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| 9/25/1995 12:00:00 AM

HORA DE DECISIONES

Después de la renuncia de Noemi Sanín y de la salida inminente de Gloria Pachón de Galán, muchos se preguntan si al gobierno le llegó la hora cero. SEMANA analiza.

SEGUN NOEMI SANIN FUE EN EL VUELO ENtre Londres y Atenas cuando tomó la decisión de renunciar a su cargo de embajadora de Colombia ante el Reino Unido. Pensaba pasar una semana de vacaciones en la cuna de la democracia acompañada de su hermana Nora, cuando en pleno vuelo le surgió un pensamiento". Tal vez fue porque en los aviones el ocio, la monotonía y la falta de teléfono lo ponen a uno a pensar más -dice Noemí-. Pero el hecho es que súbitamente se me ocurrió que yo no tenía porqué estar yendo a Grecia, sino que más bien tenía que renunciar para poder participar en lo que estaba sucediendo en Colombia".
Posteriormente llegó a Atenas visitó el oráculo de Delfos, donde según la mitolagía griega estaba el lugar que visitaban los ciudadanos para preguntarle a una sacerdotisa por su futuro. Esa visita no hizo sino confirmarle la decisión tomada en el avión y por eso al día siguiente regresó a Londres. Comenzó a escribir su carta de renuncia a mano en el vuelo de regreso. La terminó al llegar a la capital británica y en total elaborarla le tomó 15 horas. Tan pronto finalizó la releyó y quedó satisfecha. Se la pasó entonces a su hermana Nora, quien compartió este sentimiento.
Noemí Sanín afirma que sólo tres personas tuvieron conocimiento del contenido de su carta de renuncia antes del presidente Ernesto Samper. Sin embargo, se niega a dar nombres afirmando que se trataba de una consulta confidencial. Puntualiza, sin convencer del todo, que se trataba de tres personajes latinoamericanos y que ninguno era colombiano. La razón por la cual no habría buscado la opinión de sus compatriotas era porque no quería comprometer a nadie ni ser presionada para cambiar de opinión. En todo caso sus tres asesores anónimos le dieron la bendición al texto y desde ese momento la suerte estaba echada.
Procedió entonces a enviar el documento por fax al despacho del presidente Samper en la Casa de Nariño. Posteriormente lo llamó por teléfono pero éste no pasó porque se encontraba en la ceremonia de posesión del nuevo ministro de Defensa, Juan Carlos Esguerra. Cuando poco tiempo después le hicieron llegar el fax con la carta de renuncia, Samper la leyó con detenimiento y se impactó profundamente. A partir de ese momento Ernesto Samper y Noemí Sanín no volvieron a hablar.
La carta de renuncia de Noemí Sanín era un documento bien elaborado que tenía un poco de todo. "Tengo que recobrar mi plena autonomía y mi capacidad de expresión, análisis y crítica frente a la grave crisis que vive la Nación", escribió la embajadora como argumento central de su decisión. Posteriormente procedió a hacer una serie de llamados a la necesidad de llevar la investigación sobre la financiación de la pasada campaña electoral con toda claridad y transparencia hasta sus últimas consecuencias. Hasta ahí todo el mundo estaba de acuerdo. Pero la misiva incluía dos o tres alusiones que iban más allá de la independencia crítica que reclamaba. La que más llamó la atención fue: "El proceso que se ha iniciado en los últimos meses, a pesar de ser doloroso, es una señal clara de que Colombia busca, a través de sus instituciones, un norte digno".

UN GOLPE DURO
Tal vez de todos los golpes que ha recibido Ernesto Samper en el calvario que está atravesando, este ha sido el más duro.
Buscar un norte digno quiere decir que el actual es indigno. Y esa es una acusación que él esperaba de todo el mundo menos de Noemí Sanín. Desde que el 'Medinagate' explotó con la confesión de Santiago Medina, la embajadora en Londres había sido una de las confidentes más cercanas al Presidente. Todos los días hablaban por teléfono. Escuchaba sus consejos y creía en su criterio. Era el resultado de una amistad que había nacido hace un cuarto de siglo cuando eran compañeros de clase en la Universidad Javeriana y que se había venido consolidando gradualmente en las duras y en las maduras. Ernesto Samper, un hombre que toda la vida ha sabido separar los conflictos políticos de las relaciones personales, por primera vez en su vida no pudo. Y en un gesto inusual a su personalidad bonachona y cordial decidió romper relaciones con Noemí Sanín.
La opinión pública no recibió la renuncia en términos tan radicales. Aproximadamente la mita consideró su actitud patriótica y la otra mitad oportunista. Por su parte, los medios de comunicación, adoradores de Noemí hasta esa fecha, la trataron duro. Por primera vez Noemí Sanín descubrió la diferencia que hay entre ser Ministra estrella de un gobierno y candidata a la presidencia. Respecto a la controversia que suscitó su renuncia afirma: "Tengo 46 años y asumo todas las consecuencias de mis convicciones. Estoy segura que con el tiempo cada línea de mi carta va a ser entendida".

