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| 1/21/2012 12:00:00 AM

Invocando a los dioses

En un país en el que la corrupción abarca cientos de miles de millones de pesos, el escándalo por los 4 millones del chamán tiene algo de absurdo.

La semana pasada tuvieron lugar dos noticias en Colombia. Una gravísima y otra insignificante. La primera fue que el nuevo ministro de Defensa de Venezuela, el general Henry Rangel Silva, resultó ser un gran aliado de las Farc. La segunda, que un campesino medio brujo del Tolima había recibido 4 millones de pesos por prestar sus servicios esotéricos a los organizadores de la clausura del Mundial de Fútbol Sub-20, que se celebró en Colombia el año pasado. Aunque parezca increíble, el segundo tema monopolizó la agenda de la opinión pública nacional.

El cuento comenzó cuando la Contraloría Distrital denunció supuestos sobrecostos por 1.900 millones de pesos en la organización del evento. Y, como ejemplo vergonzoso de despilfarro, salió a flote el pago de 3.931.082 pesos a Jorge Elías González, un chamán que se autodefine a sí mismo como 'sacerdotista'. Aunque el objeto social del contrato era una 'asesoría técnica', en la práctica era un ruego para que ahuyentara las lluvias el día del evento.

La noticia inicialmente produjo indignación, posteriormente muchos chistes y, al final de la semana, el sentimiento de que, entre todas las barbaridades que se cometen en Colombia, el pago al 'Señor de las lluvias' es el más insignificante.

Los ritos, las supersticiones y el esoterismo, si bien no tienen por qué ser financiados con los impuestos, son parte de la cultura de todos los pueblos. Teniendo en cuenta que un aguacero representaría una catástrofe para los 45.000 hinchas del fútbol presentes en el estadio El Campín y para los millones de televidentes alrededor del mundo que estaban pendientes del espectáculo de la gran final, la invocación de fuerzas sobrenaturales no era más que un adorno trivial. No se trataba tanto de un acto de fe o un ruego a los dioses, sino de un 'cara y sellazo' simbólico. Es como quien, para curarse en salud, no recibe un salero en la mano o evita pasar por debajo de una escalera.

Con una inversión total de miles de millones de pesos, 4 para el chamán eran algo comparable a haber ofrecido una misa para que no lloviera. Que el pago proviniera de dineros públicos, no tiene presentación. Pero considerando el monto y la transparencia del negocio, el asunto daba más para carcajadas que para indignación. Sobre todo si se tiene en cuenta que, a diferencia de todos los escándalos del Distrito, el contratista en este caso sí cumplió.

Y sin embargo, si algo destapó este episodio banal es que Colombia es un país de supersticiones. A nivel doméstico, muchas señoras de la sociedad bogotana entierran cuchillos o mandan 500 huevos a un ancianato para que no les llueva el día de una primera comunión o de un matrimonio. Y en las celebraciones de Año Nuevo, no pocos recurren a las uvas, a los calzones amarillos y a las maletas de viaje. El chamán puede costar un poquito más, pero por lo menos tiene pretensiones seudocientíficas. El instrumento de trabajo de Jorge Elías González es, según sus propias palabras, "un péndulo universal programado con siete péndulos sometidos a una misma fuerza y localizados estratégicamente con respecto a la posición del sol y la tierra". Considerando la complejidad de la operación, 4 millones de pesos no parece muy caro.

Otra revelación que salió a la luz es que los organizadores de la clausura no eran los únicos en jugarle a la carta del chamán. Ana Marta de Pizarro, la directora del Festival Iberoamericano de Teatro, contratada para poner en escena el espectáculo, no hacía más que seguir la tradición de su antecesora Fanny Mikey, quien utilizaba los servicios de González para cada Festival de Teatro al aire libre desde comienzos de los años noventa. Y, como si fuera poco, el portal confidencialcolombia.com obtuvo la chiva de que el campesino tolimense había sido contratado por 3 millones de pesos para espantar las nubes el día de la posesión del presidente Juan Manuel Santos. Como el Contralor Distrital había satanizado un poco el incidente y amenazado a los responsables con acciones judiciales, que el propio jefe de Estado estuviera entre los beneficiarios, complicaba un poco las cosas. Santos, para evitar que el escándalo lo salpicara, hizo público un comunicado notificando que, efectivamente, su campaña había contratado al chamán, pero que lo había hecho a sus espaldas. No todo el mundo le creyó pues, al fin y al cabo, fue él mismo quien el día de su posesión subió a la Sierra para que los mamos le dieran la bendición y lo inspiraran durante su gobierno. Sin embargo, como no había dineros públicos de por medio y nunca se aclaró quién hizo el pago, el asunto no pasó a mayores.

Desde Rasputín en la época de los zares, no es esta la primera vez que el esoterismo llega al nivel del jefe de Estado. En Estados Unidos, durante el gobierno de Ronald Reagan, hubo un miniescándalo cuando se reveló que su esposa, Nancy, tenía un astrólogo de cabecera que hacía que la agenda presidencial se fijara basándose en las estrellas. En Argentina también hubo gran revuelo durante los gobiernos, tanto de Perón como de su viuda Isabelita, al saberse que el verdadero poder detrás del trono estaba en manos de un brujo místico con el nombre de José López Rega. Y brujos místicos también ha habido en Colombia: durante el gobierno pasado se rumoraba que el fiscal Mario Iguarán no movía un dedo sin el concepto del controvertido Armando Martí.

Lo paradójico de todo esto es que el enigmático chamán, que ha sido la comidilla de la semana, vive en un cambuche más propio de un guerrillero perseguido en el monte que de un asesor de cabecera de personajes de alta alcurnia. Y más paradójico aún es que ni su péndulo universal, ni su cercanía con los dioses, le sirvieron para evitar que su rancho fuera inundado y casi destruido por las lluvias.
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