Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/06/27 20:05

¿Y quién era el ‘Patrón’ de Bello?

Un video en Facebook en el que una joven habla en contra del proceso de paz con las FARC hizo revivir el interés en uno de los más oscuros personajes del paramilitarismo en Antioquia.

¿Y quién era el ‘Patrón’ de Bello? Foto: Fotomontaje SEMANA

Hace unos días un video donde Lina María Quintero, una joven de Medellín se manifiesta en contra del proceso de paz, se hizo viral. “Respeto a quienes tienen fe y consideran que la paz va a llegar con el acuerdo con las FARC, yo lamentablemente NO les puedo creer ni a Santos ni a las FARC. Aunque todo parece indicar que es un asunto sin reversa, espero que ustedes tengan toda la razón y este país encuentre un buen camino”, escribió en su página de Facebook, Noticas Amigas.

Pero luego de publicar el video, una lluvia de comentarios cayó sobre la internauta. Y lo que más llamó la atención es que ella resultó ser la media hermana de un temido exparamilitar de Bello: Hugo Albeiro Quintero.

¿Quién es él? SEMANA en el 2009 hizo un perfil de este temido jefe paramilitar que fue por años el terror de la región. Quintero se desempeñó durante casi dos décadas como el zar del transporte en el Valle de Aburrá, con 370 buses que generaban más de 1.000 empleos.

En Bello, un municipio pegado a Medellín, de medio millón de habitantes, conocido polo industrial y comercial, no se movía una hoja sin el visto bueno de Quintero. Su poder económico se tradujo rápidamente en influencia política. Era el hombre detrás del senador Óscar Suárez Mira -investigado por parapolítica-, quien tuvo una de las votaciones más altas para Senado, con 70.000 votos.

Por las oficinas de su empresa, Bellanita de Transporte, pasaron decenas de candidatos que pedían buses para llevar los votantes a las urnas. Casi todos lo consiguieron.

También fue Quintero quien le prestó a la Cuarta Brigada los buses para llevar a una multitud hacia la comuna 13 de Medellín para hacerle un desagravio al general Mario Montoya, cuando se le endilgó en un periódico de Estados Unidos una estrecha relación con los paramilitares.

Él también era conocido porque les daba dinero en efectivo a manos llenas a los habitantes de la vereda El Tapial, cuando lo necesitaban. Lo que no esperaban era que los múltiples vínculos de Quintero con el bajo mundo lo convirtieran en un hombre delirante que veía traidores por todos lados y que traería lágrimas y sangre a los habitantes de su pequeña vereda.

Las 15 casas que forman la vereda están habitadas por familias humildes, dedicadas a la agricultura, que hablan de Quintero con reverencia y temor. Pero que desde su captura empezaron a aflorar historias de terror que vivieron como vecinos de su expatrón.

Uno de los casos más sonados fue el de Flor Restrepo, una joven de la vereda a la que hace cinco años le dieron seis tiros y aun así logró sobrevivir. La muchacha de 18 años iba para Medellín, donde trabajaba como empleada doméstica, pero dos hombres la bajaron del colectivo y la montaron a la fuerza en un taxi.

Los sicarios la llevaron a un paraje rural y allí le dispararon 10 veces. Un tiro le dio en la cara y cinco en manos y piernas. Los pistoleros la dieron por muerta, pero Flor quedó inconsciente por unos minutos y después logró arrastrarse hasta una casa cercana donde recibió auxilio.

Uno de los escoltas de Quintero confirmó esta historia y dijo que el atentado se había planeado porque "a Albeiro le entró la paranoia de que era amiga de guerrilleros". Lo paradójico es que el papá de Flor, sin imaginarse que Quintero habría ordenado el crimen, fue a pedirle ayuda y "de inmediato, Albeiro mandó a traer dos millones de pesos en efectivo de Transportes Bellanita y se los entregó", contó en su momento el testigo.

Esta no es la única denuncia en contra de Quintero. Alias ‘Gallo‘, su hombre de confianza, acompañó a la Fiscalía a El Tapial a exhumar siete cadáveres que según él estaban enterradas en los alrededores. Cuando llegaron encontraron la tierra removida y ningún cuerpo. ‘Gallo‘ también aseguró que su jefe mandó a asesinar a Úber Martínez, el cebollero de la vereda, porque un día fue a reclamarle personalmente por la muerte de Wílmar, otro vecino al que después de asesinarlo, el 30 de diciembre del 2005, lo vistieron de camuflado y le pusieron en sus manos un arma para entregárselo como guerrillero a los hombres del Batallón Pedro Nel Ospina.

Contó también que de los 40 hombres que estaban a cargo de su protección -autorizados por la Superintendencia de Seguridad-, más de 10 ya están muertos o desaparecidos: "Él último que mató fue Jesús Emilio Marulanda y eso hizo que varios nos le torciéramos".

Pero ¿cuál era la razón para que las personas de la vereda y sus hombres de confianza crean que Quintero estuvo detrás de esos crímenes? Como en la historia del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Quintero tenía dos facetas diferentes: la del empresario exitoso que repartía dinero entre los pobres y la del tenebroso criminal que se movía en la oscuridad del bajo mundo. Por eso era una persona obsesiva con la seguridad, con delirios de persecución, y cuyos enemigos no duraban.

Según su propio testimonio, consiguió sus primeras armas para defenderse de Pablo Escobar, quien quería matarlo cuando era apenas un muchacho. Pero su plan de seguridad no paró ahí. En el 2007, después de haber sufrido un atentado, compró una camioneta Lexus Blanca a la que le hizo poner un blindaje único. Los vidrios tenían 52 milímetros de grosor -ocho milímetros más que el nivel superior para cualquier carro-; las puertas y el techo fueron reforzadas con acero, por lo que la camioneta ganó 1.300 kilos. Tuvo que cambiarle la suspensión, los frenos y las llantas. "Era un búnker andante", comentó uno de sus exempleados de Transportes Bellanita.

En los meses previos a su detención, Quintero se había vuelto más paranoico. Sabía que los hombres de su confianza ya no estaban con él y que algunos lo estaban delatando o querían entregárselo a sus enemigos. Evitaba hablar por celular y las correrías por la vereda eran cada vez más esporádicas. El único lugar donde se sentía seguro era en su cuarto, el mismo donde en esa madrugada de septiembre del 2008 llegaron 50 hombres de la Fiscalía y del CTI a capturarlo.

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