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| 3/22/2014 1:00:00 AM

Jorge Rausch versus el pez león

El popular chef pasó a pescador en una batalla de realismo mágico.

Todos los que hablan del pez león lo describen como un gran criminal. Hasta el presidente Santos ofreció recompensa para quien se atreviera a capturarlo en las aguas del Caribe en donde amenaza la supervivencia de las demás especies. Nadie ha podido con él en ninguno de los países en donde ha llegado. Por eso, que uno de los más afamados chefs colombianos, Jorge Rausch, el dueño del restaurante Criterion, haya decidido liderar su ‘cacería’ es bastante peculiar.

Rausch cuenta que escuchó del pez león en su restaurante en Panamá, pero que se comprometió a atraparlo cuando lo preparó para una cena en Cartagena a la que asistieron el presidente y algunos magnates del continente. El plato gustó tanto que pensó que la mejor manera de erradicarlo era por medio de lo que él mejor sabe hacer: cocinarlo.

Este exótico animal fue visto por primera vez en Colombia en 2008. Su belleza, pues más que aletas parece tener plumas rojas que se mueven de arriba abajo, encantó a los buzos. Pero el hechizo duró poco. Rápidamente las costas se llenaron de pez león y este comenzó a arrasar con otras especies. Se cree que por ejemplo en San Andrés y Providencia hay más de un millón de estos ejemplares que devoran a diario entre dos y tres toneladas de peces de sus arrecifes. Científicos de la Universidad de Oregon (Estados Unidos) afirman que desde que llegó a las aguas del Atlántico la supervivencia de los peces de arrecife se ha reducido un 80 %.

“El problema es que el pez león come muchos peces bebés, estos a su vez se alimentan de algas, y si no hay quien se coma las algas estas colonizan los corales y el ecosistema colapsa. Además los corales se demoran miles de años en regenerarse”, explica Rausch. Por ser un pez extraño a las costas del Atlántico, esta especie tiene todas las de ganar. Sus depredadores en el océano Índico, que es su hábitat natural, no están en el Atlántico y las especies que devora sin descanso se le acercan porque no lo reconocen como peligroso. Su llegada se atribuye, dicen los expertos, al huracán Andrew de 1992. Se cree que cuando arrasó con la Florida se llevó consigo varias peceras que los criaban.

Rausch no la ha tenido fácil. Hasta hace muy poco las normas en Colombia tenían prohibida la compra y venta del pez león pues las autoridades consideraban que así se podría incentivar su cultivo. Por eso, antes de lanzarse al agua, el chef sumó a su causa dos grandes aliados: la reconocida fundación ambientalista Palmarito y Parques Nacionales.

Aunque esa traba administrativa ya se superó, aún les quedan otras más. Como el pez león se esconde entre los corales es muy difícil capturarlo con red, y como la pesca que hacen los buzos con tanque de oxígeno también está prohibida, la cosa se complica aún más. A eso se suma que los peces león viven sobre todo en parques naturales como las islas del Rosario y Providencia, en donde es prohibido pescar.

En este momento están a punto de superar esas otras dificultades. Con el fin de controlar ese depredador, Parques Naturales permitirá que los buzos y pescadores de la región puedan capturarlo con tanque. Las tres organizaciones trabajan por solucionar no solo un problema ecológico, sino también social. La comercialización del pez león podría darles un proyecto de vida sostenible a los pescadores de la zona, que saben que si no acaban con él, en poco tiempo ya no tendrán nada que pescar.

Al apetitoso esfuerzo colombiano por combatir la amenaza se unió la Fundación Clinton a través de la empresa Acceso y se comprometió a comprarlo y distribuirlo. Grandes superficies como Éxito y restaurantes como los de Harry Sasson también han manifestado que están dispuestos a sumarse a esta causa. “Nosotros podemos frenar esta plaga. Lo único que tenemos que hacer es comer un pescado que además es delicioso. Su carne es blanca y suave y tiene un ligero sabor salado sin necesidad de condimentarlo. El pez león es uno de los pocos problemas ambientales que tiene una solución gastronómica”, concluye Rausch.

No deja de ser curioso que el dueño de un restaurante, que ha sido considerado por los rankings internacionales como el número uno de Colombia y uno de los 50 mejores de América Latina, ahora pueda convertirse en la solución para un peligro que amenaza los mares de Colombia.
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