Martes, 16 de septiembre de 2014

| 1995/06/26 00:00

HOYO EN UNO

Una embajada y un fallo jurídico le arreglan el 'caminao' a Humberto de la Calle y alteran el panorama político.

HOYO EN UNO

EL MARTES 23 EN LA MANANA, EL PAIS SE DEsayunó con una sorpresa. La noticia había sido mantenida en secreto durante más de un mes por un pequeño círculo de altos funcionarios: el presidente Ernesto Samper, el vicepresidente Humberto de la Calle, el canciller Rodrigo Pardo, la embajadora en Madrid María Emma Mejía y el consejero para las Comunicaciones Juan Fernando Cristo. La idea era anunciarla a principios de junio, pero la inminencia de una filtración a los medios, que se hizo evidente cuando en Radio sucesos RCN Juan Gossaín reveló la información a manera de rumor, obligó a la Casa de Nariño a divulgar un comunicado que confirmaba las sospechas: De la Calle era el nuevo embajador en España.
La lectura del público fue bastante obvia: las contradicciones entre el jefe del Estado y el Vivepresidente habían llegado a un punto a partir del cual era necesario replantear la permanencia de De la Calle en el país. Apenas dos semanas antes, Samper había lanzado durante un discurso en Cartagena una propuesta de reforma constitucional cuyo contenido más polémico era la transformación del Congreso de la República en parlamento unicameral. De la Calle se había enterado del asunto por los periódicos. Su posición frente al tema no era fácil, pues cuatro años antes, durante las sesiones de la Asamblea Constituyente, el entonces ministro de Gobierno había expresado una y otra vez su oposición a integrar en una sola cámara al Congreso colombiano.
Presidente y Vicepresidente hablaron del asunto al día siguiente de que Samper anunciara la propuesta. De la Calle le dijo que lo había tomado por sorpresa, que la idea no había hecho parte del programa de la campaña ni de los planes de gobierno, y que él se había opuesto en la Constituyente. Samper, siempre conciliador, estuvo de acuerdo en que De la Calle mantuviera su oposición al parlamento unicameral, dentro del espíritu de que lo que se iniciaba era un período de debate y reflexión.
Pero la verdad es que De la Calle se deslenguó. En declaraciones a los medios, el Vicepresidente no sólo expuso su tesis en contra del Congreso unicameral, sino que defendió la Constitución del 91, se refirió a la nueva propuesta de reforma como "una lujuria constitucional" y planteó su oposición a que por el camino de nuevos cambios constitucionales se abriera "una brecha para regresar al pasado".
Que De la Calle tomara distancia de una propuesta presidencial era de por sí malo, pero que se ubicara del lado de quienes estaban acusando al Presidente de abrirle paso a una contrarreforma impulsada por la clase política, era ya demasiado. Sería equivocado sin embargo decir que esto fue lo que definió su nombramiento en España, pues esta decisión estaba tomada con anterioridad. En efecto, días antes de que Samper lanzara su propuesta de reforma constitucional. él y De la Calle ya habían convenido el nombramiento y la Cancillería había comenzado a trabajar en la solicitud del agreement ante las autoridades españolas. "Pero si la posición de De la Calle no originó la decisión, no hay duda de que la aceleró, pues en el cronograma que el Presidente había definido inicialmente, lo de Madrid toda vía se iba a demorar algunas semanas", explicó un asesor presidencial.
Más allá de todo esto, sin embargo, tanto críticos como defensores del Vicepresidente estuvieron de acuerdo en que su designación en Madrid era buena para él tanto como para el Presidente. A éste le quitaba una especie de piedra en el zapato, y a De la Calle lo sacaba de una posición bastante incómoda, en la que era cuestionado por la falta de funciones específicas de su cargo, así como por el creciente roce con el Presidente y su gobierno.
Pero si bien la embajada en España era una buena salida para De la Calle, lo era más en el terreno simbólico que en el de las implicaciones políticas. La verdadera bomba de la semana estalló dos días después, cuando un fallo de la Corte Constitucional fue interpretado por medios de comunicación y círculos jurídicos como una luz verde para que el Vicepresidente pueda aspirar a la Presidencia de la República en 1998, siempre y cuando renuncie antes a su cargo y no reemplace por más de tres meses al presidente Samper. De la Calle volvió así a ser noticia 48 horas después del anuncio de la embajada, pero esta vez por algo que amenaza con cambiar el futuro de la Vivepresidencia como institución, el de Humberto de la Calle como político y el panorama liberal para las próximas elecciones.
Por todo lo anterior, los anuncios oficiales de la Casa de Nariño en el sentido de que De la Calle parte para España para dinamizar, con su rango de Vicepresidente, "una gran apertura diplomática y comercial con la Unión Europea", fueron recibidos con sonrisas de sorna. Las declaraciones del Vicepresidente en el mismo sentido resultaron ridículas, pues para todo el mundo es claro que nada tenían que ver con las verdaderas razones del nombramiento y con el hecho de que, después del fallo de la Corte, Madrid, más que una plataforma para la diplomacia ante la Unión Europea, es un trampolín para la candidatura presidencial, entre otras cosas porque se trata de la escala obligada de todo parlamentario en vacaciones. Esa fórmula ya demostró su éxito en los casos de Belisario Betancur y Ernesto Samper.

