Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2015/12/12 21:00

El misterioso viaje del colombiano que desapareció en Israel

Esta es la historia de un joven de una de las mejores universidades de Medellín que desapareció. Las autoridades de ese país investigan si está perdido o terminó en manos de un grupo radical.

Daniel Uribe Foto: A.F.P.

Daniel Uribe Buitrago iba en cuarto semestre de Mercadeo en Eafit, una de las más prestigiosas universidades de la capital antioqueña. Es disciplinado, estudioso y su vida gira en torno a su familia y amigos. O al menos así era hasta hace poco, pues este joven de escasos  22 años de edad protagoniza un drama que tiene conmocionados a sus compañeros y en suspenso a la sociedad paisa. Y no es para menos.

El problema es que Daniel lleva un mes perdido en Israel y, según la Cancillería, es el único colombiano sobre el que el gobierno nacional tiene un reporte por desaparición en ese país. Las autoridades locales tienen dos investigaciones en curso. La primera, por desaparición, ya suena complicada. Pero la segunda hipótesis que exploran los organismos de seguridad de esa nación es aún más inquietante y puede sonar inverosímil: no descartan que el joven paisa haya terminado, voluntaria o involuntariamente, vinculado con alguno de los grupos radicales que existen hoy por todo Oriente Medio.

El agitado ambiente que se vive en esa región, así como en buena parte de Europa tras los ataques de Estado Islámico o Isis, ha obligado a todos los gobiernos y agencias de seguridad a no descartar ninguna posibilidad. Especialmente porque, como es de público conocimiento, decenas de jóvenes de muchos países, especialmente europeos, han terminado en las filas de todo tipo de grupos radicales. Y eso es parte de lo que está tratando de establecer el gobierno de Israel en el caso del antioqueño.

¿Dónde está Daniel?

El 24 de diciembre del año pasado, Uribe y dos amigos más, Santiago Cardona y María del Mar Quiceno, emprendieron un viaje que muchos jóvenes envidiarían: recorrer el mundo. En plan mochilero los tres visitaron 12 países a lo largo de casi todo este año. Estuvieron en España, Francia, Italia, Bélgica, Hungría, Alemania, Dinamarca, Holanda, Rusia, Lituania, Turquía e Israel.

Después de pasar por Hungría el grupo de amigos se dividió. Daniel partió para Lituania y Santiago y María salieron rumbo a Rusia. Los dos jóvenes se reencontraron el 15 de abril en Tel Aviv, donde trabajaron en un hostal. Por esos días activaron cuentas en Instagram, Twitter y Facebook con el nombre Porlasombrita, que alcanzaron muy pronto 1.500 seguidores. Subían fotos, escribían reseñas de lugares, consejos para viajeros. El primero de junio se encontraron de nuevo con su amiga María en Turquía.

“En Turquía me impactó ver a Daniel tan débil física y emocionalmente. Nosotros hacíamos caminatas muy largas de hasta cinco horas, y antes él aguantaba, pero en ese momento ya tenía que descansar cada hora”, dijo a SEMANA María del Mar. En ese país estuvieron juntos hasta el 19 de agosto cuando los compañeros de viaje de Daniel regresaron a Colombia y él optó por quedarse un tiempo más en su recorrido.

“Algo nos pasó a los tres: de tanto conocer culturas la mente se abre mucho y uno pierde el miedo a descubrir y a preguntar, uno deja los tabúes, abandona los prejuicios”, dijo Cardona a SEMANA. Contó que en Turquía, luego de trabajar en una granja, profesó la fe musulmana, celebró varios días de ayuno en el Ramadán y ahora en Medellín tiene un tapete sobre el que reza de cuando en vez.

El islam de Turquía es occidentalizado y rehúye de las versiones extremistas. No existe una ‘evangelización’ asidua y se respetan las múltiples expresiones religiosas. Allí, cuentan sus amigos de viaje, Daniel conoció a un sufí, un filósofo islamista, con el que tuvo largas conversaciones.

 “Por turismo íbamos a las mezquitas, íbamos a escuchar qué decían y leíamos mucho de la situación de allá, nos dimos cuenta de que el islam no era todo lo malo que decían, pero nunca fue un llamado a la acción o a unirnos radicalmente. A nosotros nos gustaba verlos a ellos rezando”, recuerda Cardona.

“Él trataba de encontrar una relación entre religión y negocios. Allá hay una gente, yo los conocí, que le lavan el cerebro a cualquiera en 15 minutos de conversación. Hay de varias religiones, pero hay muchos del islam, que son muy hábiles de convencerte. Aunque yo no creo que Daniel haya ido con ellos”,  dijo el joven a SEMANA. Cardona no cree en las hipótesis de la inteligencia israelí sobre la posibilidad de que un grupo radical haya reclutado a Daniel.

María tiene otro matiz. “De pronto sí se unió a un grupo religioso, aunque normal, porque él estaba en un momento de aprender mucho de la vida. Él quería aprender de todo en Turquía, donde hay tantas religiones. Él le prestaba la misma atención a todas”, afirmó.

Santiago Uribe, hermano mayor de Daniel, descarta de plano que se haya vinculado a un grupo extremista “Y si lo hizo, fue porque lo obligaron o lo drogaron, pero no creo. Además, él es una víctima, él está desaparecido”, dijo a SEMANA. Él ha liderado la búsqueda de su hermano y en ese proceso se ha visto enfrentado a todo tipo de situaciones en el último mes. Lo contactó un mercenario que pedía 100.000 dólares por averiguar por su hermano. Ha recibido llamadas de un hombre que le dijo que Daniel estaba preso y no podía comunicarse. E incluso una supuesta médium contactó a la familia para decir que el joven estaba secuestrado, pero en buen estado de salud.

Esta avalancha de charlatanes y la falta de información concreta obligaron a Santiago a viajar hace dos semanas a Israel para emprender la búsqueda. Reparte volantes en las calles con la foto de su hermano y un párrafo traducido en tres idiomas, hebreo, inglés y español, con los datos básicos y un número de contacto. Una pista lo llevó hace pocos días hasta la ciudad de Eliat en donde le dijeron que lo habían visto. Pero no tuvo éxito en encontrarlo.

La Policía local ha tratado de ayudar a Santiago pero sin ningún resultado. Hasta ahora solo se sabe con seguridad que vieron por última vez a Daniel el 8 de noviembre a las 4:30 de la tarde cuando llegó al Aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv. Pero nunca ingresó a la sala de embarque. Está descartado que alguna autoridad local lo haya detenido. También las agencias de seguridad afirman que no hay registro que señale que abandonó Israel, al menos por las fronteras legales. Nadie da una razón concreta y lo único claro es que lo que comenzó como un viaje de ensueño terminó convertido en un misterio que tiene a una familia atrapada por una terrible incertidumbre.

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