Sin lugar a dudas, el rescate de Íngrid Betancourt, de los tres norteamericanos y de 11 miembros de la fuerza pública es uno de los golpes militares más significativos de toda la historia del conflicto armado interno en Colombia. Por la enorme importancia política de los secuestrados y por la forma limpia como se realizó ese rescate, sin disparar un solo tiro. Una acción impecable en la que el mayor mérito es de las agencias de inteligencia del Estado.
En efecto, las Fuerzas Militares y la Policía Nacional se han fortalecido mucho en distintos ámbitos durante los últimos años: ha aumentado su pie de fuerza, su movilidad, su entrenamiento, sus equipos, su capacidad de combate aéreo, etcétera. Pero entre los aspectos que más han evolucionado positivamente está, sin duda, su capacidad de inteligencia, entendida ésta como la capacidad para desentrañar los planes, las intenciones y las capacidades del enemigo, así como descubrir su ubicación. La mejoría sustancial de su inteligencia ha contribuido en gran medida a que la fuerza pública recupere la iniciativa militar que durante mucho tiempo estuvo en manos de la guerrilla. También ha puesto de su lado el factor sorpresa, una de las variantes clave en cualquier guerra irregular. Más iniciativa y más capacidad de sorpresa, sumadas a un incremento de la masa, o capacidad de fuego, a más movilidad, a una mayor claridad en los objetivos y a un mando con capacidad y liderazgo, han sido todos juntos los factores que explican la racha de los éxitos sucesivos del Estado contra la guerrilla en los últimos meses. No han sido producto del azar o de la buena suerte.
Pero el rescate de los secuestrados ha sido sobre todo producto de la inteligencia. Con el incremento de los recursos estatales destinados a la seguridad, y también con un incremento de la cooperación internacional, particularmente la derivada del Plan Colombia, la inteligencia del Estado ha modernizado sus equipos a tal punto, que su capacidad de interceptación de comunicaciones tiene absolutamente incomunicadas a las Farc, con las consecuencias desastrosas que esto conlleva para las posibilidades de comando y control de sus tropas guerrilleras. Esta es una situación absolutamente distinta y contraria a la que se vivía hace un poco más de 10 años, cuando era la guerrilla la que tenía la ventaja en comunicaciones, al adquirir permanentemente en el mercado internacional la última tecnología con la cual tenía la capacidad de interceptar las comunicaciones de las Fuerzas Militares sin que éstas últimas pudieran hacer lo propio con las de la guerrilla.
Y a la par con la inteligencia técnica ha ido creciendo la inteligencia humana, no sólo en lo que tiene que ver con el nivel de los analistas, sino también, y sobre todo, con la capacidad para infiltrar al enemigo. En este último aspecto ha sido definitivo el éxito de los programas estatales que promueven la desmovilización individual, o sea la deserción de la guerrilla y la reinserción a la vida civil. Muchos desmovilizados están cooperando voluntariamente con el Estado al suministrar información muy valiosa sobre la situación y la ubicación de sus propios frentes, con lo cual los operativos militares tienen mucha mayor opción de éxito. Adicionalmente, en medio de un estado generalizado de desmoralización entre las filas de la guerrilla, los programas de recompensas a cambio de información han empezado a tener el éxito que no tuvieron durante décadas anteriores. Incluso la colaboración ciudadana, organizada o no en las redes de informantes, ha contribuido en gran medida a que las autoridades puedan neutralizar las intenciones violentas de los grupos guerrilleros en muchos lugares del país, particularmente en las zonas urbanas.
Otro factor que ha sido fundamental para aprovechar más eficientemente todos estos avances, tanto en inteligencia técnica como en inteligencia humana, ha sido la coordinación entre distintas agencias del Estado. A cada una de ellas se le han asignado objetivos claros y específicos, y cada una se ha comprometido a hacer llegar a la entidad correspondiente la información que tenga o vaya encontrando sobre los objetivos de esa entidad. De esa manera cada agencia concentra sus acciones en unos pocos objetivos previamente definidos, evitando así la dispersión y abarcar mucho pero apretar poco. También se neutraliza la duplicación de esfuerzos y la subutilización y el desperdicio de información entre agencias. Todo esto ha logrado generar una gran sinergia en el trabajo de las distintas agencias de inteligencia del Estado, con lo que potencia sus posibilidades de éxito, tal y como lo están demostrando los logros que ha conocido la opinión pública en los últimos años. El pulcro rescate de Íngrid y los demás secuestrados lo corrobora.