AROMA DE CONEJO
El fallo de la Corte se sustentó en una serie de argumentos jurídicos sobre la posibilidad que De la Calle renuncie un año antes de que termine el gobierno, marque así el final de su período como Vicepresidente y se deshaga de la inhabilidad para aspirar a la Presidencia (ver recuadro). Pero más allá del debate jurídico, es indiscutible que la decisión del alto tribunal constitucional deja en el ambiente político un cierto aroma de conejo al espíritu de los constituyentes, quienes siempre tuvieron en la mente la idea de un vicepresidente que no pudiera, en nigún caso, aspirar a ser elegido presidente para el período siguiente. El problema parece ser que, si bien tuvieron esa idea en la mente, esto no quedó absolutamente diáfano en el texto constitucional, tal como lo demuestran el fallo de la semana pasada y algunos pronunciamientos de la sala de consulta del Consejo de Estado.
Y así como la idea estuvo en la mente de los constituyentes también permaneció en la de los colombianos hasta la semana pasada. Cuando De la Calle aceptó ser candidato a la Vicepresidencia en el tiquete de Samper, todo el mundo asumió que si esa fórmula ganaba -como en efecto sucedió- el nuevo Vicepresidente quedaría descartado para el abanico presidencial de 1998 y debería aplazar sus aspiraciones hasta el año 2002, si es que su nombre sobrevivía durante esos ocho años, algo difícil de imaginar en un país tan cambiante como Colombia. De hecho, otros aspirantes presidenciales -como los entonces ministros Juan Manuel Santos y Noemí Sanín-, descartaron de plano cualquier posibilidad de postularse para la Vicepresidencia, en el entendido de que ésta inhabilitaba para la Presidencia siguiente.
En favor del Vicepresidente puede decirse que él no tiene, responsabilidad alguna en el supuesto conejo, que al fin y al cabo obedeció a pronunciamientos de la Corte Constitucional y el Consejo de Estado. Pero lo que no se discute es que por cuenta de estas definiciones jurídicas, Humberto de la Calle se ganó una lotería política: quedó automáticamente de puntero en las encuestas de precandidatos liberales. O como dicen los amantes del golf, deporte que él practica, hizo un hoyo en uno.

LAS CIFRAS DEL VICE
Lo anterior no sólo tiene grandes implicaciones para su futuro político, que andaba bastante embolatado, sino para el del Partido Liberal, que también andaba embolatado en lo que se refiere a las elecciones presidenciales de 1998. Hasta antes del fallo de la Corte, ninguno de los precandidatos liberales sobre el tapete lucía en las encuestas en capacidad de derrotar en el 98 a los más probables aspirantes conservadores, Noemí Sanín y Andrés Pastrana, quienes marchaban a la cabeza de todos los sondeos.
Con De la Calle como recién llegado al abanico, no sólo el Vicepresidente aparece como claro ganador en una eventual consulta popular liberal con el 31 por ciento, por encima de un sorprendentemente fuerte Horacio Serpa (23 por ciento) y muy lejos de otros nombres como Fernando Botero (7 por ciento), Juan Manuel Santos (6 por ciento) y Carlos Lleras de la Fuente (5 por ciento) entre otros (ver encuesta). Además de ello, De la Calle vence por amplio margen a Andrés Pastrana en una hipotética segunda vuelta presidencial entre los dos, y empata con la hasta ahora inderrotable Noemí.
Estas cifras son bastante buenas para el Vicepresidente. Sin embargo, no hay que olvidar que pueden estar viciadas por el hecho de que la encuesta fue realizada en la semana en la cual este hombre ha tenido un cubrimiento de prensa excepcional por cuenta tanto de la embajada como del fallo constitucional. En ese sentido, habrá que esperar a que las aguas se calmen, a que De la Calle se vaya para España y moje menos prensa de la que le ha tocado en las últimas semanas, y a que el panorama se aclare aún más, para saber si las noticias que el Vicepresidente recibió la semana pasada son, además de buenas duraderas.


