Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2001/01/01 00:00

Humo negro

El fracaso de la cumbre sobre el clima llena de inquietud a las naciones del Tercer Mundo.

Humo negro

Ha sido considerada como una de las peores noticias del año, al menos en el ámbito ambiental. La reciente cumbre sobre el clima, convocada por las Naciones Unidas y que se celebró en La Haya, Holanda, fue un fracaso. Jan Pronk, ministro del Medio Ambiente de Holanda y presidente de la conferencia, lo expresó de manera concluyente: “No hemos respondido a las expectativas del mundo”.

En el curso de las negociaciones, que buscaban un compromiso de los países más ricos para que disminuyan sus emisiones de gases responsables del calentamiento de la Tierra, se impusieron los criterios económicos y comerciales sobre las consideraciones de tipo ambiental.

Según la opinión de los expertos, tras la reunión de La Haya las cosas quedaron como estaban en 1997. En aquel año en Kioto, Japón, se firmó un acuerdo para que los países industrializados se comprometieran a emitir en 2010 un 5 por ciento menos del nivel de gases contaminantes que expulsaban a la atmósfera en 1990. El objetivo de la cumbre de La Haya era ratificar ese compromiso pero de nada sirvieron las dos semanas que se le dedicaron a discutir el asunto.

Estados Unidos, junto con sus aliados Australia, Japón y Canadá, intentaron hacer prosperar un par de iniciativas, que recibieron el rechazo de otras naciones lideradas por la Unión Europea. La primera consistía en quitarle a esa cuota el carbono que absorben sus bosques y zonas de cultivo, que en los términos del debate climático se conocen como “sumideros” o “depósitos”. Es decir, que si el protocolo de Kioto obligara a Estados Unidos a disminuir una cantidad determinada de gases (por decir algo 10) y el área de sus bosques y cultivos estuviera en capacidad de absorber un determinado valor (por decir algo 7), el compromiso de disminución de emisión se limitara a 3. Este grupo de países también impulsó la idea de poder comprarles a países poco contaminantes sus cuotas de emisión. Si, por ejemplo, a un país no industrializado se le asignara una cuota de emisión de 0,1 y sus emisiones apenas fueran de 0,05, Estados Unidos podría ‘comprarle’ ese 0,05 y descontárselo a su cuota. Esto traería como consecuencia que la compra de las cuotas de varios países poco contaminantes les permitiría a los más industrializados hacer disminuciones mínimas o sencillamente no hacerlas. Para los europeos estas iniciativas resultan inmorales y convierten el protocolo de Kioto en un fraude, pues no se trata de hacer milimetría sino de reducir de manera tangible las emisiones de gases a la atmósfera.

El tema de fondo es económico. Estados Unidos, de hecho, considera deseable una reducción significativa en las emisiones de gases pero manifiesta que el costo económico sería muy grande.

Para los países del Tercer Mundo el fracaso de la cumbre fue considerado como una tragedia pues una de las consecuencias del calentamiento global han sido perturbaciones climáticas tales como tormentas e inundaciones, las cuales devastan a las naciones más pobres de la Tierra. “Seguiremos siendo las víctimas del impacto adverso del cambio climático”, dijo Sani Daura, vocero del Grupo de los 77. Por su parte Tony Juniper, vicepresidente del grupo Amigos de la Tierra, manifestó: “Los gobiernos se pasaron dos semanas discutiendo esencialmente cómo hacer lo menos posible para reducir la amenaza de un cambio climático mundial. No vamos a perdonar ni a olvidar a los que hicieron fracasar las conversaciones y pusieron a nuestro planeta en mayor peligro”. Greenpeace dijo que la reunión “será recordada como el momento en que los gobiernos abandonaron la promesa de cooperación mundial para proteger el planeta Tierra”.

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