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| 4/5/1999 12:00:00 AM

JAQUE A LA PAZ

El asesinato de tres estadounidenses por parte de las Farc es el golpe más duro que ha <BR>recibido el proceso de paz. ¿Qué viene ahora?

El presidente Andres Pastrana conoció la noticia el jueves a las ocho de la noche. A
esa hora fue informado del asesinato de tres ciudadanos norteamericanos a manos de integrantes del
frente 45 de las Farc en la frontera entre Colombia y Venezuela. Los cuerpos habían sido encontrados
del lado venezolano, en el sector de Los Pájaros de la región de Guatalita, en la provincia de Apure.
La dimensión del hecho era evidente para Pastrana. En un acto de crueldad manifiesta las Farc
estaban llevando el proceso de paz, congelado por ellas de manera unilateral pocas semanas antes,
al borde del colapso.
El Presidente tomó el teléfono y solicitó al conmutador de Palacio una comunicación con el
presidente de Venezuela, Hugo Chávez. La conversación no fue larga. Chávez, consciente de la
gravedad de los hechos, se comprometió a enviar una delegación para identificar los cuerpos, dijo que
hablaría con la embajada de Estados Unidos en ese país y prometió comunicarse con Pastrana al día
siguiente.
El viernes, en las horas de la tarde, los gobiernos de Estados Unidos, Colombia y Venezuela
confirmaron la identidad de las víctimas. Se trataba de Terence Freitas, de 24 años, nacido en
Oakland, California; Ingrid Washinawatck, de 41 años, oriunda de Nueva York, y Lahe'ena'e Gay, de 39
años, nacida en Hawai. Los tres eran integrantes de organizaciones no gubernamentales dedicadas
a la protección del medio ambiente y a la defensa de los derechos de los indígenas.
Las grabaciones efectuadas por organismos de inteligencia militar y la información recogida por
las agencias de inteligencia de Estados Unidos aportaban lo que, para el Departamento de Estado,
era evidencia concluyente de la participación del frente 45 de las Farc en la masacre. En una
conversación sostenida entre Germán Briceño, alias Granobles, y otro guerrillero, el primero ordena
ejecutar a los secuestrados. El hecho de que Granobles sea, además de comandante de este
'minibloque', hermano del 'Mono Jojoy', sólo hace más dramáticos los acontecimientos.
En materia de evidencia sobre la participación de las Farc en el secuestro se agrega una carta que el
presidente del cabildo mayor U'wa enviara el 26 de febrero pasado, un día después del secuestro, a
la embajada norteamericana. En esta el jefe de los u'was informa del secuestro "por miembros de las
Fuerzas Armadas de Colombia (sic) Farc" de los ciudadanos norteamericanos en el sitio El Royota,
entre Cubará y Saravena.

