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| 1/18/1993 12:00:00 AM

HISTORIA DE UNA INFAMIA

El mejor bachiller de Colombia se encuentra entre la vida y la muerte por una bomba del ELN. Esta es su historia.

BELENCITO ES UN PUEBLO apacible. De calles anchas y frondosos árboles. Allí la vida transcurre sin la zozobra en la que viven el resto de los colombianos. Es un remanso de paz y tranquilidad, donde las puertas de las casas permanecen de par en par porque no hay ladrones, ni secuestradores y mucho menos guerrilla.

Pero desde hace dos semanas la vida dió un giro de 180 grados para las 200 familias de Belencito. Todos permanecen con el credo en la boca a la espera de que Julian Sosa Molano, el joven estudiante que fue víctima de una bomba que explotó en el hotel Orquidea Real de Bogotá, cuando era premiado como uno de los mejores bachilleres del país no quede paralítico de por vida.

Desde el pasado 10 de diciembre, cuando sus habitantes se enteraron de la trágica noticia, en Belencito se apagaron las luces y las celebraciones de Navidad para darle paso a las camándulas y a los "Padrenuestros". Todas las noches las 200 familias se congregan en la pequeña capilla que hay en la ciudad, para entregarse a la oración. Lo hacen hasta la madrugada, cuando el intenso frio los obliga a refugiarse en sus casas. Ellos tienen una fe ciega en que Julian volverá a caminar y en que un día, no muy lejano, retornará a Belencito, movilizandose por sus propios medios. Entonces, en el parque principal, montaran una fiesta sin fin para celebrar el regreso.

Mientras el milagro ocurre, todos los habitantes de Belencito no ahorran palabras de admiración para Julian, un adolescente de 17 años que durante su corta vida se destacó como un gran estudiante y que se convirtió hace un mes en el tercer mejor bachiller del país, al lograr en la prueba del Icfes 385 puntos sobre 400.

Pero esa no es la única distinción en su palmares. Logró el segundo lugar en el concurso del mejor bachiller de Boyacá que realizó la siderúrgica de Acerías Paz del Rio, y que más que un concurso es un certamen para subvencionar los estudios universitarios a los 10 mejores bachilleres de esa zona del país.

Ocupó, también, el primer lugar en el concurso de física que se realizó con todos los bachilleres del país y alcanzó el tercer puesto a nivel nacional.
Además fue premiado como el mejor alumno de los últimos 10 años en el Seminario Diocesano de Duitama, donde alcanzó un promedio de 9.60 en sus calificaciones.

Por eso, en Belencito, Julian es más que un adolescente desgarbado, de ojos brillantes y voz chillona, pues para todos los habitantes no hay en el resto del país un joven con las capacidades intelectuales y morales como las que el posee.

Y por eso Ecopetrol lo seleccionó para rendirle un homenaje. Y fue allí, en medio de esa celebración, donde se encontró a boca de jarro con la muerte. Ese día, en compañía de otros 30 estudiantes del país, asistió a un coctel en el hotel Orquidea Real para recibir la condecoración que le daba Ecopetrol. Cuando se disponí a abandonar la reunión, en compañía de su madre y uno de sus mejores amigos, se acordó que tenía que subir al piso 35 del hotel para arreglar con los organizadores de la premiación la manera en que recibiría un dinero con el que financiaría sus estudios de Ingenieria de Sistemas en la Universidad de los Andes. En ese momento se escuchó una gran explosión, que se originó en un carro bomba colocado en el hotel por miembros del ELN, en una oleada de terrorismo que se desató esa noche en Bogotá. Como resultado de la explosión se desprendió una viga en el cuarto donde el se encontraba, y un pedazo de concreto cayó sobre sus piernas, hiriendolo gravemente. Minutos después fue conducido al hospital San José donde llegó agonizante.

Esa noche Belencito estaba de rumba celebrando el éxito de Julián. Pero las noticias en televisión cortaron de un tajo la fiesta, y todo se convirtió en llanto. Y mientras los habitantes de la ciudadela se reunían en el parque principal a la espera de noticias, un equipo de medicos comenzó la primera de las tres operaciones que le han hecho a Julián. Tres médicos reconstruyeron hueso por hueso sus dos piernas, que quedaron totalmente destruidas. Dos días después, el equipo de científicos realizó una segunda intervención en su columna vertebral. Y no había terminado su recuperación cuando de nuevo fue llevado al quirófano para una tercera operación. Esta vez los facultativos intervinieron de nuevo sus piernas. Todo en una semana.

