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| 9/24/2017 4:22:00 PM

Una ayuda como caída del cielo para más de 600 venezolanos

Familias enteras de escasos recursos acudieron a la primera jornada humanitaria para migrantes en Bogotá. Recibieron ayuda médica, ropa, comida, servicio de peluquería y asesoramiento laboral. En medio de la necesidad resaltan algunos casos de solidaridad.

Fotografías: Guillermo Torres / SEMANA

De voz en voz se fue pasando el mensaje de que habría una jornada humanitaria para los venezolanos que intentan rehacer su vida en Bogotá. Algunos llegaron con maletas desde el Terminal, donde han pasado las últimas noches, otros desde el sur de la ciudad, de refugios o casas comunales.

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La jornada fue organizada por la Fundación Colombo Venezolana y las manos de ayuda se multiplicaron para atender a más de 600 personas. Aura Nelly Guacheta fue una de ellas, es colombiana, pertenece a la Defensa Civil y en su casa alberga a 25 venezolanos. “Tengo una casa en el barrio Las Ferias que es de mi hija y de mi yerno. Allá hay unos cuartos y desde hace un año empezaron a llegar venezolanos. Uno ve la necesidad de ellos, nosotros tenemos que ayudarlos como hermanos”, explica Aura Nelly.



En cada habitación de su casa duermen hasta cinco personas, Aura Nelly trata de ayudarles con cobijas y colchonetas pero no siempre lo puede hacer, escasean. Cada persona que llega tiene una historia por contar. Nelly recuerda una en especial, se trata de una joven que llegó prácticamente sin nada, todo lo perdió cruzando la frontera, incluyendo su dignidad. “Los guardias venezolanos la violaron”, cuenta con tristeza.

Adriana Mogollón encontró la casa de Aura Nelly cuando sus fuerzas se estaban agotando. Llegó a Bogotá el pasado sábado a las 6 de la mañana y caminó junto a sus amigos todo el día buscando un lugar donde hospedarse. “Ya era noche y si no hubiéramos encontrado la casa nos habría tocado dormir en una plaza”, cuenta Adriana, una joven de 26 años que llegó con la esperanza de encontrar un trabajo que le perrmita enviarles dinero a sus dos hijos.



Pero Aura Nelly no es la única que se dedica a ayudar. Gustavo Osorio es un venezolano que llegó a Bogotá hace cinco meses con su esposa y sus dos hijas. “Salí de Venezuela porque me estaban persiguiendo. Yo trabajaba para el gobierno, era el gerente del ferrocarril y cuando me negué a firmar uno papeles para robar en un suministro 15 millones de euros, y le dije al general Pérez Colina que era un ladrón todo cambio. Los colectivos me empezaron a buscar y destrozaron mi casa”, cuenta Osorio, un ingeniero mecánico con tres posgrados que terminó trabajando en un taller en Colombia. Ganando un mínimo alquiló un apartamento y acogió a sus compatriotas, por allí han pasado más de 70. En este momento no tiene trabajo y va por los buses de la ciudad vendiendo dulces.

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Los más de 600 venezolanos que acudieron a la jornada fueron registrados, pasaron por una mesa de “censo laboral”, con la esperanza de encontrar un trabajo digno para sostenerse sin tanta dificultad en la capital. También recibieron comida, ropa, pañales, ayuda médica y hasta servicio de peluquería.

“Tengo seis hijos y vine porque hace unos días se me enfermaron, tienen diarrea y vómito”, cuenta Rosmari González, una mujer que vino de Valencia y durmió en el Terminal con toda su familia hasta que unas monjitas la ayudaron.

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Esta fue la primera jornada humanitaria pero no será la única. “Hoy estamos haciendo un censo, para saber cuál es el estado de salud de las personas y qué necesitan. Para la próxima queremos tener una unidad móvil y un permiso para dar medicinas”, cuenta el endodoncista venezolano Jesús Rivero.



Los venezolanos salieron con las manos llenas, cada uno recibió un kit de ropa y los que más madrugaron lograron conseguir cobijas. Otros, los más pequeños, se fueron con algo aún mejor: un juguete.

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