Comunicados dispares
A las nueve de la noche del viernes el vocero del Departamento de Estado encargado, Lee Mc
Cleeny, leyó el comunicado del gobierno de Estados Unidos. Se trataba, sin duda, de la declaración
más fuerte que haya expedido ese gobierno contra una organización insurgente en Colombia. En
cinco párrafos la administración Clinton calificaba a las Farc como "una organización terrorista
internacional", condenaba en los "más fuertes términos posibles" este "acto de barbarie terrorista",
demandaba que las Farc acepten su responsabilidad en este "asesinato a sangre fría", que "entreguen
a los guerrilleros que perpetraron este crimen" y hacía un llamado al gobierno de Colombia para que
"arreste y extradite a Estados Unidos a los responsables de este acto cobarde de terrorismo
internacional".
Aparecía de bulto en esa declaración un cambio radical de política por parte de un gobierno que pocos
meses atrás se había reunido a un nivel considerablemente alto con integrantes de la insurgencia. En
poco menos de una cuartilla acusó en tres oportunidades a las Farc de terrorismo internacional,
igualando este movimiento guerrillero al ejército libio o a movimientos como Hamas o el grupo de
Osama Bin Laden.
Por su parte el gobierno colombiano expidió un comunicado que contrastó de manera dramática
con el del Departamento de Estado. En un tono típico de Cancillería, la administración Pastrana
informó que los cuerpos de los ambientalistas fueron encontrados en Venezuela y que éstos
habían sido secuestrados, días antes, "por hombres armados al margen de la ley, al parecer
pertenecientes a la subversión". El comunicado notificaba además la creación de una comisión
binacional para investigar el crimen, condenaba el secuestro y asesinato de extranjeros y expresaba
su solidaridad con el gobierno de Estados Unidos y las familias de las víctimas.
A diferencia de Estados Unidos, Pastrana decidió tomar distancia de la teoría según la cual el acto
fue perpetrado por las Farc. Aunque corría con ello el riesgo de irritar, como de hecho sucedió, a la
administración Clinton, que esperaba una declaración más vehemente en contra de la agrupación
insurgente, para Pastrana esto parecía indispensable para abrir un compás de espera y no verse
obligado a sepultar el proceso de paz en el instante. Habiendo apostado tanto a la paz con las Farc,
para el Presidente resultaba menos costoso, por paradójico que suene, arriesgar su relación amistosa
con Estados Unidos que poner en peligro el proceso de paz.
A la hora del cierre de esta edición las Farc no habían dado a conocer aún una posición oficial. Sin
embargo, en diálogo con Semana, Marcos Calarcá, quien ha sido vocero internacional de esa
agrupación insurgente, dijo que las Farc no tenían aún "información suficiente (y no la tendrán)
hasta que la dirección nacional se pronuncie, si lo considera conveniente".

El triunfo de la línea dura
No hay duda de que las Farc han llevado el proceso de paz al borde del desastre. Su suerte ahora se
encuentra en manos de la cúpula insurgente. Sólo si se llegare a comprobar que las Farc no tuvieron
participación en el crimen, hipótesis lejana hoy en día, o si el secretariado decidiera entregar a
quienes perpetraron el asesinato de los norteamericanos, sería posible recuperar la confianza de
Estados Unidos en el proceso. Y con ello, el gobierno colombiano recobraría espacio político y
lograría restablecer la confianza de la opinión en el diálogo con las Farc.
Mientras tanto el viernes se barajaban varias hipótesis sobre las razones del asesinato. Y tres de ellas
parecían sobresalir como las más probables. Según la primera, esta acción sería el resultado de una
serie de equivocaciones de un frente aislado de las Farc. Si ese fuere el caso, aún existiría la
posibilidad de que las Farc, en un acto inusitado de su parte, se desvincularan del hecho y pidieran
al frente 45 que asumiera la responsabilidad de la masacre. Pero el hecho de que haya sido el
hermano del que es hoy considerado el hombre más importante de las Farc después de 'Tirofijo'
quien dirigiera la operación, hace que esta hipótesis pierda sentido. Aun si este escenario fuera
posible no pareciera plausible que las Farc llegaran al extremo de entregar a uno o varios de sus
hombres para que fuesen extraditados a Estados Unidos.
La segunda hipótesis es que se habría tratado de una acción premeditada, dirigida y ejecutada por
la línea dura de las Farc, orientada por el 'Mono Jojoy' y los enemigos del proceso de paz en el interior
de la guerrilla. Una conjetura semejante revelaría una fractura seria dentro de las Farc, la cual no
parecería existir, o por lo menos no al nivel en que un sector de la guerrilla pudiese ordenar la
ejecución de ciudadanos de Estados Unidos sin asumir enormes riesgos de terminar en un
enfrentamiento con el resto de la cúpula de la insurgencia.
La última hipótesis señalaría esta acción como parte del endurecimiento que ha ocurrido en el interior
de las Farc en las últimas semanas. Con ello estarían enviándole una señal muy fuerte al gobierno de
Estados Unidos como represalia por el apoyo reciente de ese país a las Fuerzas Armadas
colombianas. Pero además estarían buscando generar un distanciamiento entre Estados Unidos y
Colombia, jugando con un riesgo calculado y contando con que ello no necesariamente implicaría
un retiro de Pastrana de la mesa de negociaciones.

