Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/04/08 22:33

“Si desapareció el 6 de febrero y lo asesinaron el 8, dígame a qué horas fue guerrillero”

Esta es la dolorosa historia de Jaime Esteven Valencia Sanabria, uno de los casos que tendrá que explicar, el general Mario Montoya por su presunto conocimiento en las ejecuciones extrajudiciales de los 16 jóvenes de Soacha.

María Ubilerma Sanabria, madre de Esteven Valencia Sanabria. Foto: Cortesía El Espectador

“Mamita váyase para su casa, su hijo debe estar emparrandado con la novia y los amigos y usted aquí llorando, venga por ahí en 20 días si no ha aparecido y pone el denuncio”. Esa fue la respuesta el ocho de febrero del año 2008 cuando fui a la Fiscalía de Soacha a poner la denuncia de la desaparición de mi hijo Jaime Esteven Valencia Sanabria de tan solo 16 años.

Mi hijo de pequeño era muy inquieto, tenía el cabello hasta la cintura, lo entré a un colegio privado y se lo hicieron cortar, no conocía esos derechos y me dejé convencer, a mí me fascinan los hombres con el cabello largo. Quería ser cantante, médico o veterinario. Le gustaban los deportes: el fútbol, la natación y el atletismo, tengo varias medallas de competencias en las que participó. Recuerdo una vez que nos disgustamos porque tenía una ropa en jabón y no la lavaba, lo regañé y la lavó, lo llamó un señor de una buseta y al salir tres veces me dijo “chao mami” y no le contesté, entonces antes de salir se devolvió y me cogió por la espalda a darme besos y a decirme ¿no se quiere despedir, no me quiere dar la bendición? Entonces yo le dije: Dios me lo bendiga hijito.

Éramos muy unidos, mi hijo estaba estudiando séptimo. En el 2007 se puso a trabajar de ayudante en las busetas o en la rusa, quería ayudar con dinero para la casa porque me veía cabeza de hogar, entonces quería ser ese hombre. Un día me dijo, “ma unos señores venían bien vestidos,  gastan lo que uno quiera, son chéveres”. Yo le dije, cómo así… y me dijo “sí mamá, están llevando gente a trabajar, a recoger café a tierra caliente, a cuidar fincas y a ordeñar vacas…uno trabaja tres meses y le dan permiso de venir a visitar la familia, me van a pagar bien y compramos una casa grande”. Le dije, no, no y no, siempre lo han explotado por ser menor de edad, ahora, no estamos acostumbrados a estar lejos, hasta los hijos mayores decían saque mamá a Esteven de debajo de las enaguas. Entonces me dijo, “bueno mi chivita ya no me voy” y yo pensé que el caso estaba cerrado.

Mi hijo salió por última vez de la casa el 6 de febrero del 2008 y llamó dos días después, a eso de las 2:30 p.m., mi hija Cindy recibió la llamada y cuando yo llegué a las 3:30 p.m. me dijo: “llamó Esteven”, yo me alegré porque dio señales de vida, entonces me comentó, “mami yo le dije que me hablara más duro y me explicó que no podía, que le dijera a usted que llegaba de domingo a lunes pero que no lo fuera a castigar porque se fue sin permiso, no sé si le quitaron el teléfono pero se cayó la comunicación”. Pasaron ocho, diez, doce días y este es el momento en que todavía lo estoy esperando...

Yo lo seguí buscando donde los amigos, fui a Boyacá de dónde veníamos, con diferentes personas lo preguntaba y nada, nadie me daba razón. Fueron ocho meses de larga incertidumbre y tristeza porque siempre va a existir en mi corazón. A los doce días de su desaparición vino a visitarme en un sueño. Yo estaba muy enferma, no podía levantarme de la cama y me trajo un brownie con una bolsa de leche pequeña. Soñé que se arrodilló al lado de la cama y me decía, “tome mamita, coma que está muy malita”. Yo me levanté muy asustada y dije “mi hijo está muerto, pero no…por qué pienso esto”. Yo no podía creer que mi niño estuviera muerto, es que aún no lo creo, aún lo espero.

