Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2009/01/04 00:00

¡Indignación!

La muerte de un joven periodista devela cómo la falta de control policial y la poca efectividad de la alcaldía local, por momentos vuelven una zona de Bogotá en un nuevo 'Cartucho'.

Juan Pablo Arenas estaba a punto de graduarse como periodista . En uno de sus reportajes denunció las irregularidades en la Zona Rosa de Bogotá

"Tuvo que morir el periodista que hizo la denuncia para que le pararan bolas al tema". Esa es la triste conclusión del padre de Juan Pablo Arenas, el reportero de 22 años que murió en cercanías de la Zona Rosa del norte de Bogotá luego de ser apuñalado en la madrugada del 31 de diciembre. Apenas un par de meses atrás, Juan Pablo publicó un informe en el que dejaba al descubierto la degradación de ese mismo sector.

En el reportaje "Una noche en la 85" -que publicó en la revista virtual Blog, de Publicaciones Semana, en la que trabajaba- denunció cómo muchos menores de edad podían conseguir en la zona cédulas falsas para comprar licor, beber en la vía pública, ingresar a bares y conseguir todo tipo de drogas. En el cruce de la calle 85 con carrera 15, zona de influencia de exclusivos barrios de Bogotá, es ya común ver jóvenes embriagados, consumiendo drogas y fomentando peleas delante de unos pocos policías ubicados en una estación móvil. Toda esto fue denunciado por Juan Pablo.

Sin embargo, fue su propia tragedia la que dejó en evidencia a los ojos del país la alta peligrosidad que reina en la Zona Rosa. A las 2 de la mañana, Juan Pablo, con su amigo Marco Ortiz, salió de un bar, se detuvo en el supermercado Carulla y resultó envuelto en una riña en la que un expendedor de drogas le dio una puñalada en el tórax. Marco trató de cargarlo para llevarlo a la Clínica del Country, ubicada a una cuadra de allí, pero el peso del cuerpo desgonzado fue superior a sus fuerzas. Decidió arrastrarlo, pero sin éxito. En medio del desespero y empapado con la sangre de su amigo, corrió para buscar ayuda. Dos celadores privados se negaron a colaborarle. Llegó a la clínica, entró por pediatría, de allí lo remitieron a urgencias y quien lo atendió le dijo que las normas prohibían a los médicos brindar asistencia fuera de la clínica. Entre tanto, Juan Pablo moría desangrado. Cuando arribó una ambulancia -Marco cree que 20 minutos después-, su amigo ya no registraba signos vitales.

La manera como se produjo la muerte de Juan Pablo deja abiertas dos polémicas de gran magnitud: una sobre la ética médica y la otra sobre la seguridad en Bogotá.

La falta de respuesta de los empleados de la clínica al pedido de socorro dejó un sabor amargo en la ciudadanía. Sin duda, son muchas las circunstancias que juegan en este caso y será la investigación de la Secretaría de Salud la que diga si hubo negligencia. Por lo pronto, la explicación dada por la clínica dio paso a un debate sobre la responsabilidad de salvar vidas versus el deber de acatar las reglas de la institución. El director médico de la clínica, Jorge Alberto Ospina, explicó que para los médicos salir de las instalaciones implica desatender a los pacientes que están bajo su responsabilidad. Y advierte que la norma "no establece cuál sería nuestro mar territorial o hasta dónde debemos ir a brindar atención".

El segundo gran cuestionamiento es la seguridad en las calles. La indiferencia y la falta de solidaridad de los celadores habla también del pánico que hay en la zona por el pesado ambiente nocturno. Aunque la norma dice que es prohibido consumir licor y estupefacientes en la vía pública, la regla es violada por centenares de muchachos. El comandante de la policía de Bogotá, general Rodolfo Palomino, sostiene que sus hombres no pueden hacer nada más que llamar la atención de los jóvenes, pues se trata de una contravención y no tiene sanción. "Se necesita prevenir el consumo y regular la venta de licores", afirma el general.

Lo cierto es que en las propias narices de las autoridades, desde hace ya varios años, en las noches se está creando un pequeño 'Cartucho' en una zona de diversión de los jóvenes de estratos altos. La Policía estaba tan al tanto de lo que ocurre en el sector, que dos días después capturó al asesino de Juan Pablo. Un hombre de 31 años al que las autoridades ya tenían identificado como expendedor de drogas.

Mientras no se supere esta situación, la tragedia se puede repetir, y la Zona Rosa continuará siendo más conocida por algunos como la "zona roja".
 

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