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| 3/24/2011 12:00:00 AM

"Hoy la paz la tenemos que construir primero con las víctimas y no con los víctimarios"

Rafael Pardo, jefe del Partido Liberal, contó como fue que los procesos de paz en los que participó influyeron para llevar al país a la Constituyente de 1991. "Ninguna negociación prospera sin un ambiente nacional favorable", dice.

Rafael Pardo Rueda es uno de los líderes políticos que más conoce el conflicto armado colombiano. Como académico y escritor ha demostrado el estudio profundo del fenómeno de la violencia a través de publicaciones como: De primera mano, Colombia 1986-1994, entre conflictos y esperanzas (1996); La Historia de las Guerras (2005); y Fin del paramilitarismo ¿Es posible su desmonte? (2007).

Como negociador, fue Consejero Presidencial para la Paz del gobierno de Virgilio Barco, desde 1998 hasta 1990, período en el cual logró pactar los acuerdos de paz con el M-19, el EPL, el PRT y el Quintín Lame, lo que además lo hace un protagonista del proceso de paz que ayudó a llevar al país a la Constituyente de 1991.

Pardo habló con el jurista Gabriel Bustamante Peña sobre cómo la Constitución se erigió como pacto de paz y de qué manera se dieron las conversaciones para lograrlo, en medio de uno de los períodos más violentos de nuestra historia.
 
Gabriel Bustamante Peña: En 1988, cuando usted es nombrado Consejero Presidencial para la Paz, estaba viva la imagen en llamas del Palacio de Justicia que sentenció el fracaso de las negociaciones de paz de la era Belisario Betancur, además, hay que sumar a la arremetida de la violencia social y política, la guerra declarada por el narco-terrorismo contra el Estado colombiano. ¿Cómo se logró volver a poner como prioridad en la agenda el tema de la paz en medio de este ambiente de conflictividad extrema y desesperanza generalizada?

Rafael Pardo Rueda: No fue nada fácil, por esto hay que destacar la actitud del presidente Barco de reconocer y mantener la propuesta de paz de Betancur, aunque con diferentes condiciones y haciendo un énfasis especial en el cese al fuego. En ese momento, el único proceso de negociación que aún persistía era el de las FARC, pero esta guerrilla terminaría por desconocer el cese de hostilidades, el proceso no avanzó y terminó rompiéndose también en 1987.
 
En 1988, dada la situación de orden público, el gobierno de Barco comenzó a plantear la idea de un plebiscito para reformar la Constitución. Sin embargo, la idea tiene la oposición del partido Conservador y la situación se torna más aguda con el secuestro de Álvaro Gómez por parte del M-19. Luego, por medio de un acuerdo político con el partido Liberal, el partido Conservador, el Nuevo Liberalismo y la Unión Patriótica, se logró un pacto para convocar un referéndum que se conoció como el acuerdo de la Casa de Nariño, pero el Consejo de Estado tumbó dicho convenio.

Ya para 1989 aparece la idea de convocar una Constituyente con el apoyo de los partidos y, en el proceso de preparación de la misma, Luis Carlos Galán propone que se escuche a las guerrillas.

G.B.P.: En esta nueva etapa de acercamientos de paz ¿qué diferencias hubo con las del anterior gobierno?

R.P.R.: Definimos básicamente tres líneas de acción: la primera, que la guerrilla aceptara la desmovilización; la segunda, que los diálogos de paz se adelantaran con los representantes políticos, con los partidos y no con el gobierno; y tres, que el tema militar y la situación jurídica de los combatientes se adelantara con el Estado. Así se definió posteriormente la propuesta que incluía diálogo con cese unilateral del fuego y negociación de espacios políticos con los partidos. El Presidente Barco propone públicamente su iniciativa de paz, pero esta es rechazada por la Coordinadora Nacional Guerrillera. La guerrilla le apuesta entonces a desestabilizar al país por medio de la convocatoria a un paro nacional que fracasa, y es ahí donde el M-19 toma la decisión de entrar a negociar por fuera de la Coordinadora.

G.B.P.: ¿Cómo fue ese primer acercamiento?

Desde enero de 1989 se había adelantado un primer contacto con el M-19 y se invitó a participar a las Farc, quienes delegaron a la hija de Jacobo Arenas, pero en medio de los acercamientos se produce el decomiso de un cargamento de armas de las FARC, lo que dejó claro que esta guerrilla no tenía intenciones de negociar la paz, sino de fortalecerse militarmente.

G.B.P.: ¿Y cuál era el clima nacional para emprender un nuevo proceso de paz?

