Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1983/05/09 00:00

IMPROVISACION Y BUENAS INTENCIONES

En medio de la normal ausencia de preparación, el país comienza a reaccionar.

IMPROVISACION Y BUENAS INTENCIONES

El terremoto de Popayán cogió a los colombianos por sorpresa. Como los había cogido el maremoto de Tumaco en 1979 y la explosión en Cali en 1959. Ni el gobierno, ni los gremios, ni el país en general estaban preparados para un desastre de tal magnitud.
Un movimiento de solidaridad nacional, marcado por la improvisación, se empezó a manifestar el mismo día de la catástrofe con una serie de buenas intenciones: desde colectas tipo Teletón, donaciones, subastas y eventos de beneficio, hasta la creación de comités de emergencia, el Instituto para la reconstrucción de Popayán, e innumerables programas y propuestas como la constitución de un Fondo Nacional de Emergencia.
El presidente Betancur, quien hora y media despues del terremoto ya estaba en Popayán inspeccionando el estado en el cual había quedado la ciudad, emprendió personalmente las acciones generales de coordinación de los operativos de rescate y de control de la situación. Sus declaraciones iniciales, transmitidas por varios medios de comunicación, fueron calificadas como desafortunadas. Hacían evidente que el desconcierto reinaba también en el sector oficial. Posteriormente, en su alocución televisada de 18 minutos, el martes 4 de abril, fue más concreto. En términos generales esbozó algunas de las principales medidas oficiales puestas en marcha para solucionar los más graves problemas inmediatos e hizo un llamado a los medios de comunicación. La semana había empezado con signos alarmantes. Versiones sobre saqueos, tiroteos y vandalaje, lo mismo que sobre acaparamiento de alimentos, epidemias y ayudas perdidas, determinaron que Betancur pidiera prudencia a los periodistas nacionales y objetividad a los corresponsales extranjeros que habían difundido informaciones "absolutamente inexactas y que nos hacen mucho daño", refiriéndose a una supuesta venta de carpas que el gobierno norteamericano había enviado a las víctimas del desastre.
Muy altas y contradictorias han sido las estimaciones de los que puede costar la reconstrucción de Popayán y la rehabilitación de las zonas afectadas. Mientras los más conservadores afirman que serán necesarios 50 mil millones de pesos, hay quienes aseguran que la cifra ascenderia al doble. Sea cual sea, sin embargo, el costo de la reconstrucción, lo cierto es que habría que empezar, como lo dijo el presidente de la República, por unificar criterios y centralizar la administración de toda la operación en un organismo cuyo director, como lo sugiriera El Tiempo, debería tener poderes casi dictatoriales. En torno a este punto se barajaron varios nombres de caucanos. Entre ellos, los de Victor Mosquera Chaux y Guillermo Alberto González. Sin embargo, al terminar la semana, se conoció la noticia de que seria el general en retiro y ex registrador nacional, Gerardo Ayerbe Chaux, la persona designada por Betancur para asumir el comando general de todas las operaciones.
Por lo pronto y aunque aún no se sabe si es posible o no la reconstrucción de Popayán, continúa la movilización de recursos y de auxilios para enfrentar los problemas más graves. El, gobierno destinó 16 mil millones, mediante el aumento temporal de los impuestos a las importaciones y el trámite de crédito externo con el Banco Mundial y el BID por 150 millones de dólares, que serán canalizados a través del ICT, el BCH y la Caja Agraria para atender las necesidades más inmediatas de vivienda, infraestructura y servicios, lo mismo que para el financiamiento de capital de trabajo en actividades industriales y comerciales y de proyectos prioritarios de restauración del recinto histórico de Popayán. Por su parte, el sistema financiero nacional anunció la destinación de nuevos cupos de crédito por 3 mil 500 millones: 3 mil de inmediata disponibilidad para recuperar el ritmo normal de la producción agropecuaria e industrial y 500 con destino a la financiación de capital de trabajo del sector comercial.
Cientos de aviones cargados con drogas, alimentos y ropa han estado aterrizando desde el jueves santo en el aeropuerto de Cali y en la destartalada pista del de Popayán. El mundo entero se conmovió con la noticia y los gobiernos de muchos países han expresado su solidaridad con Colombia, mediante el envío de ayudas en especie y en dinero. Hasta el mismo Gabo, quien se comunicó directamente con Betancur, coordinó el envio de ayudas de los gobiernos de Cuba, Suecia y la RDA. Sociedades, gremios, instituciones oficiales y privadas han dado su aporte. La movilización ha sido general. Pero de toda la situación se desprende, como algunos lo han observado, que es urgente la creación de un Fondo Nacional de Emergencia que permita, en casos como el de Popayán, hacer frente a las crisis sin pérdida de tiempo y sin dispersión innecesaria de esfuerzos. A corto plazo, sin embargo, la situación que vive el Cauca constituye una verdadera prueba de fuego para el gobierno, porque, como lo afirmaba Enrique Santos en su columna del pasado jueves, "además de buena voluntad y nobles propósitos, el gobierno va a tener que desplegar todo su potencial administrativo para cumplirle al Cauca".

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