HAGAN SUS APUESTAS
No es imposible que tenga razón. La mayoría de los observadores políticos considera que la futura candidata asumió un riesgo calculado. Ella no está jugando a corto plazo. El que hace una apuesta pasa de oportunista a visionario si la gana. Y cada vez son más los políticos, empresarios y periodistas que decidieron apostarle a la caída del gobierno.
El primero en hacer esa apuesta fue Juan Manuel Santos. Al igual que Noemí Sanín invocó toda suerte de principios patrióticos y también al igual que Noemí fue objeto de críticas iniciales. Pero independientemente de las convicciones personales, la apuesta política es la misma: a que Samper se cae. Ambos saben que la batalla no es de días sino de meses y tal vez de años, y quieren estar posicionados desde ahora. Nadie quiere dejar la bandera de la moralización y la transparencia en manos del cura Bernardo Hoyos o de Andrés Pastrana, quienes también quieren ser presidentes. Es prematuro hoy por hoy saber cuál ganará, pero lo único que es seguro es que en 1998 no va a haber candidato oficialista.
Sin embargo, los aspirantes a la presidencia no son los únicos que abrieron rancho aparte. La mazorca se está desgranando. Varios columnistas de prensa tomaron la decisión de distanciarse del Presidente. Y aunque lentamente, algunos representantes del sector empresarial están contemplando esa posibilidad. El primer gremio en hacerlo fue Andigraf -Asociación Colombiana de Industrias Gráficas- la semana pasada. Aunque no se trata de un peso pesado en lo que a gremios se refiere, su director, Alberto Umaña, dio el primer rugido institucional del sector privado a favor de una definición radical de la actual crisis.
Al cierre de esta edición se rumoraba la inminente renuncia de Gloria Pachón de Galán a la embajada en París. Su renuncia nada tiene que ver con el juego de poder de la sucesión presidencial. Pero su condición de viuda del mártir del liberalismo sacrificado en la guerra contra el narcotráfico, le da a su renuncia igual o más peso que la de cualquier candidato. La señora de Galán había tenido un permanente conflicto entre su lealtad a la causa de su marido y su lealtad al gobierno. Ante acusaciones graves de que la campaña liberal fue financiada en gran parte por el cartel de Cali su situación era muy difícil. Su marido perdió la vida luchando para que estas cosas no sucedieran en Colombia. Y ahora ella estaba de embajadora de un gobierno seriamente cuestionado en esta materia. Como si fuera poco, el hombre que está conduciendo la investigación sobre todo este asunto es Alfonso Valdivieso, primo hermano de Luis Carlos Galán. Por todo esto su decisión fue muy concreta: nada de chismes, nada de interpretaciones personales y nada de gestos dramáticos. Renunciar solamente si había una providencia de las autoridades judiciales sobre el asunto. Y el primer pronunciamiento serio en esta dirección es el auto de detención de la Fiscalía en contra del ex ministro Fernando Botero, después de su indagatoria de la semana pasada. auto que se consideraba inminente al cierre de esta edición.
El anterior panorama le ha dado a la crisis una dinámica nueva. Deja la sensación de una cascada de deserciones que pueden 'tumbar' al gobierno. Para los antisamperistas el conteo regresivo ha comenzado. La hora cero está a la vista. Sin embargo, esta es una interpretación simplista o por lo menos prematura. El relevo de un Presidente es un proceso enormemente complejo y Ernesto Samper todavía cuenta con algunos ases en la manga que le permiten tener cierta capacidad de maniobra.

