Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/04/30 00:00

Regresa la excandidata Íngrid Betancourt

Desde su rescate hace ocho años, la ex secuestrada por las Farc, no se había animado a volver. La semana próxima dará una conferencia sobre la reconciliación. ¿Se quedará a hacer política?

Íngrid Betancourt vive en Oxford , Inglaterra, donde estudia un doctorado en teología. Foto: Jorge Pérez

A Íngrid Betancourt el alma le volvió al cuerpo hace cerca de ocho años, a 2.500 metros de altura. Su rostro lleno de alegría cuando los miembros del Ejército se identificaron en pleno vuelo se convirtió en el símbolo de esa victoria militar que logró arrancarles los secuestrados a las Farc y a la selva. Casi todos los colombianos recuerdan el anuncio de la Operación Jaque y la fiesta nacional que produjo la libertad de los rescatados. Esa tarde, el país entero siguió en directo la llegada de ellos a la base de Catam. “La operación fue perfecta”, dijo Íngrid en un emotivo discurso al bajar del avión. La dirigente alcanzó ese día su mayor popularidad e incluso se llegó a especular que podría lanzarse a la Presidencia. Sin embargo, tomó un avión presidencial al otro día y desde entonces no ha regresado en forma al país.

La semana entrante Íngrid volverá a Colombia. Después del secuestro estuvo tan solo una vez en Bogotá en 2008, por un par de horas, las cuales pasó la mayoría en la embajada de Francia. Su regreso se debe a un foro organizado por la Fundación Buen Gobierno, que dirige Martín Santos, y tendrá seguramente un enorme peso simbólico para el momento que vive Colombia de cara al proceso de paz.

Íngrid Betancourt es quizás la víctima más visible del mundo de los horrores que ha  cometido las Farc. Su foto, demacrada y encadenada, conmovió buena parte de la humanidad sobre los vejámenes cometidos en uno de los conflictos de guerrillas más viejos del mundo.  La desgarradora carta que envió a su familia ha sido uno de los pocos documentos que lograron contar desde adentro la magnitud del drama que vivían los secuestrados. “Estoy cansada de sufrir… He dado muchas batallas, he tratado de escaparme en varias oportunidades, he intentado mantener la esperanza como quien mantiene la cabeza fuera del agua. Pero ya me doy por vencida”, escribió desde una selva a la que, según ella, difícilmente le entraban los rayos del sol.

Por eso, llama la atención que mientras muchos colombianos rechazan abiertamente los diálogos con las Farc, Íngrid los apoye desde la distancia con tanto ahínco. Las pocas veces que ha salido a medios ha dicho abiertamente que perdonaría a las Farc a cambio de no vivir 100 años más de guerra. De hecho, su visita de esta semana tiene ese propósito. "Colombia está viviendo un momento único en su camino hacia la paz. Acepté esta invitación para hablar de reconciliación, algo a lo cual me siento convocada como víctima del conflicto", le dijo a esta revista. 

En una entrevista con SEMANA, a propósito de los cinco años de la Operación Jaque, aseguró que “hay momentos como este en que pareciera que los planetas estuvieran alineados. Todo está para que las cosas se den. Uno sabe cuándo pierde la oportunidad, pero no sabe cuándo la vuelve a crear”.

Para Íngrid esa oportunidad vale muchísimo más que los sapos que haya que tragar. No le ve problema a que los guerrilleros terminen en el Congreso pues considera que no hay mucho más para darles a cambio de dejar las armas. “No podemos ofrecerles armas porque tuvieron las que quisieron. No podemos ofrecerles influencia territorial porque tuvieron la mitad del país. Lo que tenemos para ofrecerles es la ciudadanía de ser colombianos. Por eso no solo se necesita abrirles las puertas de la política, para que nos convezcan o sean derrotados”, dijo en esa entrevista.

Algo similar piensa de la justicia pues cree que el único propósito de ese nuevo sistema debe ser la reconciliación y la paz. Considera que los mecanismos que se acuerden no podrán sr de borrón y cuenta nueva, y que lo fundamental es buscar un resarcimiento moral de las víctimas, decirles que sucedió, que la sociedad está con ellos y que su dolor no va a ser ignorado. Ha dicho que para ella la justicia no puede sr destructiva ni buscar venganza, pues su objetivo es permitirle al país ir hacia adelante y construir relaciones de hermandad y confianza.

