Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/04/15 00:00

Huecotá

Los huecos en las calles de Bogotá llegaron a un punto crítico. Los capitalinos están desesperados y la solución de fondo no se ve por ninguna parte.

En las últimas semanas, los bogotanos han visto el rápido deterioro de la malla vial. Mientras las troncales de TranMilenio son motivo de orgullo, las calles secundarias producen vergüenza

Para manejar en Bogotá se necesitan destrezas semejantes a las de un conductor del rally París-Dakar. Los huecos y las trochas urbanas han aumentado en cantidad y profundidad y los capitalinos están desesperados.

En los últimos días, los bogotanos han sido testigos de La Creación. Los huecos nacen, crecen y se reproducen más rápidamente que los empleados que los tapan, y han creado una verdadera emergencia vial en Bogotá. Una verdadera crisis: aunque el deterioro ha aumentado en la administración Garzón, el problema viene de tiempo atrás. Durante muchos años la capital descuidó el mantenimiento de sus vías hasta que se generó un deterioro que difícilmente se podrá solucionar en el corto y el mediano plazo.

En este momento, 68 por ciento de las calles están deterioradas o en pésimo estado, y cálculos del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) muestran que se requieren 7,5 billones de pesos para recuperar, mantener y construir la malla vial arterial, intermedia y local de Bogotá.

Esta cifra equivale a casi cuatro valorizaciones como la que pondrá a funcionar la administración Garzón entre 2007 y 2017 o cinco veces lo que costó la fase II de TransMilenio, una de las obras más grandes que ha hecho la ciudad en muchos años.

Para Enrique Borda, secretario general de la Alcaldía Mayor, históricamente dentro de las finanzas de la ciudad no se pensó en crear recursos abundantes y constantes para desarrollar o mantener las calles, rubro que en otras ciudades es uno de los gastos sustanciales del gobierno local. "Tenemos un atraso de 15 ó 20 años, y aunque no vamos a solucionar el problema, es fundamental para nosotros adelantar un plan urgente para frenar el deterioro y recuperar lo que más podamos", dijo Borda.

Esta semana la directora del IDU, Margarita Cardona, anunciará un plan para recuperar los corredores más importantes dentro de los barrios y las localidades, las rutas alimentadoras de TransMilenio y las vías cercanas y de acceso a centros de alta congestión de personas, como la terminal de transporte, Corabastos, el centro de la ciudad, hospitales y Cades, entre otras.

Para financiar esta operación, la administración Garzón solicitó una adición presupuestal de 209.000 millones, que unidos a los 120.000 millones de pesos de la sobretasa a la gasolina y a recursos propios, debería ser suficientes para frenar el deterioro de las calles capitalinas. Buena parte de los nuevos recursos, provenientes del superávit que obtuvo la ciudad el año pasado, se destinará a reforzar las brigadas 'tapahuecos' que la Secretaría de Obras y el IDU están realizando. Con tantos huecos, lo difícil es decidir por dónde empezar.

Lo paradójico es que existe un desequilibrio entre los esfuerzos planeados, los recursos disponibles y la tarea pendiente. Todo lo que se haga se reduce a un paliativo menor: una aspirina para un enfermo terminal. Bogotá necesita arreglar y construir sus vías para que por lo menos la alejen visualmente de África y la acerquen a una capital latinoamericana. Los bogotanos, y en especial los rines de los carros, lo necesitan.

Es claro que ni por impuestos, ni por financiación se encontrarán los recursos para tapar los huecos, así que requieren nuevas vías de financiación, como los famosos peajes urbanos, que son impopulares y políticamente difíciles de adoptar. Ya el gobierno y el Concejo se han negado a aprobarlos en administraciones pasadas.

Si Bogotá pudiera contar ya con todos los recursos y los dedicara a arreglar las vías, muchas de las cuales tendrán que ser construidas de nuevo, crearía un colapso que prácticamente la detendría. Por eso, no existen fórmulas mágicas ni soluciones inmediatas. Cualquier antídoto operaría de manera progresiva.

Lo cierto es que este es uno de los temas de la agenda del alcalde Luis Eduardo Garzón peor calificados por los bogotanos. Hasta el momento, sin embargo, la búsqueda de una solución no ha sido una prioridad, hasta el punto de que se podría convertir en una amenaza para el prestigio del Alcalde y la evaluación final de su gestión. Garzón ha sido un mandatario popular, pero sin una política muy efectiva, su popularidad se podría caer en un hueco.

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