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| 11/16/1992 12:00:00 AM

HISTORIA POR ENTREGAS

La semana pasada, los fugitivos de La Catedral siguieron llegando a Itagüí.

HISTORIA POR ENTREGAS HISTORIA POR ENTREGAS
HISTORIA POR ENTREGAS
A LAS TRES DE LA MAÑANA del jueves 15 de octubre, Luis A Carlos Aguilar Gallego, alias "el Mugre", llegó a Medellín después de un largo viaje por tierra que lo condujo de la Costa Atlántica al Valle de Aburrá. En un automóvil, y acompañado por dos mujeres y dos hombres, atravesó el corazón de la capital antioqueña para tomar la vía de Las Palmas, que conduce al aeropuerto de Rionegro. A la altura de la represa La Fe, a 20 minutos de Medellín, este hombre, señalado por los organismos de seguridad como uno de los jefes de seguridad de Pablo Escobar, se alojó en una finca a la espera del santo y seña de sus abogados para entregarse a la Fiscalía Regional de Antioquia.
A las 10 de la mañana de ese día un grupo de agentes del DAS inició, en los alrededores de la represa La Fe, un operativo en busca de una banda de delincuentes. Treinta minutos más tarde llegó a la finca donde estaban hospedados "el Mugre" y sus acompañantes. Los detectives ingresaron sorpresivamente a la vivienda y encontraron en la sala principal a William Trujillo, Juan Carlos Díaz y una mujer. Los tres fueron detenidos por el porte ilegal de armas y de inmediato fueron conducidos a las dependencias del DAS en Medellín.
Lo que nunca supieron los detectives fue que allí, en esa casaquinta, en una de las habitaciones del segundo piso, se encontraba Carlos Aguilar. Este, al detectar la presencia de los hombres del DAS, saltó por una ventana y logró ponerse a salvo escondiéndose en un bosque de pinos que rodeaba la finca. Solo y ante la posibilidad de ser capturado, "el Mugre" se desplazó, a pie, rumbo a Medellín. A las 12:30 del día hizo contacto con sus abogados, quienes se comunicaron con el fiscal regional de Antioquia, Ricardo Perdomo, para anunciar la entrega del séptimo hombre que se había fugado de La Catedral.
Vestido con una especie de sotana blanca, que le daba la apariencia de un fraile, Aguilar se entregó al Fiscal de Antioquia a las 2:30 de la tarde. Pero su odisea no terminó ahí. Cuando se dispuso por parte de la Fiscalia su trasladó a la cárcel de Itagüí, en el mismo carro blindado donde habían sido llevados los otros seis hombres del cartel de Medellín que se habían entregado, Aguilar se opuso. Los hechos ocurridos en la mañana lo tenían nervioso. Sabía que dos veces, en el mismo día, no podía contar con la misma suerte, y en su desplazamiento hacia la prisión de máxima seguridad temía por un atentado. Por eso sus abogados solicitaron mayores medidas de seguridad para su traslado a la cárcel.
Se propuso, entonces, que el carro de la Fiscalía fuera escoltado por soldados de la IV Brigada. Pero la propuesta no surtió efecto. Entonces el Comandante de la Policía Metropolitana de Medellín ofreció los servicios de su institución para llevar a Aguilar hasta la prisión. "El Mugre" no estuvo de acuerdo, pues los acontecimientos de las últimas semanas, donde habían sido asesinados cerca de 30 agentes de ese organismo, no era prenda de garantía para su seguridad. Por ello fue necesario realizar consultas con el alto Gobierno, que a esa horan del jueves se encontraba en un consejo de seguridad para solucionar el impasse. Con el aval de los altos mandos de la Policía, finalmente, se decidió que una escolta -conformada por 30 motos- fuera la responsable de llevar con vida a "el Mugre" a la prisión de Itagüí. Misión que terminó a las 7:30 de la noche de ese día, en uno de los operativos de seguridad más espectáculares montados en Medellín en los últimos tiempos.
Con esa entrega, y cuando todo parecía estar en orden, después de que siete de los nueve hombres que acompañaron a Pablo Escobar en la fuga de La Catedral ya estaban tras las rejas, los operativos se suspendieron intempestivamente al mediodía del viernes pasado por el asesinato de los escoltas de Carlos Aguilar.
