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| 11/21/2015 11:00:00 AM

“No soy capaz de decir que este proceso es irreversible”

Humberto de la Calle habló con el diario madrileño ‘El País’ sobre los momentos más complejos de los diálogos de paz.

Cuando Gobierno y FARC están a cuatro meses de la anunciada firma de un acuerdo final el diario español ‘El País’ entrevistó a Humberto de la Calle Lombana, jefe negociador del Gobierno en La Habana.

A modo de recuento y reflexión de lo que se ha vivido en los tres años de diálogos, De la Calle relata los momento más difíciles en los que ha pensado en “tirar la toalla”.

También fue cuestionado por la posibilidad de postular su nombre a una candidatura presidencial. Aquí apartes de la entrevista.

El País: ¿Está cansado?

Humberto de la Calle: Pensaba que iba a estar más fatigado. Siempre hay momentos de tensión y fatiga extrema, pero para mi sorpresa he tenido una gran energía estos años, aún cuando siempre tengo una aproximación pesimista frente a la vida. Siempre digo que el pesimismo es un antídoto frente a los reveses. Realmente me siento bien. Uno no es Superman, claro.

El País: El presidente reconoció recientemente que en alguna ocasión ha pensado en tirar la toalla. ¿Usted?

H.C.: Lo primero que pensé es en el alivio de esa declaración. Creía que era yo solo, una debilidad mía. Es duro en lo humano, por la vida aquí, el desarraigo… Vivimos los plenipotenciarios en la misma casa, vemos día y noche las mismas caras, eso genera estrés y angustia, como si uno estuviera encerrado aquí, pese a la generosidad de los cubanos. Después están las alzas y bajas de unas conversaciones de esta naturaleza. Hay veces que uno piensa en que ya no da más de sí o momentos en que uno cree que hemos llegado a una ruptura porque ve un muro infranqueable. Es un poco misterioso y mágico, porque cuando uno piensa que agotó las posibilidades surge algo de ilusión y recupera el ritmo.

El País: ¿Cuándo fue última vez que pensó en tirar la toalla?

H.C.: Este tema de justicia es muy complejo y aún no hemos terminado. Si no se logra una solución que satisfaga el sentimiento general de los colombianos… Sabemos que se requiere una solución digna para las FARC, no se trata de aplicar la justicia ordinaria. Hay cierto grado de flexibilidad en los temas de carácter penal.

El País: ¿Este proceso es irreversible?

H.C.:
Yo no soy capaz todavía de decirlo. Yo nunca podré decir que sea irreversible porque la fragilidad de estos procesos es muy grande. Hay demasiada vulnerabilidad, a veces por factores externos. Lo acordado es sólido y hay una voluntad real de las FARC y del Gobierno. En la medida en que tenemos temas difíciles por acordar no quisiera cantar victoria antes de tiempo.

El País: ¿Qué es lo que le ha resultado más complicado de explicar a los colombianos?

H.C.: El tema más sensible es la participación política de las FARC. Ha ocurrido algo sorprendente. Un proceso de esta naturaleza, en mi opinión, desemboca de manera natural en que los rebeldes dejan las armas e ingresan en la política. Quizás lo que ha pasado es que se ha degradado el conflicto y ha aumentado la desconfianza. Los colombianos tienen que empezar a pensar que uno de los sentidos profundos de una conversación de esta naturaleza es que los que dejan las armas puedan hacer política.

El País: ¿Qué critica al proceso no llega a entender?

H.C.:
Lo que me parece un poco alucinante es que cuando preguntas a los críticos qué hay que hacer la respuesta es: ‘Bala, sigamos en la confrontación militar, porque los señores están rendidos. Solo falta la estocada final o el descabello’. Eso no es cierto. La política de Seguridad Democrática generó una correlación de fuerzas muy favorable al Estado, pero hubo un proceso de reingeniería de las FARC, se fueron a las fronteras, a territorios alejados, atacan y se retraen… me parece que es enormemente doloroso y no es posible hacer magia de la noche a la mañana. A los que dicen que no hay que estar en La Habana, les pregunto: ¿Hay que seguir en esta guerra una década más? Es algo que yo no entiendo.

El País: Si todo va bien usted será una de las personas que firme la paz en Colombia. ¿Ha pensado en ello?

H.C.: Sí, desde mi perspectiva siempre pesimista. Para mi vida es más fructífero encontrarme con la sorpresa de la firma y no estar ideándola para llegar a una frustración. Creo que es mejor que las cosas fluyan. Es una circunstancia histórica enorme, que le supera a uno, hay que asumirla con bastante humildad, uno termina en esto por la suerte también. Es azar, suerte y, claro, uno se faja aquí trabajando.

El País: Y después de la firma de la paz, ¿qué le queda?

H.C.: Nada, la casa, los libros y el golf.

El País: Se habla de su posible candidatura presidencial para 2018.

H.C.: No, hombre, esas palabras son demoniacas. Dejemos quieto ese tema. Yo no estoy pensando en eso, hay que hacerlo bien ahora, terminar esto y punto.

Lea la entrevista completa aquí.
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