Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2004/05/09 00:00

Identidad refundida

La noticia de que delincuentes cambiaban su identidad a cambio de sobornos en la Registraduría hace otra vez evidente la urgencia de que Colombia termine de cedular a todos sus ciudadanos mediante un sistema menos vulnerable al fraude.

La registradora Nacional Almabeatriz Rengifo tiene la responsabilidad de no dejar dudas sobre la forma como se adjudique el millonario contrato de renovación de las cédulas.

Una investigación de la Dijin descubrió una nueva modalidad con la que los delincuentes lograban modificar la información sobre la identidad de las personas. Humberto Reyes y Amanda Velandia, dos ex empleados de la Registraduría Nacional, tenían una "registraduría paralela" en la que, previo el pago de seis a ocho millones de pesos, de la noche a la mañana narcotraficantes, secuestradores, guerrilleros y paramilitares, entre otros delincuentes, lograban una nueva identidad con apariencia legal. Reyes ingresó a la Registraduría en 1977 como archivero en las oficinas de identificación y durante los 23 años que trabajó ahí pasó por varios cargos que le permitieron conocer de cerca el proceso de elaboración de las cédulas. En su hoja de vida tiene anotaciones por su buena capacidad de trabajo y por el interés que demostraba por aprender bien su oficio. A inicios de los 90 se fue a vivir con Amanda Velandia, que también fue empleada de la entidad por cinco años. Ella ingresó como supernumeraria y terminó como operaria calificada. Con la escuela hecha por la pareja y los contactos que dejaron dentro de la entidad, robaron cientos de las tarjetas decadactilares en blanco. En estas tarjetas tomaban las huellas originales de algunos de los dedos de los delincuentes y en otros colocaban las huellas de otras personas. Luego retornaban estas tarjetas a los archivos de la Registraduría y sacaban las tarjetas originales. Cuando los delincuentes solicitaban una copia de su cédula, esta salía con el nombre, número y foto reales, pero con la información dactilar falseada. Con este truco si uno de los delincuentes beneficiados con las cédulas era detenido, a la hora de hacer el cotejo de las huellas estas no coincidían, y podía quedar en libertad. Esta nueva modalidad de fraude volvió a colocar en primer plano el debate de un tema esencial para la democracia y la seguridad nacionales: la necesidad de que todos los colombianos tengan un documento de identidad que no se pueda falsificar ni adulterar. Desde hace tiempo hay un proyecto para terminar de cambiar la cédula a todos los colombianos, pero se ha enredado una y otra vez. La registradora nacional Almabeatriz Rengifo dijo que el problema era la falta de recursos, y que mientras siguiera así los delitos cometidos por la falsificación del documento de identidad serían de todos los días. Estos crímenes van desde el cobro ilegal de una pensión o un cheque, hasta la adulteración de la identificación de un asesino. La plata ha faltado porque detrás hay una pugna sobre cómo y a quién debe contratársele el proyecto para cedular a todos los colombianos. Algunos funcionarios están convencidos de que por la urgencia del tema, el contrato debe adjudicársele de inmediato a la firma francesa Sagem, que ya hizo la primera fase del proyecto y otorga cédulas más seguras desde mediados de 2000. Otros piensan que esta adjudicación directa es poco transparente y que el país debe escuchar otras ofertas. La registradora Rengifo, que deberá tomar la decisión final, está más de acuerdo con contratar a los franceses, y así lo iba a hacer, pero el año pasado el negocio se quemó en la puerta del horno. Alcanzó a conseguir que el Congreso le aprobara partidas por 34.000 millones de pesos y, para completar, un crédito del propio gobierno de Francia con dos años muertos. Incluso Sagem presentó un cronograma para iniciar el proyecto en enero de este año y terminarlo el primero enero de 2006. Se cumplía así con una ley que ordena la renovación de la cédula en ese plazo. Pero cuando el presupuesto llegó a la plenaria, otros funcionarios del Ministerio de Hacienda se opusieron y la partida se hundió. ¿Cuál es el fondo de las diferencias entre Registraduría y Hacienda? La francesa Sagem presentó una propuesta llave en mano por 120 millones de dólares que incluye la expedición de 40 millones de cédulas nuevas, la sistematización del registro civil y la tarjeta de identidad, y la ampliación de una tecnología que se llama Sistema Automático de Identificación Dactilar (Afis, por sus siglas en francés ), que garantiza que no se puedan expedir dos cédulas con diferente identidad a una misma persona. Esta firma es la más grande en el mundo en este sistema de cedulación y es la que ya hizo la primera parte de este proyecto en el que el país ha invertido más de 200.000 millones de pesos. Con esta tecnología se produce la cédula plástica a color, que reemplazó a la plástica en blanco y negro y a la blanca laminada. La tecnología nueva ha probado ser eficaz pues desde que se puso a funcionar hace cuatro años, ya se han frustrado en promedio 30 casos diarios de intento de doble cedulación. Sin embargo, una objeción a contratar con Sagem tiene que ver con la tecnología utilizada. Según un análisis hecho por la Vicepresidencia, esta tecnología no es compatible con otras, por lo que si la compra quedara 'amarrada' a Sagem, en el futuro el país estaría expuesto a las condiciones y precios que imponga la multinacional para el mantenimiento del sistema, suministros o ampliaciones. En la Registraduría aseguran que este problema ya no existe pues esta entidad exigirá una licencia de uso ilimitado del software que se utilice. También se cuestiona que se entregue el contrato sin licitación, aunque nadie duda de que se trata de un tema de seguridad nacional y por lo tanto se justificaría adjudicarlo en forma directa. Sin embargo, varios en el gobierno quieren que de todos modos se haga concurso público para escoger la mejor propuesta. La oferta de Sagem, argumentan, no discrimina cada componente, y muchos de estos se pueden conseguir más baratos en el mercado con iguales especificaciones, como computadores, escáneres y equipos de captura de huellas digitales. El tercer pero que le ponen a firmar con Sagem es por una posible fragilidad en la seguridad del sistema, no porque la tecnología pueda ser falsificada, sino por el riesgo que implicaría un proceso de renovación masiva de documentos. Si funcionarios inescrupulosos incluyen erradamente la información al Afis, se podría cambiar 'legalmente' la identidad de una persona. Algo similar a lo que hacían los esposos Núñez Velandia. Esto podría suceder por ejemplo en registradurías que estén bajo el control de políticos corruptos o en las que tengan influencia los actores armados. Es tal el enredo existente que el presidente Alvaro Uribe le solicitó a la registradora que armara unos términos de referencia y que estos fueran legitimados por una universidad. Esto ya lo hizo Rengifo. Pero aún así persiste la desconfianza de algunos miembros del alto gobierno. La Registradora dijo a SEMANA que está dispuesta a que se haga un concurso abierto para las partes del proyecto que pueden ser suministradas por otro proveedor. Esta puede ser una fórmula para destrabar un proyecto de cuya urgencia nadie duda. En la medida en que el cambio general de cédulas se dilate, el país seguirá expuesto a los permanentes fraudes al actual frágil sistema de identificación. Se necesita una decisión política del gobierno no sólo para el compromiso de los recursos, sino para que sin presiones se tome la decisión más sensata que garantice la seguridad nacional y la transparencia en lo que se haga.

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