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| 4/20/2015 5:30:00 PM

“Un ataque militarmente cobarde y políticamente torpe”

Al condenar la matanza de los soldados en Cauca por parte de las FARC, el exguerrillero del FMLN Joaquín Villalobos escribió para El País, de Madrid, el siguiente texto.

La emboscada y el golpe de mano son las dos tácticas más importantes de la guerra de guerrillas. En términos generales, la primera consiste en atacar desde una posición fija a un enemigo en movimiento y la segunda consiste en el ataque veloz de una fuerza móvil contra un enemigo que se encuentra en una posición fija. Una emboscada puede ocurrir por contingencia, puede ser una acción ofensiva e incluso defensiva a partir de que un enemigo en movimiento entra a un terreno propio. Sin embargo, no existe ninguna posibilidad de que un golpe de mano sea una operación defensiva, ya que en este caso es la fuerza guerrillera la que debe moverse para incursionar en un territorio enemigo. Los golpes de mano son operaciones ofensivas, normalmente nocturnas, que requieren planeación cuidadosa, estudio previo del objetivo y son difíciles de improvisar.

El día miércoles 15 de abril, a la media noche, una unidad de las FARC dio un golpe de mano a una unidad del ejército colombiano. Esta unidad militar mantenía una posición fija de carácter defensivo en la periferia del municipio de Buenos Aires en el departamento del Cauca. En el ataque murieron once militares y fueron heridos 20. Dado que las FARC han decretado un cese de fuego unilateral, sus dirigentes desde la Habana alegan que se trató de una acción defensiva. Por las razones expuestas al inicio de este artículo, no hay ninguna posibilidad de que esto sea cierto. Se trató de una operación ofensiva, premeditada y fríamente planeada que, al haber sido ejecutada en el contexto del proceso de paz,  tuvo que ser aprobada por el mando estratégico de las FARC. Todo esto con el agravante de que instrumentaron perversamente la reducción del alerta que pudo haber generado en las tropas colombianas el cese de fuego unilateral de fuego decretado por la propia guerrilla.

Las FARC alegan que las fuerzas militares colombianas no han suspendido sus movimientos, pero en una guerra irregular no hay fronteras, ni delimitaciones territoriales posibles y menos para unas fuerzas gubernamentales que enfrentan múltiples amenazas. No son las FARC el único enemigo del Estado colombiano. Por ello, sólo puede haber cese de fuego bilateral hasta que se concluya la negociación y este requerirá la concentración verificable de las fuerzas insurgentes. Un cese de fuego unilateral, como el que pretende las FARC, requiere que sus fuerzas se adecuen para defenderse y no para atacar. En caso contrario, puede entenderse que el tal cese unilateral de fuego es más un engaño militar táctico, que un compromiso político estratégico con la paz.

El ataque en el Cauca fue por lo tanto militarmente cobarde y políticamente torpe. Fue en realidad un autogolpe. El rechazo de la opinión pública colombiana es enorme contra las FARC, al punto que es en extremo difícil para el gobierno estar negociando en la Habana. Con este tipo de ataques la insurgencia pone en riesgo el único camino que tienen para salir de la guerra y pasar a la política. Durante la guerra en El Salvador, cuando ya estábamos en el proceso de paz, los insurgentes sopesábamos el contexto político de nuestras operaciones y revisábamos incluso lo que estaba pasando en Estados Unidos, de tal manera que nuestras acciones no afectaran a nuestros aliados internacionales. ¿Cómo se le ocurrió a las FARC realizar este ataque a pocas horas de que Obama había anunciado su intención de sacar a Cuba de la lista de países que apoyan el terrorismo?, ¿Cómo no pensaron en las implicaciones políticas internacionales de esto, cuando 40 de sus dirigentes están viviendo abiertamente en la Habana?

Matar a once militares a estas alturas del proceso de paz, rompiendo con su propia palabra empeñada, no modifica a su favor la correlación de fuerzas, por el contrario, los debilita, les resta credibilidad, aumenta su impopularidad, traiciona el apoyo de Cuba a la paz, los aísla más internacionalmente, complica los esfuerzos del gobierno colombiano para inhibir acciones de la Corte Penal Internacional y dificulta el escenario político que es ahora infinitamente más importante que los tiros. El futuro es la política y en política cuentan la credibilidad, el apoyo popular, las alianzas y la capacidad de comunicar.

¿Acaso piensan las FARC y el ELN que si continuaran en guerra habría una revolución en Colombia? ¿Creen que podrán formar un ejército que derrotará a las fuerzas militares? Millones de Latinoamericanos le han dado votos y gobiernos a las fuerzas de izquierda en casi todos los países, en tanto Cuba y Estados Unidos están terminando su conflicto. En ese contexto, la persistencia de las guerrillas colombianas de continuar en armas las convierte en fuerzas reaccionarias que sirven para encarnar el miedo a la izquierda y en el principal lastre para que esta avance en Colombia. Cualquier barbaridad ocurrida y sufrida en el pasado no justifica ser políticamente tan torpes como para seguir armados y matando. Barbaridades iguales o peores ocurrieron en los países donde ahora gobiernan las izquierdas. El proceso de paz es a estas alturas un camino sin retorno, pretender regresar al conflicto es un suicidio, lo sensato es acelerar. Tanto las FARC como el ELN deberían darse cuenta que ahora morir y matar ya no les sirve para nada.
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