Martes, 24 de enero de 2017

| 2002/07/29 00:00

Ironías de la vida

Palabras escritas por Fernando Londoño Hoyos hace un cuarto de siglo se vuelven ahora contra él.

Fernando Londoño llamó "éticamente insostenible" el que un abogado que prestaba sus servicios a través de una sociedad demandara a su cliente para reclamar derechos como empleado

"No puedo entender sino como un acto éticamente insostenible el demandar en juicio laboral una compañía con la cual se ha celebrado un contrato de prestación de servicios a través de unas sociedades. Pensar que un especialista en derecho laboral confunde honorarios con salarios; servicios personales con servicios que se prestan a través una sociedad? (?) es como admitir la cuadratura del círculo? Lo que lamentablemente ocurrió fue que el doctor quiso primero todas las ventajas de los contratos que ordinariamente celebramos los abogados con nuestros clientes habituales a través de sociedades de personas y luego quiso también tener todas las ventajas de la relación laboral. Para conseguir ese torvo propósito no se detuvo ante el respeto que su profesión le exigía?" .

Cualquiera que lea el texto anterior podría pensar que se trata de un aparte del fallo de la Sala Laboral del Tribunal Superior de Bogotá contra el próximo ministro del Interior y Justicia en relación con el controvertido caso de Invercolsa. En realidad se trata de un aparte de un memorial escrito por el abogado Fernando Londoño Hoyos en 1977, cuando fue contraparte de un jurista que prestaba servicios a través de una sociedad y de la noche a la mañana decidió que le reconocieran la condición de trabajador.

El protagonista de aquel pleito era un reputado abogado caleño, Luis Francisco Arango Lalinde, quien había trabajado como empleado de Maderas y Chapas de Nariño S.A. entre 1956 y 1970. Terminó su contrato laboral y, luego de que lo liquidaran, firmó un contrato de prestación de servicios por honorarios a nombre de su firma de abogados. A los pocos años la empresa cambió de dueños y los nuevos propietarios no quisieron continuar con sus servicios. Arango, que había tenido muy buenas relaciones con los dueños originales, se molestó y demandó a la empresa para que le reconociera el vínculo laboral en esos últimos años, con las correspondientes cesantías.

Después de pasar por las primeras instancias el pleito fue a dar a la Corte Suprema de Justicia en 1977, cuando ya el demandante había muerto. Y el abogado de Maderas y Chapas que llevó el caso ante la Corte fue Fernando Londoño Hoyos.

El hijo del difunto demandante le envió una carta a Londoño el pasado 4 de julio, en la que le recuerda sus palabras en relación con el caso de su padre. En aquella ocasión Londoño llamó "éticamente insostenible" el que un abogado que tenía un contrato de asesoría legal por honorarios con una empresa intentara demandarla para reclamar sus derechos de empleado.

Hay, como era de esperarse, algunas diferencias entre los dos casos. Londoño fue representante legal de Invercolsa, mientras que Arango había sido simplemente asesor laboral. Y a diferencia del designado ministro, el abogado caleño había tenido un contrato laboral, al cual renunció por escrito antes de reemplazarlo con uno de prestación de servicios.

Sin embargo, a la luz del caso de Invercolsa, no dejan de llamar la atención los puntos en común y la ironía de la vida con la aparición del memorial en estos momentos. En ambos casos, abogados con contratos de asesoría con empresas pretendieron obtener los beneficios del vínculo laboral. Hubo suficientes coincidencias como para que el hijo del fallecido Arango, y también abogado, Francisco Arango Vallejo, le escribiera a Londoño en su carta: "Para bien de la patria y del proyecto del presidente Uribe que la mayoría de los colombianos apreciamos, resultará fundamental su ponderación y la coherencia de su actitud ética".

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