Todos pierden
En lo que concierne al gobierno del presidente Pastrana, su respuesta cautelosa ha buscado dejar
abiertas las puertas con las Farc, pero a la vez ha puesto en evidencia la debilidad estructural de la
administración frente a los hechos generados por la guerrilla. En la prioridad que la administración
otorga a la permanencia de la guerrilla en la mesa de negociaciones y su temor a las rupturas ha
perdido la posibilidad de endurecer su posición para lograr, mediante retrocesos de carácter
táctico, avances estratégicos.
Pero a la vez su respuesta al asesinato de los tres estadounidenses ha puesto en peligro la armonía
que ha existido en los últimos tiempos con el gobierno estadounidense. La confianza que ha
generado el embajador Luis Alberto Moreno en Washington y aun la empatía entre Bill Clinton y
Pastrana se ven amenazadas por la ausencia de una condena enérgica por parte del gobierno
colombiano a las Farc, lo cual es visto por los norteamericanos como un acto de insolidaridad .
Si a ello se le suma la pérdida de respaldo en la opinión pública como consecuencia del rechazo
que produce un acto de barbarie como éste, no hay duda de que Pastrana se encuentra en una de las
más complejas encrucijadas desde el comienzo de su mandato.
Pero si al gobierno de Colombia le va mal en este incidente algo peor le sucede a la guerrilla. Por una
parte, las Farc han destruido con este hecho varios años de construcción de contactos en el exterior
con importantes organizaciones no gubernamentales y con gobiernos europeos. En adelante, salvo
que se demuestre que no fueron las Farc las que mataron a los tres extranjeros, unos y otros se
mostrarán cautelosos al defender a los subversivos.
Además de lo anterior, las Farc han echado por la borda sus relaciones con Estados Unidos. En no
pocas oportunidades han demostrado la importancia que otorgan a la presencia de Estados Unidos
en el proceso y el encuentro que sostuvieron con funcionarios del Departamento de Estado en Costa
Rica es prueba de lo anterior. Terminar siendo vistos y tratados por Estados Unidos de manera similar
a Sadam Hussein es en realidad un retroceso estratégico importante.
Sin embargo, también pierde la administración Clinton. Hoy sus adversarios pueden señalar la
política de Estados Unidos hacia el proceso de paz colombiano como ingenua. Algunos funcionarios
del Departamento de Estado, como el subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos,
Peter Romero, pagarán seguramente con su cargo el haber propiciado una política tan audaz de
acercamiento y diálogo con las Farc.
Nadie sabe qué pasará en el interior del gobierno estadounidense frente a Colombia. Algunos
analistas piensan que, luego de un endurecimiento inicial y de las expresiones públicas de condena,
Estados Unidos regresará a una postura más pragmática de respaldo a la política de paz de Pastrana.
Otros, sin embargo, alegan que la existencia de un bloque parlamentario republicano decidido a
demoler de manera sistemática a los funcionarios que hayan sido parte de una política semejante
obligará a Clinton a endurecer de manera real su actitud hacia Colombia, y no sólo hacia las Farc, y
afectaría en serio las relaciones entre los dos países.
Si esto fuera así las verdaderas beneficiadas de todo esto serían las mismas Farc porque el aliado
principal para el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas es Estados Unidos. Con lo cual podría
explicarse porqué fueron asesinados a sangre fría Terence Freitas, Ingrid Washinawatck y Lahe'ena'e
Gay, cuyo único interés en Colombia eran los u'wa y sus reclamaciones de soberanía sobre un
territorio que se disputan hoy el ELN, las Farc, el Ejército y las pretensiones de exploración del
gobierno colombiano y las multinacionales del petróleo.

¿Quién manda en el frente 45?
El frente 45 de las Farc es uno de los dos que operan en el departamento de Arauca, Norte de
Santander y Boyacá. El otro es el décimo frente. El máximo comandante de los dos frentes es
Germán Briceño, alias 'Granobles', hermano del jefe militar de las Farc, Jorge Briceño, alias 'Mono
Jojoy'.
Estos dos frentes hacen parte del llamado Bloque Oriental de las Farc, uno de los más influyentes
dentro de la organización subversiva. En varias oportunidades este bloque le ha propinado duros golpes
a las Fuerzas Militares, como sucedió en La Hormiga, Putumayo, y en la Base de Tres Esquinas.
Según informes de inteligencia, el segundo del hermano del 'Mono Jojoy' es el comandante del frente
45. Las autoridades señalaron que este jefe guerrillero es conocido como 'Alberto Escuelas', quien
habría sido el responsable de la muerte de los tres norteamericanos.
Esta versión quedó al descubierto luego de que los organismos de seguridad interceptaran una
comunicación entre 'Granobles' y 'Escuelas' en la que de manera clara el primero de ellos autoriza
ejecutar a una de las dos mujeres secuestradas por las Farc.

