ambiguedad que percibe la opionión pública en las acciones de las FARC, es que hay divisiones internas. Aunque Tirofijo condenó el secuestro, la extorsión y el terrorismo, como expresión de su voluntad para llegar a la paz, al parecer algunos de sus frentes no han acatado la orden.
Acataría significaría, según lo analizan algunos observadores, la entrega y la evidencia de que la paz va ha hacerse, lo cual probablemente no les conviene a todos, pues no es lo mismo aquellos que llevan 20 años o más en la guerrilla, que aquellos que llevan 5 o menos años y que pueden ver truncada su carrera militar.
Lo que si parecería claro es que la edad de Marulanda y Arenas es un factor determinante. Son jefes indiscutibles sin los cuales dificilmente el movimiento tendría el peso que actualmente lo caracteriza, y lo que ha sido un ejército podría desintegrarse por luchas internas por el poder. Por otra parte, hay indicios para pensar que, después de tantos años, Marulanda y Arenas han llegado a la conclusión de que la vía no es la guerrilla, pero que van a pelear hasta el día antes de la paz, que en "plata blanca" significa la institucionalización de un marco razonable equitativo y legal que dé juego político a los alzados en armas, sin que ello signifique su entrega. Y hay todos los indicios de que se ha redactado una contrapropuesta a una propuesta enviada por las FARC, por medio de la cual pensaban obligar a Betancur a dar pasos más definitivos para concretar el proceso de la paz. En el fondo, lo que se esta buscando es un cese al fuego y aunque hay optimismo y voluntad política por parte del presidente y de la Comisión de Paz para lograr el objetivo de la paz, lo cierto es que la opinión pública siente que las FARC, como en su momento el M-19, practican el famoso refrán popular: "A Dios rogando, y con el mazo dando".

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