Pero aun con estas reservas, hay que decir que De la Calle ha corrido con suerte, como lo demuestra la forma como ha aumentado su imagen favorable desde cuando se retiró del Ministerio de Gobierno en 1993 y tenía 38 por ciento de favorabilidad, hasta diciembre pasado cuando alcanzó la cota de 65 por ciento (ver cuadro). No deja de sorprender que este hombre haya sobrevivido a los bandazos que dio desde entonces y que, en su momento, desilusionaron a muchos de sus fans. Todavía se recuerda su juramento televisado de tiempos de su precandidatura, en el sentido de que nunca aceptaría ser fórmula vicepresidencial de candidato alguno, juramento que le fue recordado el mismo día en que lo rompió y aceptó acompañar a Samper. También están en la memoria los chistes que desde que asumió el cargo y hasta horas antes del nombramiento en España y el fallo de la Corte, le han hecho Osuna en sus caricaturas y Jaime Garzón en el programa humorístico ¡Quac! Sin embargo, en materia de candidaturas presidenciales es más importante ser conocido que ser coherente, y el vicepresidente le cogió ventaja a todos sus rivales por cuenta de la pantalla que le dio su controvertido cargo.
La candidatura de De la Calle arranca siendo más que todo un fenómeno de opinión. La aspiración de Juan Manuel Santos cuenta con mucho más respaldo dentro del establecimiento político y económico. Lleras de la Fuente tiene apellido, carácter y chequeras importantes detrás de su nombre. Los ministros como Serpa y Botero cuentan con los escenarios de sus cargos, que les permiten mantenerse vigentes.
De la Calle, en cambio, no cuenta sino con encuestas. Pero en política, éstas son las que jalonan las candidaturas. Se produce lo que los norteamericanos llaman "el efecto vagón" que consiste en que así no les parezca el mejor, la plata y los votos regionales buscan pegársele al más opcionado. Eso le sucedió hace año y medio a Andrés Pastrana con su partido. No siendo particularmente respetado por los jefes regionales azules, ante su imbatibilidad en las encuestas, todos se inclinaron ante él.
En este momento, el Partido Liberal, temeroso de una humillación electoral ante la fortaleza de los candidatos conservadores, le va a comenzar a poner muchas bolas a quien, según las encuestas, puede evitar su caída del poder.
El más perjudicado con el surgimiento de De la Calle es Juan Manuel Santos quien, a pesar de que no había despegado en las encuestas, había logrado 'cuajar', en muy poco tiempo, una candidatura viable. La premisa de Santos y de los otros aspirantes liberales sera: "Si nadie tiene votos, ¿por qué no he de ser yo? " El problema para ellos es que ahora por cuenta de dos pronunciamientos jurídicos, apareció en el campo un paracaidista con votos.