ASES EN LA MANGA
En primer lugar, todas las encuestas de la semana pasada, incluyendo la de esta revista, demuestran que todavía la mitad de los colombianos está con él. Su desprestigio es intenso dentro de la clasé dirigente pero normal en los otros estratos sociales. A nivel alto existen sectores que consideran que las informaciones que se han revelado sobre gigantescas cantidades de dineros calientes en la financiación de la pasada campaña hacen de Ernesto Samper un presidente indigno. Pero este es un sector minoritario y elitista que está concentrado sobre todo en Bogotá y en las principales capitales. En la provincia la gente tiene otras prioridades. Su vida cotidiana sigue igual y no los trasnocha ni el Watergate colombiano ni el proceso 8.000. Sus problemas diarios son costo de vida, desempleo, inseguridad, etc., y lo que les interesa es la solución de esos problemas y no el anillo de Elizabeth de Sarria.
En cuanto a las acusaciones contra Ernesto Samper no logran entender muy bien cuál es el escándalo. No les parece novedoso ni grave que el poder económico del narcotráfico, con el cual han convivido desde hace más de una década, participe en las elecciones. Esta división de Colombia entre dos países totalmente diferentes hace que Ernesto Samper no tenga un problema de opinión pública inmanejable.
Por otra parte, a pesar de todo lo que se ha demostrado, hasta la fecha no existe todavía una prueba contundente de que el Presidente sea penalmente responsable de ninguna de las irregularides cometidas. En su contra no hay aún sino dos o tres testimonios de conversaciones breves que no tienen carácter probatorio. La Comisión de Acusaciones de la Cámara, presionada por la opinión pública, va a hacer un trabajo mucho más serio de lo que anticipan los escépticos. Pero a menos de que ingresen nuevas informaciones al proceso no existen fundamentos jurídicos para abrirle un juicio a Ernesto Samper. Puede atribuírsele, probablemente con razón, una responsabilidad política sobre la financiación de su campaña. Sin embargo, la responsabilidad política no se traduce automáticamente en una responsabilidad penal. Igualmente pueda presumirse que es absolutamente imposible que un candidato no pueda enterarse de miles de millones de pesos que ingresan a su campaña. Al fin y al cabo los narcotraficantes que dan ese dinero, lo hacen exclusivamente para contar con la gratitud del jefe de Estado ante una eventual negociación. Tampoco es lógico que los subalternos de la campaña que manejan esos recursos cometan delitos de cárcel para elegir presidente a una tercera persona sin que ésta se entere. Pero todos estos raciocinios no son más que especulaciones sin ninguna validez jurídica. Como están las cosas, el único que puede vincular penalmente al Presidente es el ex ministro Fernando Botero, y se sabe que no lo ha hecho.

PASO LO PEOR
A pesar de que todas las semanas aparecen pruebas sobre las irregularidades en la financiación de la campaña, nada de lo que aparezca de ahora en adelante puede ser tan grave como lo que ya si han visto los colombianos. Era prácticamente imposible que cualquier gobierno pudiera sobrevivir a la indagatoria de Santiago Medina, cuyas acusaciones de acuerdos de financiación entre la mafia y la campaña liberal eran espeluznantes. Samper, no obstante, aguantó el chaparrón y lo sobrevivió.
Después de eso parecía absolutamente imposible que pudiera sobrevivir al 'carcelazo' de Fernando Botero, pues esto representaba una confirmación jurídica de cargos que hasta ese momento no eran sino chismes. Y también lo sobrevivió. Ahora con estas dos etapas superadas, todo lo que pueda venir es de menor calibre. La exoneración o condena de Fernando Botero que sería lo único grande pendiente, puede tomar entre dos o cinco años con apelaciones, pues el juicio sólo comienza el año entrante.
Fuera del fallo final sobre Botero todo es menor. Pueden seguir apareciendo múltiples testimonios que confirmen la acusación central de Medina como sucedió la semana pasada con el testimonio del publicista Mauricio Montejo, quien reconoció que Alberto Giraldo le había pagado 190 millones de pesos en efectivo. Todas estas confirmaciones por gotero no hacen sino debilitar gradualmente al gobierno.
Pero lo que queda por definirse es en qué momento una sucesión de temblores se convierte en un terremoto.
Tal vez lo que más ha ayudado a Ernesto Samper a permanecer en el poder, es la incertidumbre que hay sobre su hipotético reemplazo. Sobre esto ha habido mucha confusión. Muchos han hablado de juntas militares por golpe de Estado, de manzanillos en el poder elegidos por el Congreso, y muchas cosas más. La realidad jurídica es la siguiente. Si Ernesto Samper renuncia, de conformidad con la Constitución su sucesor tendría que ser el actual vicepresidente Humberto de la Calle. Políticamente esto tiene reservas puesto que se afirma que los dos fueron elegidos por el mismo dinero.
Sin embargo, la legitimidad de la elección no está en tela de juicio. La investigación está determinando responsabilidades individuales dentro del manejo financiero de la campaña, pero no la legalidad de la elección como tal. Pero si llega a demostrar que Humberto de la Calle participó en las actividades irregulares, o incluso que tenía conocimiento de lo que estaba sucediendo, quedaría inhabilitado moral y políticamente. Por lo tanto no bastaría sino que entre todas las investigaciones que está llevando a cabo Alfonso Valdivieso, apareciera una sola prueba de que Humberto de la Calle estaba al tanto del origen de los recursos, para que éste no pueda reemplazar a Ernesto Samper. En ese caso la elección quedaría en manos del Congreso. Mientras esta prueba no aparezca su derecho de sucesión es automático. Lo único que puede modificar ese panorama, sería la renuncia voluntaria de De la Calle.