"Esta mañana a las 5 de la mañana oí a mi mamá; iba a tomar el avión para Francia. Oí a mi hija Melanie, que me decía que se iba para China. Oí a mi ex esposo, el papá de mis hijos a quien adoro, Fabrice, diciéndome que había una foto mía en una cumbre, en el Mont-Blanc en Francia (...). Nos hicieron empacar los equipos. Estuvimos esperando todo el día; no sabíamos qué. Una hora antes de que llegaran los helicópteros, el comandante Asprilla habló conmigo y me dijo que todos íbamos a subir en un helicóptero, que nos iban a llevar (...) para hablar con un jefe máximo. Yo le pregunté si era con Alfonso Cano o el 'Mono Jojoy'. Él me dijo que probablemente, que ellos no tenían detalles, (...) y que nos trasladaban a algún sitio para tenernos en una situación de cautiverio mejor que la que teníamos. Se me rompió el corazón, porque ¡más cautiverio!, ¡otro traslado! (...)
"Oímos los helicópteros. Yo miré para el cielo y pensé: "qué curioso es sentir felicidad por ver un helicóptero cuando durante siete años, cada vez que oía uno, se me aceleraba el pulso, me daba miedo, tenía que coger el equipo, correr, escondernos". Estos eran helicópteros blancos. Sentí que era emocionante. Llegamos al sitio cada uno con un guardia guerrillero armado a un lado. La guerrillera que me tocó era tosca: "¡apúrese!, ¡ande!" … como siempre.
"Llegaron los helicópteros y salieron unos personajes absolutamente surrealistas. Unos señores vestidos con unos logos que certificaban que eran delegados de "yo no se qué" cosa. Y yo miraba y decía: ¿quiénes son? ¿Qué comitiva internacional es esta? Pensé: "será que nos van a volver a poner de payasos. Yo no quiero prestarme para esto". Ellos hablaron con el comandante Enrique y el Comandante 'César'. (...) Vi que tenían camisetas del Che Guevara. Pensé: "estos son de las Farc". Esto no es ninguna delegación, ni brigada de salud, no es nada. Después nos dijeron que subiéramos a los helicópteros, pero que teníamos que subir esposados. Fue muy humillante (...).
"Nos embarcamos en el helicóptero. (...) Estaba muy molesta e indignada. (...) Cerraron las puertas del helicóptero. Este tomó vuelo, subimos y de pronto algo sucedió (...); vi al comandante que durante tantos años, cuatro, estuvo al mando de nosotros y que tantas veces fue tan cruel y déspota. Lo vi en el suelo empeloto, con los ojos vendados. No (...) sentí felicidad; sentí mucha lástima, pero le di gracias a Dios por estar con personas que respetan la vida de los demás. Quien estaba al frente de la operación dijo: "Somos el Ejército nacional, están en libertad". El helicóptero casi se cae porque saltamos, gritamos, lloramos, nos abrazamos, no lo podíamos creer. Dios nos hizo el milagro. (...) El operativo fue perfecto".
Una perfecta combinación de inteligencia y audacia fue la clave para liberar a Íngrid Betancourt, a los tres norteamericanos y a 11 policías y soldados colombianos. En una operación cinematográfica, donde no se disparó ni un solo tiro, un grupo de inteligencia militar logró montar una estratagema para engañar a los guerrilleros de las Farc que tenían bajo su cuidado a los secuestrados. Lograron que éstos llevaran a los 15 rehenes desde la espesura de la selva del Guaviare hasta un claro de la selva donde había aterrizado un helicóptero civil, supuestamente de una organización humanitaria amiga de la guerrilla, que trasladaría a los cautivos hasta un lugar donde estaría Alfonso Cano, nuevo comandante de las Farc.
El libreto salió tal como estaba planeado. Bordeando el medio día, los rehenes subieron esposados a la aeronave, escoltados por 'César' y 'Gafas' quienes hasta hace poco habían sido sus carceleros. Apenas el helicóptero alzó el vuelo, y abajo se veían los demás guerrilleros como pequeños puntos en la selva, adentro empezó un fugaz forcejeo. Pocos segundos después, los guerrilleros estaban desnudos, vendados e inmóviles en el piso del helicóptero. "Somos del Ejército Nacional, bienvenidos a la libertad", les dijeron los militares a los incrédulos secuestrados que estallaron en abrazos y llanto.