¿Quiénes eran?
Los norteamericanos muertos la semana pasada eran miembros de una Organización No
Gubernamental llamada Pacific Cultural Conservancy International PCCI (Organización Internacional
para la Conservación de la Cultura del Pacífico). Se trataba de Terence Freitas, de 24 años, egresado
de biología de la Universidad de California, en Santa Cruz, quien trabajaba en forma independiente en
asuntos de ciencias ambientales y ecológicas. Estaba muy interesado en el estudio de felinos de la
Amazonia y llevaba varios meses en Colombia. Lo acompañaba Ingrid Washinawatck, de 41 años,
indígena norteamericana miembro de la comunidad de la nación Menominee del estado de
Wisconsin. Era la presidenta de la Casa Comunitaria de Indígenas Americanos de Nueva York y
representaba a cerca de 30.000 indígenas que viven en esa ciudad. Y finalmente Lahe'ena'e Gay, de
39 años, directora de PCCI para el Estado de Hawai. Su asesinato ya generó una airada protesta
por parte de Patsy Mink, congresista demócrata de Hawai que estuvo en Colombia hace un par de
semanas. La ONG para la que trabajaban se dedica a preservar la diversidad biológica y cultural de
los pueblos del Pacífico. Pretende evitar la extinción de cerca de 1.400 etnias de la zona que
estarían a punto de desaparecer cultural y étnicamente. Su labor consiste en estudiar y preservar el
idioma, las costumbres y la tradición oral, así como fomentar el desarrollo de jardines con plantas
medicinales nativas y sistemas agrícolas tradicionales de bajo impacto en el ecosistema.
Los tres norteamericanos habían sido invitados por los U'wa en 1998 para que exploraran la
posibilidad de implantar el modelo educativo de PCCI en la zona.La tensión entre EE.UU.y Colombia es
un triunfo para las Farc

Agresiones en el tiempo
A lo largo de la historia las agresiones contra ciudadanos, funcionarios o bienes norteamericanos se
han reflejado en las relaciones de Washington con los países correspondientes.
El caso más recordado por los colombianos fue la toma de la embajada de la República Dominicana
el 27 de febrero de 1980. El manejo que le dio el presidente Julio César Turbay al tema de los
rehenes, entre quienes se encontraba Diego Asencio, embajador de Estados Unidos, contribuyó a
que su gobierno tuviera el apoyo incondicional de Washington durante todo su período.
Pocas semanas antes, el 4 de noviembre de 1979, la embajada de Estados Unidos en Teherán había
sido ocupada por "estudiantes islámicos" que tomaron como rehenes a 63 norteamericanos. Jimmy
Carter envió una expedición militar que fracasó. Después de más de 300 días los diplomáticos
fueron liberados a cambio de 9.000 millones de dólares pero el asunto le costó la presidencia a
Carter. Las relaciones con Irán nunca se han podido normalizar.
En otras ocasiones la respuesta norteamericana ha estado mediatizada por sus intereses
estratégicos. Es el caso del asesinato en El Salvador de tres monjas de Maryknoll, violadas y
torturadas por paramilitares salvadoreños en 1980. Aunque ese episodio afectó el sostén de Estados
Unidos a San Salvador, pasaron años antes de que Washington apoyara el final de la guerra.
A veces, sin embargo, la respuesta a la agresión ha sido un pretexto determinante. Es el caso
de la guerra hispano-americana, que se desató en 1898 tras varios días de disturbios en La Habana
contra bienes de norteamericanos. La explosión del crucero Maine en la bahía fue el detonante de una
situación que el presidente William McKinley ya había decidido.
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