Precisamente, ella ha tardado años en recuperar esa confianza. Aunque suele decir que no se siente fuera de Colombia, lo cierto es que tiene con el país una relación agridulce que la ha mantenido por fuera durante casi ocho años. Por un lado, ella ha reconocido que necesitaba un tiempo para sanar las heridas de secuestro y recuperar a su familia. Y eso ha hecho. Se fue a estudiar un doctorado en teología en Oxford y ha estado pendiente de sus dos hijos. La mayor, Melanie, estudió cine en Nueva York y se casó el año pasado. El enor, Lorenzo, su mamá y su hermana Astrid viven en París. Todos se ven muy a menudo y han estrechado sus lazos desde su liberación.

Para Íngrid no era fácil quedarse en Colombia pues vivió muchos años en cautiverio y no resistía la idea de tener un complejo esquema de seguridad y vivir con miedo. Pero el ambiente del país después del secuestro tampoco la ayudó. Los primeros eses se especuló mucho sobre su regreso a la arena política. Sin embargo, cuando interpuso un recurso para buscar que el Estado asumiera responsabilidad por su secuestro, el mundo se le vino encima. Ella ha reconocido que ese episodio la marcó profundamente pues en cierto modo aun vivía en estado de shock por el secuestro. “La incomprensión que generó me afectó mucho. Era como salir de una selva para meterme en otra. Me pareció muy injusto, me dolió muchísimo y eso prolongó también la posibilidad de sanar heridas”, dijo recientemente. Todo sumado ha demorado su regreso.

Sin embargo, todos los que la conocen sabían que era cuestión de tiempo que llegara al país al hablar del proceso de paz. Martín Santos fue el vínculo ideal para impulsarla a tomar esa decisión pues su papá, el presidente Santos, no solo dirigió la operación que la devolvió a la libertad, sino que fue uno de sus primeros jefes. Ambos se habían conocido en la capital francesa cuando a ella la liberaron y mantuvieron una relación cordial desde entonces. Hace un mes, Martín la llamó a invitarla al foro que busca reunir a representativas víctimas de las Farc para hablar de lo que piensan del proceso de La Habana. Ella contestó inmediatamente que sí y desde ahí han coordinado todo juntos.

Íngrid no es una mujer predecible y por eso, nadie se atreve a echar cábalas sobre si este foro significa su regreso a la política. Por cuenta de este viaje estará cinco días en Bogotá. "Quiero visitar la tumba de mi padre, abrazar a mis antiguos compañeros de secuestro, a los integrantes de la Operación Jaque, reunirme con viejos compañeros de la actividad política, conversar con amigos y familiares que no veo hace años", le dijo a Semana. Aunque siempre que le han preguntado, ella no ha descartado volver puede que ese retorno definitivo se tarde un poco. "Este año voy a ser abuela dos veces. Ahí donde estén mis hijos quiero estar yo", cuenta.  

Hace un par de décadas, cuando vivía entre Europa y Estados Unidos, decidió regresar intempestivamente. Su mamá, Yolanda Pulecio, trabajaba con Luis Carlos Galán cuando era candidato presidencial y estaba a su lado cuando le dispararon en Soacha. Como perdía mucha sangre y ella tenía su mismo tipo, O negativo, lo acompañó al hospital. Esa noche llamó a Íngrid  y ella concluyó que no tenía sentido estar por fuera del país. Empacó maletas y regresó a Colombia. Al principio entró al Ministerio de Hacienda, pero meses después la llamó el recién nombrado ministro de Comercio, Juan Manuel Santos. En esa cartera trabajó dos años en llave con otra asesora del ministerio, Clara Rojas, hasta que decidieron lanzarse juntas al Congreso. La semana entrante en ese foro también se reencontrará con ella.

La conferencia de Íngrid en el foro organizado por el hijo del presidente seguramente dará mucho de qué hablar. Será un gesto de reconciliación en un momento definitivo del proceso. Pero también encenderá polémica, una reacción a la que ella nunca ha sido ajena.

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