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| 8/6/2016 11:00:00 PM

Iván Cepeda: El facilitador

El senador pasó de ser considerado el ‘mamerto’ de los derechos humanos a convertirse en el hombre clave de la resolución de conflictos en Colombia.

Garante, conciliador, interlocutor, intermediario, negociador y árbitro. Con esas palabras, personas de todas las tendencias políticas, a excepción del uribismo, describen hoy en día a Iván Cepeda Castro. Es conciliador y hermético, dicen quienes han trabajado con él a lo largo de su carrera política de líder de víctimas y derechos humanos, representante a la Cámara y ahora senador por el Polo Democrático. “Su misión es mediar”, dice Ana Jimena Bautista, la abogada que lo acompaña cada vez que una comunidad, una ONG o el mismo gobierno lo llaman para que interceda en la solución de algún conflicto social.

Y es que Cepeda está detrás de la búsqueda de soluciones a cada huelga, paro agrario o movilización campesina reciente. Con él se comunican permanentemente el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, el de Agricultura, Aurelio Irragorri, y el propio presidente Santos. Pero también, día a día, recibe cientos de llamadas de líderes indígenas, cívicos y comunales de las regiones más apartadas del país. “Su oficina parece una minidefensoría del pueblo”, dice una de sus asesoras, quien confiesa que en menos de dos años el senador ha contestado más de 900 derechos de petición. Eso sí, cuando su trabajo como facilitador en la Mesa de Diálogos de La Habana le deja tiempo.

Sus compañeros en la Comisión de Paz del Congreso y todos los ministros reconocen que ha sido pieza esencial en la etapa pública de las conversaciones de paz. Colegas suyos como Claudia López, del Partido Verde, y Rodrigo Lara, de Cambio Radical, así como ministros cercanos al proceso aseguran que tiene la virtud de generar confianza en ambas partes, y que su papel ha sido clave para solucionar ‘chicharrones’ y desencuentros puntuales con las Farc. “Busca entender al otro, no toma partido, reduce tensiones”, asegura Rafael Pardo, alto consejero para el Posconflicto.

Si bien heredó de su padre, el asesinado líder de la Unión Patriótica Manuel Cepeda, buena parte de su carácter conciliador, el senador ha perfeccionado con el tiempo su habilidad para mediar conflictos. La primera vez que se hizo visible el trabajo de Cepeda para abrir canales de comunicación entre sectores sociales y el gobierno llegó durante el paro agrario nacional de 2013. En esa oportunidad, la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular convocó a casi 30.000 personas en 24 departamentos del país para protestar por los costos de insumos agrícolas y la prohibición de usar semillas nacionales, entre otros.

Ante los constantes enfrentamientos que se presentaron durante casi un mes, que dejaron al menos 8 muertos, más de 400 heridos y 512 detenidos, la presencia de Cepeda fue importante para que las partes regresaran a la mesa de diálogo y lograran acuerdos de los cuales él es garante hasta la fecha. Pocos días después, regresó a otra mesa de diálogo, pero esta vez para destrabar los conflictos derivados del paro en el Catatumbo. Allí sirvió de intermediario ante la mesa de interlocución del Catatumbo y también se hizo garante de lo pactado.

Para el año siguiente, en 2014, Cepeda se hizo cargo de la causa de las mujeres negras del Cauca, que exigían suspender la explotación minera en su zona ante el impacto social y medioambiental que la excavación de oro ilegal y la amenaza de la minería a gran escala estaban ocasionando en su región. En ese caso, el senador tendió puentes con el gobierno para llamar la atención sobre este asunto, y el año siguiente logró que la Corte Constitucional tumbara varios artículos del Plan Nacional de Desarrollo que permitían la explotación minera en páramos.

En febrero de este año propició nuevamente en el encuentro entre la Cumbre Agraria y el gobierno nacional para aliviar la situación de orden. En esta ocasión su participación fue muy relevante, ya que llegó en un momento cuando las vías de diálogo se habían agotado y el siguiente recurso era acudir a las fuerzas del Esmad. Quizás por esta ayuda el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, insiste en que es “un hombre que sabe escuchar y buscar soluciones siempre con inteligencia y serenidad: el apoyo de Iván ha sido crucial en el diálogo social”.

Aunque Cepeda confiesa que esta labor de intermediación ha sido muy importante en su carrera, la paz es el hilo conductor de su agenda política. Viaja al menos una vez a la semana a La Habana o a las regiones para hablar de paz y hacer nuevos contactos con actores sociales. “Iván es el facilitador de dos mundos que se están encontrando. Rechaza con su vida la lucha armada, pero defiende a capa y espada la incorporación de las Farc en la política nacional. Es un facilitador innato”, asegura Claudia López. Con ella coincide Rodrigo Lara, presidente de Cambio Radical, para quien Cepeda “ha sabido tender puentes con diferentes sectores de la política nacional”.

El senador Cepeda aclara que aunque lo obsesiona la paz, se mantiene en la oposición. “Me identifico con el gobierno en ese tema, pero rechazo profundamente el modelo económico que aplica. Esa ha sido la línea de mi trabajo de oposición y la de mi bancada”, dice. Y frente a su comuniación permanente con el presidente aclara que “se trata solo de una relación de trabajo, y exclusivamente referida a la paz”.

Como senador ha hecho varios debates de control político que han dado de que hablar. Entre los más destacados están el que versó sobre las causas de los accidentes de aviones militares, el que criticó el proyecto de ley que permitiría a los empresarios la opción de comprar terrenos baldíos y el que cuestionó las iniciativas para promover la minería a gran escala. “Es radical, pero no sectario”, afirma un coronel que recientemente realizó el curso de ascenso a general en el Curso de Altos Estudios Militares de la Escuela Superior de Guerra. “Lo respetamos”, dice.

Hace dos meses que a su oficina no llega una sola amenaza. “Creo que en el país hay un ambiente de paz”, asegura Cepeda, quien está a la espera de un fallo de la Procuraduría que podría inhabilitarlo. No en vano, en octubre de 2015 el Ministerio Público le abrió una investigación por supuestamente haber visitado cárceles en busca de falsos testigos para incriminar a Álvaro Uribe en actividades criminales con paramilitares, las cuales denunció en un debate de control político ese mismo año. “Veremos qué sucede, pero eso sí: desde la oposición, seguiré trabajando para que el país le ponga punto final a la guerra”, insiste.

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