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| 10/25/2008 12:00:00 AM

“Hubiera necesitado matar a tres precandidatos para llegar a la Presidencia”

Alberto Santofimio habló sobre su pasado con Pablo Escobar y negó de nuevo haber participado en el asesinato de Luis Carlos Galán.

De la cárcel se fue direc-to a su casa. Dice que no sale hasta que las autoridades le garanticen su seguridad. Alberto Santofimio Botero, que ha pasado los últimos años de su vida esquivando la guillotina, le mantuvo a SEMANA la promesa que les hizo a los reporteros que lo esperaban en la puerta de La Picota: no hay preguntas vedadas. Y no las hubo.

GUSTAVO GÓMEZ: Abelardo de la Espriella dijo en esta revista que antes de que acabara el año usted recuperaría la libertad, y resultó cierto. ¿Qué sabía De la Espriella que los demás no?
ALBERTO SANTOFIMIO: De la Espriella tenía la convicción jurídica, por conocimiento del proceso, de que si se fallaba lejos de los intereses creados, esto iba a concluir en una absolución. Tenía, le repito, la convicción, pero de ninguna manera conocimiento previo de la decisión.

G.G.: ¿Por qué para la familia Galán hay una seguridad absoluta de que usted es protagonista del asesinato de Luis Carlos Galán?
A.S.: No es una seguridad, es una obsesión ciega e irracional que parte de la amistad de ellos con enemigos políticos míos de Ibagué…

G.G.: ¿Quiénes?
A.S.: Enemigos como Antonio Melo, director del periódico El Nuevo Día, que fue uno de los que montaron la historia de que Pablo Escobar había ido a un cumpleaños mío en 1983. Montaron una fábula que la familia Galán decidió creer y se dedicaron no a buscar justicia, sino culpable.

G.G.: Usted se ha preocupado siempre por recordarle a la opinión que sus relaciones con Galán eran las de dos amables adversarios políticos. ¿Sí será cierto que Galán tenía una buena imagen de usted?
A.S.: El mejor testimonio que tengo para defender la limpieza de mi relación con Galán es la declaración publicada por El Espectador el primero de agosto de 1989, cuando Galán le dijo a Darío Hoyos que nuestra relación era cordial, decente, fluida. No fuimos amigos personales, pero sí adversarios políticos con un entendimiento que nos llevó a la defensa de la consulta popular, y Turbay, se lo recuerdo, declaró en el proceso que, en ese momento de violencia que vivía el país, estábamos igual de amenazados Durán, Samper, Galán y yo.

G.G.: ¿Pero no será que cuando Galán daba esas declaraciones, lo hacía con el tacto y la diplomacia propia del político?
A.S.: No, no, no, él fue político cuando dijo “No tengo enemigos dentro del Partido Liberal”, pero fue sincero cuando dijo que nuestras relaciones eran cordiales. Yo tengo la palabra de Galán contra la palabra de doña Gloria Pachón. Lo que ocurre es que a veces las señoras se enteran tarde de lo que hacen los maridos, de las reuniones a las que Galán fue conmigo o de con quién andaba Galán cuando estaba en el exterior haciendo un curso de inglés.

G.G.: ¿Discutía fuertemente con Galán en escenarios diferentes a los del Congreso?
A.S.: No tuve una sola discusión con él que no fuera en el hemiciclo del Senado o en las convenciones liberales.

G.G.: Antonio Caballero escribió que el no asesinato de Galán habría tenido el único efecto de que usted no hubiera ido preso y que, después de Galán, habría sido Presidente. ¿Amén?
A.S.: Estoy convencido de que si los bárbaros del narcotráfico no hubieran asesinado a Galán, él habría sido el primero en la solución de una nueva república liberal, y no me cabe duda de que yo habría sido el segundo.

G.G.: ¿Y orquestando la muerte de Galán no llegaba usted más pronto al poder?
A.S.: ¡Cómo iba yo a pensar que podía ser presidente primero si todos los caminos apuntaban a Luis Carlos! Tenía apoyo en las convenciones, y el respaldo de los Lleras, de El Tiempo y de El Espectador. Todas las encuestas me daban de cuarto; habría necesitado matar a tres precandidatos para llegar a la Presidencia de la República.

G.G.: ¿Cómo era Pablo Escobar?
A.S.: Lo conocí muy poco. Mi relación con él fue muy episódica. Él quería tener una representación política y por eso se metió con Galán. Cuando Galán lo expulsó de su movimiento, buscó amparo en la candidatura de López y salió elegido en 1982. La gente lo veía como un rico industrial con aspiraciones políticas, pero no había certeza sobre su fortuna. Con diferencia de meses, Galán lo expulsó por sospechas y yo por certezas. Lo expulsé en el momento en que El Espectador hizo las primeras denuncias de que estaba requerido por las autoridades.

G.G.: ¿En alguna actividad política suya entró dinero de Escobar?
A.S.: No.

G.G.: Según Carlos Oviedo Alfaro, alguna vez le oyó comentar a Escobar que había sido usted quien dio la idea de asesinar a Galán.
A.S.: Imposible, porque Escobar nunca reconoció que había dado esa orden. Fue una verdad que se llevó entre pecho y espalda porque nadie pudo sacársela, ni el padre García-Herreros.

G.G.: ¿Escobar nunca le pidió un consejo?
A.S.: Jamás. Él me trataba con mucho respeto y, como ha dicho ese personaje al que no debería darle crédito, siempre me dijo doctor…

G.G.: ¿Virginia Vallejo?
A.S.: Sí.

