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| 2/4/2012 12:00:00 AM

Jorge Palacios, profesor

El 'profe', como lo conocían en Tumaco, murió a los 42 años. Su esposa, Sandra, cuenta el drama que vive su familia.

"Papá Noel es malo", dice David, de 5 años. Lo asegura sin llorar, mientras sostiene, y arruga, la foto de su papá, Jorge Palacios. Su hermanita, de apenas año y medio, lo mira. No entiende qué pasa. A su alrededor, no sólo su hermano grita que no va a querer más a Papá Noel. Su mamá, Sandra Mesías, solloza. Su abuelita está casi desmayada sobre una silla. Y la sala de su casa está llena de jóvenes que hasta el miércoles eran alumnas de su papá, pero que hoy acompañan a su familia.
 
En su sala hay un ataúd y adentro está Jorge, su padre, quien murió luego de que una esquirla le atravesó la pierna y se desangró. La pequeña los mira a todos. Su mamá se calma y dice: "Ella está muy chiquita para saber, pero su hermano, el que grita que Papá Noel es malo, sí. Por eso dice eso. Me imagino que cree que la culpa es de él".
 
Jorge Palacios murió el miércoles, tenía 42 años, dos hijos, una esposa y cientos de alumnos. Era el 'profe' de educación física, el más alto de la escuela. La bomba estalló cuando pasaba justo en frente de la estación de la Policía. Acababa de dejar a sus dos pequeños en el jardín donde enseña su esposa, que también es profesora.
 
"Me despedí de él y a los pocos segundos sonó la explosión. Se me vino encima un estante de libros. Se me vino encima el mundo", cuenta Sandra, la mujer que durante los últimos seis años acompañó al 'profe', y que decidió dejar Pasto para vivir con él, en el Pacífico, en Tumaco.
 
"No lo creo. Acá siempre se vive con la idea de que en cualquier momento uno puede morir, pero por qué él, por qué así", se pregunta. Les pregunta a todos los que la acompañan en la sala de la casa, al lado del ataúd. Todos lloran. Nadie responde. Su tragedia, dice, fue más larga de lo que pudo ser para el resto de las familias que perdieron a alguien con el atentado del miércoles. Su esposo no murió al instante.
 
"Yo salí corriendo con los niños a buscarlo. Cuando llegué me dijeron que un mototaxista se lo había llevado al hospital. Estaba vivo. Lo busqué allá. Estaba con la pierna rota. Una esquirla le abrió un hueco", cuenta.
 
A Jorge lo trasladaron a Cali. La doctora, una española que lo atendió, fue clara con Sandra. "Las posibilidades de que salve son una en mil", le advirtió. Y Jorge no fue ese uno en mil. No fue un milagro. De camino a la capital del Valle murió. Se desangró.
 
"Acá no lo atendieron bien. La prioridad era atender a los policías heridos. A mi esposo lo dejaron morir", dice Sandra. Le echa la culpa al hospital. Su hijo sigue echándosela a Papá Noel. Mientras tanto, el país se indigna una vez más con las FARC.
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