R.P.R.: Era inexistente. Además del desencanto, el problema central en ese momento era el narco-terrorismo, las bombas de Pablo Escobar y los múltiples asesinatos. El proceso de paz se fue haciendo camino en medio del escepticismo total. Nadie esperaba que los acuerdos con el M-19 se fueran a cumplir. Pero Pizarro y Navarro con total transparencia adelantaron la negociación y lograron la desmovilización, lo cual ayudó a generar un clima de esperanza en la sociedad colombiana. Luego vendría, lamentablemente, el asesinato de Pizarro, y ahí se vuelve clave Antonio Navarro para este país, ya que Navarro, en una actitud que nadie esperaba frente al magnicidio de su máximo líder y candidato presidencial, llama a la serenidad, a la concordia y a continuar en el proceso. En ese acto de gallardía fue que la sociedad colombiana creyó nuevamente en la paz y dijo: esta gente sí va en serio. Del entierro de Pizarro, además, surgió el proceso de paz con el EPL.

G.B.P.: ¿Qué elementos concurrieron históricamente para que estos acuerdos de paz fueran tan exitosos?

R.P.R.: El diálogo fue fructífero porque se acompañó previamente del Plan Nacional de Rehabilitación, PNR, que le quitó base rural a la guerrilla, especialmente en el Cauca; se dieron garantías políticas para participar en las elecciones y sociales para la reinserción y el proceso de elección de la Constituyente fue amplio e incluyente. Pero también se fortaleció paralelamente la presencia del ejército y se diseñó un modelo de indulto por delitos políticos, muy diferente a la amnistía total anteriormente propuesta por Betancur, proceso de indulto que se blindó de la entrada del narcotráfico y del cual se excluyeron los delitos atroces.

G.B.P.: Y los secuestros del M-19, entre ellos el de Álvaro Gómez y la toma del Palacio de Justicia ¿no fueron obstáculo?

R.P.R.: En ese entonces el secuestro se consideraba conexo con el delito político –y así fue hasta 1993- y también favoreció al proceso que un Tribunal Especial dictaminó que la toma del Palacio de Justicia fue un combate en un acto de rebelión.

G.B.P.:  ¿Cómo se cruzó el proceso de paz con el M-19 con la convocatoria a la Constituyente?

R.P.R.: La Constituyente surgió de la propuesta anterior de Barco, de la sintonía lograda con los movimientos ciudadanos y del papel importante de medios de comunicación como El Tiempo. Los acuerdos con el M-19 nunca hicieron referencia a la Constituyente. Es más, con las FARC y el EPL sí se habló en un momento de la convocatoria a una Constituyente, con el eme no. El proceso con el EPL, por ejemplo, fue clave para la decisión de la Corte Suprema de Justicia de convalidar la Constituyente y no limitar su temario. Dicho acuerdo, que incluía la posibilidad de convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, fue firmado y enviado al alto Tribunal como sustento del decreto de convocatoria. Pero hay que reconocer que fue el clima logrado en el proceso con el M-19 lo que impulso a la Constituyente en la opinión pública como un pacto de paz.

G.B.P.:  ¿Cómo tomaron ese cambio los actores políticos de la época?
 
R.P.R.: Hasta el momento la reforma de unos temas de la Constitución no incluían revocar al Congreso, pero con el escenario de una Asamblea Nacional Constituyente el dilema que surgió es ¿qué hacer con el Parlamento? Finalmente, y dada la gran expectativa nacional que había despertado la Constituyente, por un acuerdo político se aceptó revocar el Congreso pero con la condición de prohibir a los constituyentes electos aspirar luego al Parlamento. En las elecciones presidenciales de 1990 ganó César Gaviria y Antonio Navarro sacó una votación muy importante. Navarro luego lideró la naciente AD-M-19 en las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente. Además, Gaviria planteó un gobierno de unidad nacional –sin la UP y sin un sector del Conservatismo- para darle impulso a la Constituyente, gobierno cuya mayor novedad fue la participación de la AD-M-19, siendo Antonio Navarro Ministro de Salud y posteriormente Camilo González Posso.

GBP: Con la experiencia que le dan los procesos de paz exitosos que usted lideró, ¿qué elementos clave cree que se necesitan para llevar a buen término un proceso de negociación con los actores armados de hoy?

RPR: Primero, hay que partir de tener claro el concepto del conflicto armado. El Caguán fracasó porque Pastrana creyó equivocadamente que el problema era de construir confianzas y el asunto real era de poder. Y ni Pastrana ni Tirofijo manejaban realmente los hilos del poder de las fuerzas que pretendían llevar a negociar. Y Ralito se desboronó porque el gobierno pretendió darle status político a grupos armados que por esencia no podían tenerlo, luego se pervirtió al permitir desmovilizaciones individuales y no blindar la entrada de las mafias del narcotráfico. Hoy, además, el cambio en la correlación de fuerzas corre en contra de las FARC, en 1998 las marchas eran para que el gobierno aceptara el proceso de paz, en el 2008 las marchas son contra las Farc, y esto es fundamental tenerlo claro porque ninguna negociación prospera sin un ambiente nacional favorable que la legitime.

GBP: Pero, ¿el clima nacional para la paz no debería de ser reconstruido?

RPR: Si, y es exactamente lo que estamos haciendo: construir el clima nacional con la ley de víctimas, porque hoy la paz la tenemos que construir primero con las víctimas y no con los victimarios.

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