G.G.: ¿Ella estuvo reunida con usted y Escobar?
A.S.: Ya le digo que nunca tuvimos reuniones privadas. En actos públicos, sí, porque ella animaba ese cuento de ‘Medellín sin tugurios’. No llegó nunca a ser amante de Escobar porque, según dicen quienes lo conocieron, a él le gustaban las mujeres de 16 ó 18 años, y Virginia tenía 37.

G.G.: ¿Usted le niega a Vallejo hasta la calidad de amante de Escobar?
A.S.: Pudo tener un affaire muy efímero, como lo ha dicho en varias declaraciones el hermano de Escobar, pero ella fue la sirvienta de relaciones públicas de Escobar.

G.G.: Gran ironía que un tipo de extracción popular como Escobar terminara rodeado de un orador tan cultivado como usted y de una diva bella y elegante como Vallejo.
A.S.: No me compare con ninguno, porque son dos monstruos.

G.G.: ¿Ella estuvo enamorada de usted?
A.S.: Pues eso cree la gente, porque dicen que una pasión y una ceguera y un odio de esa intensidad deben tener alguna interioridad curiosa.

G.G.: ¿Le está vedada la actividad política?
A.S.: No puedo ser senador, pero puedo hacer política donde me dé la gana, sólo con mi cédula y mi calidad de librepensador.

G.G.: ¿La haría con el liberalismo?
A.S.: Soy liberal de ideas, de sentimiento y de tradición, pero no de carné. Líbreme Dios de estar en esa ‘jaula de las locas’ en que se ha convertido el Partido Liberal.

G.G.: ¿César Gaviria es un liberal de carné?
A.S.: No de carné, de oportunismo. No ha sido un hombre vertical en sus posiciones y me molesta esa terrible zona gris que existe en su actuación pública, que nunca ha sido aclarada, de si es cierto, como dijera el abogado Guido Parra, que hubo alguna especie de pacto de no agresión después de la muerte de Galán para asegurar la Presidencia y para que Escobar no hiciera terrorismo.

G.G.: ¿Pruebas?
A.S.: Baste que a Escobar le dieron las tres cosas que pedía sin haber disparado un cartucho contra Gaviria o su gobierno: la no extradición con las mayorías del gobierno en la Constituyente, la política de sometimiento a la medida que la quisieron Escobar y sus abogados, y la Catedral, al gusto de Escobar, para cometer sus excesos y crímenes bajo la mirada turbia del gobierno.

G.G.: ¿Estuvo entonces más cerca Escobar de Gaviria que de usted?
A.S.: Lo dicen los hechos. Gaviria sucedió a Galán para, supuestamente, seguir con sus banderas, pero se las entregó a Escobar sobre la sangre fresca derramada de Galán.

G.G.: ¿Va a demandar al Estado?
A.S.: No, sólo quiero una reparación moral y la tranquilidad. Mal haría en ponerme a presentar denuncias de reparación económica cuando critico por eso a los Galán.

G.G.: ¿Le parece que los Galán están buscando dinero?
A.S.: Pues si están de parte civil después de 17 años y no lo habían estado antes…

G.G.: ¿Va a apuntar la artillería jurídica contra Luis Camilo Osorio?
A.S.: Claro que sí, prevaricó por acción y por omisión, y estoy redactando la demanda. Tengo las pruebas de que hizo todo el montaje de poner a ‘Popeye’ y a Oviedo desde Cómbita a armar esto.

G.G.: ¿Con qué interés?
A.S.: El de satisfacer la venganza de sus parientes políticos. Durante tres años y medio de Fiscalía, Osorio no tocó el tema mío para nada. Hasta que…

G.G.: ¿Hasta que pasó qué?
A.S.: Hasta que su hija se casó con el sobrino de Luis Carlos Galán.

G.G.: ¿De la boca de quién salieron las palabras ‘Mátalo, Pablo’?
A.S.: De ninguna. ¿Para qué? Eso habría sido como decirle a Hitler “Mate judíos, hermano”.

G.G.: ¿Le teme a la casación?
A.S.: Hay condiciones taxativas para que haya casación y no aplican en este caso porque los falladores no han violado el derecho sustancial, hay concordancia entre la resolución de acusación y la sentencia y, finalmente, la sentencia no fue promovida dentro de un juicio viciado de nulidad.

G.G.: ¿Está preparado para salir a la calle y que la gente lo señale como el asesino de Galán?
A.S.: He recorrido todos los campos; he estado en clubes, restaurantes, aeropuertos, y nunca me han hecho un reproche. Esta es una guerra en la que eso sólo lo creen los interesados. A los Galán les pasa lo de un cura vasco que en la época de la violencia, en Tolima, la gente hablaba con él y le daba todos los argumentos, y era tan irracional, que al final decía: “Aun cuando me convenzas, no me convences”.

G.G.: Usted tiene la idea de citar un tribunal para esclarecer la verdad histórica de la muerte de Galán. ¿Quiénes lo integrarían?
A.S.: El presidente de la Academia de Historia, el rector de la Universidad Nacional y un rector de las universidades privadas.

G.G.: ¿Y qué tal que ese tribunal simbólicamente determinara que usted es culpable de la muerte de Galán?
A.S.: Aceptaría la decisión de ese tribunal.
 
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