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| 10/5/2013 8:00:00 AM

En los diálogos hay mucho ruido y…

El tan anunciado informe de las Farc no sorprendió y mostró el contraste entre lo que pasa en la mesa y lo que dicen en los medios.

A las 8 de la mañana del pasado jueves 3 de octubre, justo antes de comenzar la ronda número 15 de conversaciones con el gobierno en Cuba, Andrés París anunció que las Farc harían público su prometido informe sobre las negociaciones y se armó revuelo.

Recordando el tono perentorio usado una semana antes por el jefe de esa guerrilla, Timoleón Jiménez, cuando prometió en carta pública al presidente Santos un reporte sobre “la verdad” del proceso, París pareció reavivar las preocupaciones sobre si las Farc iban a romper la confidencialidad pactada en torno a las negociaciones:

“Ya es hora que los colombianos conozcan cuáles realmente han sido los avances hasta ahora obtenidos, en qué estamos estancados y cuáles han sido los obstáculos para que el proceso no haya avanzado al ritmo que el país ansiosamente espera”.

Dos horas después, Iván Márquez leyó el tan anunciado Primer informe sobre el estado de las conversaciones de paz. Y toda la expectativa se desinfló.

Salvo un par de detalles, el informe repite lo que las Farc han planteado en comunicados y declaraciones. Márquez reveló que ya hay “algo más de 25 cuartillas de acuerdos parciales” y aceptó, como lo hizo Humberto de la Calle, jefe de la delegación del gobierno, al terminar la ronda anterior, que “los alcances son modestos”. 

El documento describe los acuerdos logrados en el primer punto, desarrollo rural (con menos detalle que el informe conjunto de las partes en junio) y los desacuerdos que se mantienen, casi todos los cuales eran vox pópuli. Reitera que en las últimas rondas se han abordado casi todos los puntos de la agenda y no solo el de participación política y atribuye esto a las “demoras” en el proceso. 

Las Farc insisten en su rechazo del Marco Jurídico para la Paz y de un referendo como mecanismo de refrendación de los acuerdos. Ratifican su propuesta de integrar desde ahora una comisión de esclarecimiento de la verdad histórica y de que todos los responsables del conflicto hagan “un día de reflexión y contrición”, al cual las Farc se sumarían.

Pese a que el informe sostiene que la confidencialidad cubre solo las discusiones en la Mesa y no lo que se acuerde, las Farc no hicieron ninguna revelación ni fueron más allá de lo que ambas partes han dado a conocer sobre los acuerdos. Es más, lejos del tono altisonante que con frecuencia usan en sus declaraciones, el documento muestra a unas Farc respetuosas de las condiciones y las dinámicas pactadas.

En resumen, puede decirse que, en este caso, La Habana parió un ratón. El tan anunciado informe de las Farc terminó siendo un comunicado más. Aunque produjo un revuelo que marcó la semana anterior al inicio de la nueva ronda con toda suerte de vaticinios sobre el proceso y declaraciones encontradas de las partes. Un ‘ruido’ que, pese al pacto de confidencialidad, últimamente se está volviendo tan protuberante como la falta de resultados del proceso.

En buena parte, las Farc se encargan de generarlo, con el entusiasmo oratorio del que hacen gala sus voceros, que han usado su tribuna de La Habana para comunicar a diario, a menudo con lenguaje provocador, su opinión sobre todos los temas. Para la muestra, la carta de Timochenko, que generó toda clase de comentarios y reacciones. 

Pero también el gobierno contribuye al volumen: el presidente Santos conminó a las Farc desde la ONU a tomar decisiones (lo que provocó la misiva del jefe guerrillero) y su jefe negociador, Humberto de la Calle, respondió duramente a Timochenko por los micrófonos. Y medios, comentaristas y políticos de todas las vertientes contribuyen a ampliar el ruido.

Ahora, con su informe, las propias Farc bajan el tono. Está por verse qué efecto tendrá esto en la suerte del segundo punto de la agenda, que entra en su séptima ronda de discusión sin avances tangibles. Para la buena salud del proceso, lo mejor sería que esta vez las partes consigan dejar de un lado lo que últimamente luce como su principal problema: mucho ruido y pocas nueces. 
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