¿GRAN GANADORA?
Pero más que De la Calle o que el liberalismo, sobre cuya suerte es quizás aún pronto para hacer valoraciones sólidas, hay que decir que la gran ganadora de la semana fue la Vicepresidencia como institución. Hasta hace pocos días, ese cargo creado por la Constitución del 91 parecía condenado a la desaparición. A la Vicepresidencia se le criticaba su inutilidad y su falta de funciones reales. También, el hecho de que independientemente de quien la ocupe, éste es sometido a una permanente tentación de conspirar contra el Presidente, en especial si se tiene en cuenta que, al menos en el caso liberal, el candidato tiende a escoger como compañero de fórmula a quien ha sido su principal enemigo en la consulta popular, pues es justamente él quien le aporta más votos.
Todo eso cambió dramáticamente la semana pasada. En cuanto a la inutilidad y a la falta de funciones, el nombramiento de De la Calle como embajador en España crea un precedente gracias al cual existe ya una salida para que el Vivepresidente encuentre un oficio digno, sin necesidad de morderle la agenda a algún ministro. En lo que se refiere a la tentación de conspirar, ésta puede haber desaparecido para siempre al abrírsele las puertas al Vicepresidente para aspirar a la Presidencia en el período siguiente, pues quien ocupe el cargo sabrá que para llegar a la jefatura del Estado existe un camino distinto -y de mucha mejor presentación- que pasar el día corriéndole la butaca al primer mandatario.
Las anteriores reflexiones ya están en la mente de algunos congresistas, que hasta hace pocos días pronunciaban encendidos discursos en contra de la institución vicepresidencial, y que ahora piensan que, de la noche a la mañana, la Vicepresidencia se convirtió en un cargo atractivo ahora que al parecer ya no inhabilita para la Presidencia siguiente. Como dijo a SEMANA el representante liberal Rodrigo Garavito: "Ahora se corren menos riesgos al apoyar a un determinado precandidato en la consulta liberal, pues si éste no gana, puede al menos aspirar a la Visepresidencia y, por esa vía, proyectarse para la Presidencia. En una sola semana la Visepresidencia pasó de ser premio de consolación a primer gran seco del sorteo extraordinario". ¿Quiere decir esto que las ganas de acabar con la Vicepresidencia van a desapareeer en el Congreso? No necesariamente, pero no hay duda de que los hechos de la semana pasada pueden haber cambiado bastante la dirección de los vientos que estaban soplando.


¿QUE DIJO LA CORTE?
LA DECISION ADOPTADA la semana pasada por la Corte Constitucional, y de la cual abogados y periodistas dedujeron que el Vicepresidente podría -si renuncia oportunamente- habilitarse para aspirar a la Presidencia en 1998, se originó en una demanda que en principio nada tenía que ver con el tema de la Vicepresidencia, sino con una ley del año pasado, que reglamentó el funcionamiento de los municipios. Los demandantes pedían que se declararan inexequibles apartes de dicha ley, relacionados con las incompatibilidades e inhabilidades de los alcaldes. Uno de ellos era el numeral 7 del artículo 96 que prohibía a los alcaldes "inscribirse como candidato a cualquier cargo de elección popular durante el período para el cual fue elegido (...) así medie renuncia previa de su empleo".
Con ponencia del magistrado José Gregorio Hernández, a la sazón presidente de la Corte, el alto tribunal declaró inexequible la expresión final de ese numeral: "...así medie renuncia previa de su empleo ". Según el fallo, el período de un funcionario de elección popular es "el lapso que la Constitución o la ley contemplan para el desempeño de cierta función pública, pero tal concepto no puede ser tenido en cuenta para efectos de inhabilidades sino cuando en realidad el individuo específicamente desarrolla, dentro del tiempo respectivo, las actividades propias de la función". La Corte agregó que "una persona puede haber iniciado su período y haberlo interrumpido mediante renuncia formalmente aceptada sin que su situación pueda equipararse a la del funcionario que ejerció de manera concreta y real el cargo (...) hasta el final del período objetivamente considerada Puede el legislador señalar prohibiciones al dimitente, por un período razonable, pero no imponerle inhabilidades con cargo a todo el período, cual si lo hubiera agotado en realidad".
En pocas palabras, que si el funcionario elegido popularmente renuncia, por ejemplo, un año antes de que termine el período para el cual fue elegido, sus inhabilidades no puedea ser las que se aplican a quien culmina el período en su integridad. En el caso del Vicepresidente, su inhabilidad para ser elegido Presidente en el periodo siguiente podría desaparecer si renuncia con suficiente anticipación (no queda claro exactamente cuánta) a la finalización del periodo previsto.
Pero no sólo la Corte se ha pronunciado al respecto. La sala de consulta del Consejo de Estado pareció abrir puertas aún más anchas al Vicepresidente en un pronunciamiento de junio de 1993. En él, la sala dijo que de la lectura del texto constitucional se deducía que al Vicepresidente la Constitución le creó un régimen especial de inhabilidades, consistentes en dos muy claras: que no podrá ser elegido como Vicepresidente para el período inmediato y que no podrá ser elegido Presidente, si hubiere ejercído la Presidencia por tres meses a lo menos, en forma continua o discontinua, durante el cuatrienio.

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