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| 8/31/2011 12:00:00 AM

Juan Carlos Pinzón, el hombre incondicional del presidente Juan M. Santos

El nuevo ministro de Defensa conoce al presidente Juan Manuel Santos hace más de diez años. Desde entonces han cultivado una relación estrecha. "Él estará donde el presidente se lo pida", aseguran quienes lo conocen bien.

No fue una sorpresa. El nombramiento de Juan Carlos Pinzón (39 años) como ministro de Defensa se venía venir. Es más, para algunos se estaba demorando. Su cercanía con el presidente Juan Manuel Santos es evidente. Desde hace más de diez años se conocen y desde entonces han cultivado una relación estrecha e incondicional. “Él estará donde el presidente se lo pida”, aseguran quienes los conocen bien.
 
Pinzón conoció a Santos siendo estudiante de economía en la Universidad Javeriana a finales de los 90, fue voluntario en la Fundación Buen Gobierno, se convirtió en su secretario privado en el Ministerio de Hacienda y lo acompañó como viceministro en el Ministerio de Defensa. “Él lee al presidente”, dice uno de sus allegados, mientras otro afirma que después de tantos años “Santos confía en él a ojo cerrado” y otro más asegura que “se conocen tan bien, que se terminan las frases”. 
 
Pinzón ha pasado por varias de las universidades más prestigiosas del mundo: Johns Hopkins, Harvard y Princeton. También ha acumulado años de experiencia en el sector privado. A sus 39 años ha trabajado en la Asobancaria, en el Citibank y en el Banco Mundial.

Pocos colombianos lo conocen. Y también pocos saben que lleva en la sangre la disciplina militar. Su padre, el coronel Rafael Pinzón, fue director de la Escuela de Ingenieros Militares. Y fue él quien le inculcó el sacrificio por el país, el gusto por lo público y la conducta castrense.
 
Pinzón, economista y estratega militar, comparte la disciplina castrense y goza de respeto entre las tropas. Mientras el presidente Santos estaba en Nueva York, el nuevo ministro no se despegó de los altos mandos en la operación contra el 'Mono Jojoy'. Y es un secreto a voces que representó un papel protagónico en la solución de los roces dentro de la cúpula militar.

"Es una máquina de trabajo", dicen quienes han compartido con él en el ambiente laboral. Nunca incumple una cita y se mortifica con la impuntualidad. Sus jornadas empiezan al alba y suelen durar más de 16 horas. 
 
Es estricto, organizado, competitivo, fiel, y eficiente. Exige que las cosas salgan bien y es impaciente. Sin embargo, poco sube la voz y es casi imposible verlo despelucado. Tiene buena memoria, tanto que sus asesores no pueden entrar a su despacho sin una libreta mientras él recita las tareas pendientes de memoria.
 
Sobre su presencia como nuevo ministro de Defensa alguien cercano a él dice: “Parece un cargo hecho para él”. Y, cómo no, para muchos, allí seguramente podrá combinar la estrategia militar y el servicio al país.
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