¿Cómo lograron los militares semejante éxito que ha dejado atónito a todo el mundo?
Gracias a una fascinante mezcla de inteligencia, análisis de información, juego de roles, coordinación y disciplina.
En la inteligencia resultó clave seguir con paciencia y prudencia las pistas que iban dando poco a poco la ubicación de los secuestrados. La fuga del intendente John Frank Pinchao, en abril del año pasado, les dio un giro a las operaciones militares porque gracias a su testimonio por primera vez en mucho tiempo las Fuerzas Armadas supieron con precisión el área en la que estaba este grupo de rehenes, entre Vaupés y Guaviare, a orillas del río Apaporis. Además conocieron detalles de cómo funcionaban los campamentos y sus cuidanderos. Sus flancos débiles y sus defectos.
La segunda gran pista la tuvieron en diciembre pasado, cuando fueron capturadas dos mujeres con las pruebas de supervivencia de un grupo de secuestrados -exactamente el que fue liberado- y que dio nuevas evidencias sobre la zona en la cual estarían ubicados. Se supo que el área entre Tomachipán y San José del Guaviare era clave. Las liberaciones este año de dos grupos de secuestrados, en especial la de Luis Eladio Pérez, permitió ubicar con más precisión los campamentos donde estaban los secuestrados. Tanto, que en febrero de este año fuerzas especiales del Comando de las Fuerzas Militares, al mando directo del General Fredy Padilla de León, sabían donde estaban ubicados por lo menos los tres ciudadanos estadounidenses. Testimonios de fuentes humanas decían que habían escuchado en el río personas que hablaban un idioma extranjero, lo que sirvió para una infiltración en la selva y ubicar directamente el lugar.
Ya hacía tiempo todos los organismos de inteligencia se habían repartido los distintos objetivos de alto valor de las Farc. Esto es, los miembros del Secretariado, y los secuestrados. La inteligencia del Ejército tenía a su cargo lo que en su jerga llaman la 'burbuja' de los secuestrados. Debían conocer todo acerca de ellos, ubicación, estado de salud, relaciones interpersonales. Todo. Y así lo hicieron. Los militares tenían información exacta sobre los movimientos y la vida de ellos.
Pero había un dilema enorme. Por más que se conociera la ubicación de los secuestrados, no era posible hacer un rescate a sangre y fuego. Los militares ya lo habían intentado en 2003 en Urrao, Antioquia, y fracasaron estruendosamente al obtener como resultado la muerte por fusilamiento del gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria; del ex ministro de Defensa Gilberto Echeverri, y de 10 soldados. Para entonces el Presidente Álvaro Uribe empezó a hablar de una propuesta que ya Inteligencia militar venía trabajando. La idea de un cerco humanitario.
Una vez ubicados los secuestrados, lo que se necesitaba era saber cómo funcionaría este cerco y cómo garantizar que tuviera éxito. La lógica del cerco humanitario era muy sencilla: negociar la liberación de los secuestrados con el cuidandero y no con los jefes de las Farc. Por eso el gobierno les lanzó a los guerrilleros de base una tentadora oferta: quienes entregaran secuestrados se harían no sólo a una jugosa recompensa, sino que podrían viajar a Francia, bajo condiciones especiales de protección.
Al tiempo que el gobierno lanzaba esta oferta, en el Comando General de la Fuerzas Militares intentaban desde hace dos meses diseñar un rescate que garantizara la libertad, sin un baño de sangre. Los 'duros' de la inteligencia de todas las fuerzas, bajo la batuta del general Padilla de León, empezaron a ver los flancos débiles de las Farc y a hacer un estudio minucioso de 'Cesar' y los demás guerrilleros que tenían bajo su cuidado a los secuestrados. Varios de estos oficiales de inteligencia, una generación nueva, profesional y muy bien asesorada por países como Estados Unidos e Israel, pensaban que la única solución era engañar a las Farc. La estrategia usada en la lucha antiterrorista, y en todas las guerras, conocida como la estratagema.