Pasaban los días lentos y grises y una mañana me dijo mi hija Yuli, porque yo estaba en Valledupar, “mami, ¿está viendo noticias?” me llamó atacada llorando. Y yo dije ¡el niño! “Están diciendo que los jóvenes desaparecidos de Soacha están apareciendo muertos en fosas comunes en Norte de Santander”. Yo lo único que dije fue Dios mío, mi niño. Ella fue a la Fiscalía y resultó que sí estaba muerto.

En la Fiscalía me mostraron dos fotos de los hombros para arriba y yo me negaba a creer. Tenía signos de tortura: su ojito negro, la boca reventada, él tenía unas pestañas largas y abundantes y se notaba que había llorado no sé por cuánto tiempo porque tenía sus pestañitas pegadas. Fui a Ocaña por mi niño. Cuando yo llegué el Fiscal de turno me dijo:

-¿Viene por uno de los NN guerrilleros?

¡No! Vengo por Jaime Esteven Valencia Sanabria.

-Señora, lo mismo da, es uno de los guerrilleros que se enfrentó al Ejército y pensó que iba hacer mucho y la Brigada XV obligadamente tuvo que matarlo-

 ¿Cuándo fue asesinado?

-El 8 de febrero a las 3:30 de la tarde-

Si fue desaparecido el 6 de febrero y asesinado el 8 de febrero, dígame a qué horas fue guerrillero.

-Cómo le explico, cómo le digo, ese fue el reporte que dio el Ejército-. (…)

Es muy difícil ir armando el rompecabezas y conocer detalles de todo lo ocurrido, a veces pensaba yo, cómo se dejó matar mi hijo así de fácil…Los reclutadores eran retirados del Ejército, les dieron mucha confianza y les averiguaron todo, dirían: son presa fácil, son madres cabezas de hogar, son brutas, no los van a buscar, es que ni lo van a echar de menos pero fue todo lo contrario, por más que se los llevaron lejos y los metieron en fosas comunes donde la intención era desaparecerlos por completo, Dios es grande y maravilloso y lo pudimos traer y darle cristina sepultura. Precisamente se llevan gente de lejos porque la población cercana les tiene miedo, la idea es llevarlos bien lejos donde nadie los conozca, asesinarlos, tenerlos indocumentados donde nadie los reclame, manipulan las pruebas porque el Ejército les cambió la ropa y por ejemplo en las fotos donde yacía mi hijo no había sangre, estaba limpio, o sea a él lo asesinaron y lo llevaron a otro lugar a hacer el levantamiento.

Presentación de la obra Antígona Tribunal de Mujeres. Foto: archivo personal.

En materia judicial no ha pasado nada, en el 2013 la abogada logró trasladar el caso aquí a Bogotá, estuvo en Derechos Humanos como tres meses y se discutió territorialidad y otra vez está en Cúcuta. Dice la doctora que otra vez se lo traen para acá. Ni en eso se ha avanzado, está en la impunidad.

De la tristeza he compuesto varias canciones a mi hijo, hace unos meses canté la que le compuse a Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos, es un corrido que se llama La democracia.

De mi hijo lo tengo todo, sus fotos aquí en la sala, en mi habitación, tengo su ropa, su música, su olor. Yo no puedo olvidar, será el día en que me muera y eso, quién sabe cómo será allá. María Ubilerma Sanabria, Madre de Esteven Valencia Sanabria.

Esta historia hace parte de una investigación periodística que presenta las bases teóricas de la reflexión sobre los impactos en materia de Derechos Humanos de la Política de Seguridad Democrática del expresidente Álvaro Uribe Vélez (2002-2010).

Según la autora, este ejercicio pretende ser un referente académico que evidencia al Estado colombiano como victimario, uno de los grandes desafíos del acuerdo de Justicia Transicional firmado en la Habana con las Farc con la idea de cerrar el doloroso capítulo de conflicto armado que ha vivido la sociedad colombiana contemporánea. El documento completo puede leerlo aquí

*Periodista, Mg en Comunicación-Educación Universidad Distrital Francisco José de Caldas @lissethmarinc

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