Los dos hombres que fueron detenidos en la finca donde se encontraba Carlos Aguilar pasaron la noche del jueves en los calabozos del DAS, mientras que se definía su situación. Y fueron asesinados segundos después de recobrar su libertad, a 300 metros de las dependencias de este organismo de seguridad.
El crimen fue cometido por dos hombres que se movilizaban en moto. El cartel de Medellín, en comunicado dado a la opinión pública, señaló con el dedo acusador a los organismos de seguridad de este asesinato. Y sostuvo que mientras no se aclare quienes fueron los culpables, la entrega de Escobar y el resto de sus hombres queda interrumpida indefinidamente.
LA ESPERA
Sobre las empinadas calles de Itagüí, colindando con las montañas del sur de Antioquia, emerge de la pobreza el populoso barrio de San Francisco. El lugar donde están puestos los ojos del mundo entero. Allí, donde desemboca la calle principal que serpentea loma arriba, está localizada la cárcel de máxia seguridad de Itagüí. El sitio donde posiblemente será reducido Pablo Escobar, quien por segunda vez se someterá a la justicia colombiana. Pero el conteo regresivo para que se produzca la entrega del jefe del cartel de Medellín parece nunca acabar. Este conteo estableció que el sometimiento a la justicia por parte de los hombres de Escobar se venía gestando desde hace mes y medio, cuando el "jefe" dio orden para que sus hombres se entregaran. Pasaron las semanas, sin embargo, y ninguno de ellos le puso la cara a las autoridades.
Para que la orden se cumpliera, Escobar dio el visto bueno para que su hermano Roberto se entregara. Cuando éste último anunció su decisión se unieron "Otto" y "Popeye". Los tres, que representan la línea dura de Escobar, fueron suficiente señal de humo para que los demás siguieran el mismo camino. Fue así como durante la semana pasada, entre martes y jueves, se entregaron Gustavo González Flores, alias "Tavo"; Luis Fernando Henao Giraldo, alias "Misil"; y Luis Carlos Aguilar Gallego, alias "el Mugre".
Pero la orden de Escobar fue mucho más allá de lo que todos sus compañeros de fuga esperaban. Si no se hubiera presentado el cuello de botella con el asesinato de los dos escoltas de Aguilar, el fin de semana que terminó habrían llegado a la cárcel de Itagüí Alfonso León Puerta Muñoz, alias "el Angelito", y Edison Rivera Acosta, alias "el Palomo". Quedándose Escobar sin ninguno de los hombres con los que se voló de La Catedral.
¿ABANDONADO ESCOBAR?
Lo que nadie ha podido descifrar en este rompecabezas en que se ha convertido el episodio de la segunda entrega es por que Escobar quiere quedarse solo. En teoría esto parece una realidad, pero en la práctica la realidad es otra. Para el jefe del cartel la entrega de sus hombres no significa, necesariamente, quedar a la deriva y a tiro de cañón de las autoridades. Porque por lo menos un cordón de seguridad de 300 hombres, según las autoridades, protege su vida. Y eso, supuestamente, garantizaría que su llegada a Itagüí, sano y salvo, estaría asegurada. Pero otra cosa es su seguridad dentro de la prisión. Y esa misión es la que tienen sus hombres que ingresaron ya a Itagüí para convertir este centro en un lugar inexpugnable para los enemigos de su jefe.
Para nadie es un secreto que a la espera de Escobar están todos sus enemigos. Y más en un territorio que no es el suyo y donde tiene una gran deuda con la muerte de los hermanos Galeano y Moncada. Por eso no fue extraño que las autoridades de Medellín detuvieran, el miércoles pasado, a cuatro extranjeros que entraron ilegalmente al país, y que estaban merodeando por los alrededores del municipio de Itagüí. Según los organismos de seguridad, estos hombres hacen parte del grupo de caza-recompensas que llegaron a Medellín en busca de la cabeza de Escobar.
Sólo resta, entonces, esperar el desenlace de los hechos para saber si en esta oportunidad Escobar vuelve a salirse con la suya.

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