Una estratagema Casi todas las experiencias internacionales exitosas en rescate de rehenes han sido posibles por este tipo de estrategia. La Operación 'Entebbe', en la que las Fuerzas de Defensa de Isarel lograron liberar a 260 secuestrados en un avión, y matar a varios de los terroristas, o la misma realizada por el presidente peruano Alberto Fujimori cuando el Mrta se tomó la embajada de Japón, y en un asalto militar logró matar a todos los guerrilleros y sacar ilesos a los rehenes. Las mismas Farc habían usado la estratagema para secuestrar a los diputados del Valle en 2002, al hacerse pasar por miembros del Ejército. El problema es que todas las experiencias de rescate habían ocurrido en contextos urbanos. Nadie había hecho esto en la selva. Los militares se preguntaban si esto era posible.
A su favor tenían varias cosas. Primero, tenían la ubicación geográfica. Segundo, sabían que las comunicaciones entre las estructuras de las Farc están prácticamente rotas. Tercero, conocían a 'César' mejor que nadie. Sabían que su gran debilidad era la arrogancia y que para doblegarlo deberían tocar ese talón de Aquiles. Al parecer, 'César' también había recibido duros golpes recientemente. El episodio de la pérdida de Emmanuel, el hijo de Clara Rojas, lo había puesto a prueba, y por otro lado, la captura a principios de este año de su compañera sentimental, Doris Adriana, quien está en prisión y muy seguramente será extraditada. Su moral no era la mejor. Por eso quizá confió en la persona que le habló por varios medios (radio, escrito, y personal) y que les sirvió a las Fuerzas Armadas para armar el engaño.
Hace 10 días ya todo estaba planeado. Un grupo elite se concentró para un entrenamiento especial, pues tenían que hacerse pasar por guerrilleros y por personas afines al proyecto de las Farc. También empezaron las labores para pintar de blanco y rojo dos helicópeteros rusos de l Ejército que serían usados como parte de la puesta en escena.
Al mismo tiempo, 'Cesar' recibía de parte de una persona cercana al Secretariado la orden de juntar a los 15 secuestrados que hasta ese momento estaban en tres grupos. Lo que se le dijo a él era que Alfonso Cano quería trasladar a los rehenes y que quería que él los acompañara. Le inflaron el ego diciéndole que Cano lo apreciaba mucho, y que sólo confiaba en él, por lo que era el elegido para seguirlos cuidando. Incluso 'César' decidió llamar el traslado Operación Manruel Marulanda. La mentira funcionó por la falta de comunicación de 'César' con el secretariado, y de estos entre sí. Como ya antes hubo liberaciones, a 'César' no le pareció extraño este movimiento de rehenes. Tampoco que se usara un helicóptero, como los que ya se habían usado, para su traslado. Por eso cumplió las órdenes tal como se las habían impartido y subió al helicóptero donde había 15 miembros del Ejército -incluidas mujeres- cumpliendo distintos roles, desde pilotos, hasta supuestos guerrilleros y mediadores. Cuando se dio cuenta de la estratagema, ya era muy tarde.
El cerco humanitario El otro elemento que garantizó el éxito de la operación 'Jaque', como se llamó el rescate de los secuestrados, fue la audacia. Los militares no estaban dando un salto al vacío. Por el contrario, hace mucho tiempo venían trabajando en la idea del cerco humanitario. En el mejor de los escenarios, las cosas saldrían tal como salieron: las Farc caerían en la trampa y los secuestrados recobrarían la libertad. Pero si algo fallaba, la alternativa era un plan B. El cerco militar estaba tendido según el ministro de Defensa con más de 30 helicópteros y 58 hombres en tierra que ya rodeaban el sitio. Una vez rodeados, la negociación de la vida de los secuestrados se haría directamente con los guerrilleros de base a cambio de dinero y libertad. Algo que hoy por hoy pocos declinarían en las Farc. Por eso el cerco humanitario está tendido hoy alrededor de casi todos los secuestrados. De manera tan precisa que luego de liberado este grupo, los militares entraron al campamento donde habían estado hasta hacía pocos minutos y encontraron todavía las ollas calientes, y las huellas frescas de los guerrilleros que quedaron más que sorprendidos con lo que les ocurrió.
En la práctica, el gobierno se ha gastado mucho tiempo pensando en una estrategia que le permita liberar a los secuestrados sin acudir a un acuerdo con las Farc. Parece haberla encontrado con una de las más antiguas tácticas de la guerra: engañar al enemigo. Y con base en lo que hace casi cinco siglos sugirió Maquiavelo: antes de usar la fuerza, intenta comprar a tu enemigo.