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| 4/8/2015 10:23:00 AM

‘Jorge 40’, el arrogante que se negó a negociar con EE. UU.

A punto de recibir una condena que sería de 30 años, muchos recuerdan cómo el exjefe paramilitar llegó a creerse un ‘mesías’.

Cuando Rodrigo Tovar Pupo, ‘Jorge 40’, llegó extraditado a una cárcel de Washington en mayo del 2008, parecía no sentirse incómodo. En una pequeña celda de 2x2 metros se dedicaba a la lectura y a escribir cartas y quizá sus memorias, y no soltaba prenda de arrepentimiento por todo el daño que hizo desde el bloque Norte de las Autodefensas que dirigió.

Sus abogados de entonces hacían ingentes esfuerzos para que hiciera, como sus demás socios de causa paramilitar, un arreglo con el gobierno estadounidense y su condena fuera algo más corta de lo que se vislumbraba: 30 años.

Debía reconocer actividades de narcotráfico, contar quiénes fueron sus socios en esos negocios y cuáles eran las rutas utilizadas, entre otros temas, pero no se doblegó. Tovar Pupo alcanzó a firmar un preacuerdo en el que sólo aceptaba haber cobrado un gramaje a narcotraficantes por el movimiento de la droga en zonas controladas por él, pero no que era un narco puro.

Ese reconocimiento habría podido darle no más de 10 años de prisión. Pero por su negativa todo se fue al piso e incluso se conocieron en esa época diferencias y agrias disputas con sus asesores de turno.

Ahora el exparamilitar, otrora miembro de una destacada familia de la costa, está a punto de ser condenado a 30 años, tal como lo pidió la Fiscalía al juez Reggie Walton. “Esos 30 años se los buscó solo él”, dice una persona cercana al exlíder de las AUC.

Alguien que conoció su proceso judicial asegura que la arrogancia de ‘Jorge 40’ no disminuyó con el encierro y el rigor de la cárcel contigua al Treatment Facility de Washington, donde estuvo recluido durante un buen tiempo (ahora está en una cárcel en Virginia). “Jorge sólo pensaba que él tenía la razón en todo. En su ideología piensa que la única realidad es la que él cree que es. Es un fanático de sí mismo”, cuenta.

Quizá ser fanático de sí mismo y de creer que lo que hizo estuvo bien llevó a ‘Jorge 40’ a no reconocer sus acciones ni a delatar a políticos, comerciantes y miembros de la fuerza pública con los que hizo causa común para desarrollar el proyecto paramilitar en la Costa Caribe. En el proceso de Justicia y Paz, en Colombia, tampoco quiso confesar sus múltiples delitos. Solo, recuerdan algunos, habló de un par de masacres y luego se negó a comparecer a las distintas audiencias.

A diferencia de Salvatore Mancuso y de Juan Carlos el ‘Tuso’ Sierra, quienes terminaron negociando con la justicia estadounidense y han contado lo divino y lo humano del mundo narco paramilitar, ‘Jorge 40’ se ha guardado para sí los secretos.

“Era el más político de los jefes paramilitares. Tenía una fuerte ambición política y por eso nunca delató a sus socios políticos a los que apoyó durante su estancia en el grupo ilegal armado. A esto súmele su inflexibilidad para reconocer errores y el considerarse un ‘mesías’. Todo da para que no dé su brazo a torcer con las autoridades estadounidenses”, dice un abogado que lo trató.

Ahora ‘Jorge 40’ está a punto de recibir una de las penas más altas impuestas a un exjefe paramilitar extraditado a Estados Unidos.

Según se conoció, “la sentencia del gobierno se basa en la extraordinaria cantidad de (tráfico) droga de la que es responsable el acusado, al igual que la posición clave que ocupaba en las AUC, una organización terrorista y narcotraficante que se convirtió en uno de los grandes traficantes de cocaína en el mundo... El daño causado por el acusado no se puede subestimar y justifica la sentencia que recomendamos”, dice el documento dado a conocer el martes pasado.
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