Y todo como prueba de la fuerza de Julián. Los médicos, en efecto, no han ocultado su asombro por la resistencia que ha tenido y por su sorprendente recuperación. Y han asegurado que sólo se explica por la vida sana que ha llevado este brillante bachiller. Como lo afirmaron sus profesoros, Julián no era Sólo un "cuaderno" o ratón de biblioteca. También ha sido un consagrado deportista. Y como en el estudio, en la natación alcanzó a cosechar muchos triunfos. En los campeonatos regionales de Boyacá fue premiado como el mejor nadador en los estilos de mariposa y pecho. Y a nivel nacional alcanzó la medalla de bronce en los juegos intercolegiados. "El es una persona que nunca ha aceptado ser segundo en ninguna de las metas que se ha trazado en su vida. Cuando estudio la primaria alcanzó el premio excelencia, que lo consagro como el mejor escolar que ha tenido la escuela de Belencito. El promedio de sus notas fue de 9.80. Cuando llegó al bachillerato fue lo mismo y cuando un día decidió ser deportista también soñó con ser el primero", dijo Angela de Torres, una de sus vecinas.

La vida de Julián ha transcurrido de reto en reto. Siempre ha querido ser el primero en todo y cada vez que se lo ha propuesto lo ha logrado. Pero esos retos y esos éxitos nunca lo han convertido en un adolescente sobrador. Por el contrario, es un muchacho tímido, de pocas palabras, que todos los días salía de su casa rumbo a la de sus amigos para ayudarles en sus tareas.

Julian es hijo de un ingeniero que trabaja en Paz del Rio y de una licenciada en educación. Es el mayor de tres hermanos y el primero de la familia en llegar a la universidad.
Se presentó en tres y en las tres logró pasar con la mejor calificación en el exámen de admisión.
Al final optó por elegir Los Andes, para convertirse a la vuelta de cinco años en un profesional de los computadores.

Pero a pesar de haber logrado un cupo en la universidad y de haberse convertido en uno de los mejores bachilleres del país, Julián no estaba alegre. Sabía que tenía que abandonar a Belencito, ese remanso de paz y tranquilidad donde ha vivido sus 17 años.
Allí, no sólo estaban sus amigos, su novia, sus familiares, sino la tranquilidad que ningun otro lugar del país le podía brindar. Por eso, el día que tuvo que partir para Bogotá a recibir el premio de Ecopetrol estaba asustado y le pidió a su madre que lo acompañara."Se sentía desamparado, siempre había dicho que Bogotá era una especie de selva donde sólo sobrevivía el más duro, donde la violencia y el atropello estaban por encima de cualquier valor".

Quizás por eso, el día de su graduación escribió un discurso sobre el respeto a la vida y le pidió a todos sus compañeros nunca olvidar los principios de respeto y lealtad. Y al final de las cuatro páginas que leyoó, se refirió a la violencia. Esa que para el tiene al país al borde del precipicio. Y se despidió de sus compañeros diciendoles que todos juntos tenían que luchar por la nueva Colombia, porque en ellos estaban cifradas todas las eperanzas de un mañana lleno de alegría y paz.

Lo que nunca imaginó fue que esa violencia, a la que hizo referencia el día que fue premiado como el mejor de su colegio, se fuera a ensañar con el y que por poco le costaría la vida.

Hoy, Julián está recluido en una cama de la sección de cuidados intensivos del hospital San José. Por delante tiene el reto más grande que se ha impuesto en su corta vida: volver a caminar. Ya dió el primer paso: despertar del estado de coma en el que estuvo durante tres días. El día que abrió los ojos le dijo a sus padres: "Volveré a mi casa por mis propios medios, cueste lo que me cuesle". Por eso su vertiginosa recuperación tiene admirados a los médicos, y aunque las posibilidades de que un día vuelva a caminar son remotas, con Julián nada se puede predecir. Como el mismo se lo dijo a su padre: "Amanecerá y veremos". -
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