FALTAN LOS IMPORTANTES
Hasta ahora sólo han pedido la renuncia del Presidente en forma directa el ex ministro Enrique Parejo González, el periodista Jorge Child, el padre Bernardo Hoyos y otras voces aisladas. Ni siquiera Andrés Pastrana la pidió sino que se limitó a pedir una licencia. En forma indirecta la necesidad de esta renuncia ha sido insinuada por varios políticos, empresarios y periodistas, cuando deciden distanciarse del gobierno. Pero en todo país hay unas contadas personas que tienen el peso ante la opinión pública para las grandes decisiones. Hay políticos de políticos, empresarios de empresarios y periodistas de periodistas. Que Enrique Parejo pida una renuncia es totalmente diferente a que lo hagan los expresidentes. En cuestión de gremios hasta que la Andi y Fenalco no se pronuncien, nada es definitivo. En cuanto a los medios de comunicación lo único individualmente decisorio sería un editorial del periódico El Tiempo. Y en lo que se refiere a empresarios, para que se produzca un relevo de gobierno se necesita un consenso entre Julio Mario Santo Domingo, Carlos Ardila Lulle y Luis Carlos Sarmiento. En el campo intelectual, la única voz de impacto nacional es la de Gabriel García Márquez.
El puñado de personas que tiene capacidad decisoria en estas materias nunca se apresura. Hasta ahora todos los citados arriba respaldan al presidente Samper y se requieren hechos jurídicos incontrovertibles para que le quiten este respaldo de la noche a la mañana.
Por todo lo anterior y pese a las renuncias de estos últimos días, Ernesto Samper está en la situación de un boxeador que está siendo duramente golpeado contra las cuerdas, pero que todavía no ha sido enviado a la lona. Pero que no esté caído no significa que le esté yendo bien al país. El está totalmente decidido a no renunciar por considerar que este acto equivaldría a una culpabilidad que él no reconoce. Es un raciocinio lógico que sin embargo en un momento dado puede enfrentarse a realidades más fuertes. La supervivencia de este gobierno no depende tanto de la tenacidad del Presidente sino de su capacidad de gobernar. En medio de esta crisis esta capacidad está bastante disminuida. La prolongación indefinida de la situación actual no es viable durante tres años. El Acuerdo Nacional contra la Violencia le ha dado al Presidente por ahora un aire, pero sólo resultados rápidos, concretos y contundentes en materia de orden público harán que los colombianos recobren la credibilidad en Ernesto Samper Pizano. Ese mismo tipo de resultados van a serle exigidos también en materia económica, pues muchas de las voces decisorias que hoy lo rodean están dispuestas a aguantarse un escándalo de dineros calientes, pero no que la economía del país se vaya a pique por cuenta de éste.
De la evolución en la situación de orden público y de la situación económica dependerá el aguante de los colombianos. Lo grave es que los resultados tienen que aparecer a corto plazo y el tiempo corre. Habrá que ver si Ernesto Samper, quien es el político colombiano que más veces ha resucitado cuando ya lo dan por muerto, logra repetir esta hazaña en el momento más importante de su vida.
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