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| 8/25/2015 8:32:00 PM

Iván Velásquez, el colombiano que hace temblar al gobierno de Guatemala

El titular de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, tiene en jaque a las autoridades del país por investigar un caso de corrupción.

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BBC
Iván Velásquez Gómez (Medellín, 1955) es un hombre con una misión. O varias.

Limpiar la podredumbre que peligrosamente rodea a las máximas autoridades de Guatemala, atacar la corrupción estructural y la impunidad endémica y combatir la penetración del crimen organizado.

Su actuación al frente de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), un organismo adscrito a Naciones Unidas, tiene en vilo al país.

Y en jaque al gobierno del presidente Otto Pérez Molina, cuyo futuro ahora está en manos del Congreso luego de que este martes la Corte Suprema de Justicia aceptó dar trámite a la solicitud de antejuicio contra el mandatario, quien ha negado cualquier vinculación con el escándalo de "La Línea".

Los legisladores deberán decidir si se le quita la inmunidad a Pérez Molina, algo que ya rechazaron hacer semanas atrás.

Estrella de la investigación de la parapolítica

Al exjuez colombiano Velásquez no le es ajeno involucrarse en procesos de investigación extensos, complejos y peligrosos.

Se hizo conocido como el "magistrado estrella" del escándalo de la parapolítica en Colombia.

Como juez auxiliar de la Corte Suprema de Justicia, lideró durante seis años las pesquisas que derivaron en la condena de decenas de políticos por su relación con grupos paramilitares. Entre ellos, un primo del presidente Álvaro Uribe (2002-2010).

En una entrevista que le dio al diario colombiano El Tiempo en el 2008 dio cuenta de las dificultades de su labor.

"No hay derecho a que por un servicio que creo estar prestando adecuadamente, que implica dedicación permanente y que afecta la familia, la vida personal y la tranquilidad, haya una constante persecución, intentos permanentes de ataques", señaló.

"Algunos creen que es para mí una investigación de satisfacción y, por el contrario, es un acto de sufrimiento porque es una tragedia nacional", señaló por sus pesquisas sobre la parapolítica.

Figura incómoda para el poder, acosado por denuncias, perseguido por el propio servicio de inteligencia y con su vida en peligro, dejó el cargo en septiembre del 2012.

Su dimisión representa "una profunda pérdida para el sistema judicial de Colombia", aseguró por ese entonces la organización Human Rights Watch.

"Fue un hombre determinante. Sin su participación no habríamos tenido en Colombia el proceso de la parapolítica", le dice a BBC Mundo el abogado colombiano José Albeiro Yepes.

Yepes conoce a Velásquez desde hace tres décadas y trabajó junto a él como fiscal a fines de los 90.
"Se ha caracterizado y preocupado por el control del poder, ha sido muy agudo contra las formas de abuso y corrupción del poder", opina.

"Una de sus prédicas -añade- ha sido que la democracia no ha sido posible en nuestros pueblos latinoamericanos porque el poder sólo ha respondido a sus propios intereses".

Desafío guatemalteco

Tras la parapolítica, llegó otro desafío: la Cicig.

La comisión, en funcionamiento desde el 2007, se creó con el objetivo de investigar delitos de cuerpos ilegales de seguridad y desmantelarlos.

Con los años sus fines fueron evolucionando para colaborar con la justicia del país en desarticular estructuras mafiosas dentro del Estado.

A fines del 2013 se hizo cargo de la Cicig y aunque la comisión ha expuesto otros casos de corrupción desde entonces, nada ha tenido tanto impacto como el escándalo conocido como "La Línea", revelado en abril.

En una investigación que implicó 80.000 escuchas telefónicas y 5.000 mensajes de correo electrónico revisados, encontraron referencias a "el uno" y "la dos" que, según la Cicig y la Fiscalía General, corresponderían a la participación de Pérez Molina y la ahora exvicepresidenta Roxana Baldetti.

Velásquez es el tercer comisionado de la Cicig, y el primero en liderar casos de tan alto impacto.

Un puñado de frases que ha soltado en diversas entrevistas en los últimos meses muestra la magnitud de la instancia que atraviesa el país: momento histórico, revolución social gigantesca, despertar ciudadano.

La cruzada sin precedentes contra la corrupción que atraviesa Guatemala ha llevado al arresto en unos pocos meses de más 60 personas implicadas en 13 escándalos de corrupción en los tres poderes del Estado.

Y Velásquez ha cobrado un protagonismo inusitado.

"¡Iván, amigo, el pueblo está contigo!", se leen en algunas pancartas en manifestaciones; "Yo amo a la Cicig", dicen otras.

"Si tengo la bendición de un hijo... se llamará Iván! en honor al gran Iván El Terrible! @Ivan_Velasquez_ Gracias totales!", escribió días atrás en Twitter un usuario guatemalteco.

En redes sociales, los días en que suele hacer revelaciones la comisión ya se han convertido en los "Jueves de Cicig".

"Creo que Velásquez tiene un verdadero deseo por limpiar las estructuras del Estado, su intención es loable, es positivo y lo está haciendo muy bien", le dice a BBC Mundo Carlos Arrázola, un periodista del medio digital guatemalteco Plaza Pública que ha entrevistado al comisionado.

Arrázola asegura que la imagen de Velásquez ha sido "sumamente magnificada".

"Creo que es poco sano para la sociedad, no sé si la palabra es endiosamiento, capaz que es una palabra un poco fuerte, pero mucha gente lo ve así. Este país no tiene referentes, líderes, no tiene a quién admirar, entonces tendemos a magnificar su imagen", explica.

La investigación le ganó el apoyo de miles de guatemaltecos, pero también el rechazo de algunos poderosos.

El líder de la encuestas de cara a los comicios generales del 6 de septiembre, Manuel Baldizón, cuyo compañero de fórmula ha sido acusado de estar vinculado a un caso de corrupción, ha dicho que apoya el trabajo de la Cicig pero que no le gustaría que Velásquez siguiera al frente.

"La cabeza de esa Comisión ha dirigido con saña el ataque contra el partido de oposición", señaló Baldizón, de la agrupación Líder, en las últimas semanas.

"Si se trata de intimidarme, no lo van a lograr", apuntó Velásquez en respuesta a esas declaraciones.
"Las personas afectadas por investigaciones siempre cuestionan al investigador, eso es algo a lo que ya estoy acostumbrado", señaló en comentarios a la CNN.

Consciente del impacto que la Cicig ha tenido en los últimos meses, Velásquez admitió en una entrevista con Plaza Pública que "el movimiento social de repudio a la corrupción ha sido fundamental para seguir adelantando la tarea de investigación".

Pero reconoce que la Cicig por sí sola no podrá acabar con la corrupción y la impunidad en el país, sino que el esfuerzo conjunto debe venir de parte de las instituciones del Estado y de la sociedad.

Ni salvadores ni magos


La semana pasada, días antes de que se solicitara que se le retire la inmunidad a Pérez Molina, el expresidente uruguayo José Mujica visitó Guatemala para participar de un foro regional.

Velásquez llegó unos minutos tarde y cuando la organización del evento anunció su presencia, fue ovacionado.

La Nobel de la Paz guatemalteca, Rigoberta Menchú, lo instó a que se pusiera de pie. Lo aplaudieron durante 30 segundos.

Poco después el comisionado escribió en Twitter la frase con la que Mujica comenzó su discurso: "En el mundo no hay salvadores o magos; hay causas colectivas".

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