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| 11/28/2013 12:00:00 AM

¿Es Cristo quien manda en el Partido Liberal?

Las recientes decisiones del presidente del Senado demuestran que su poder estaría por encima de Simón Gaviria.

“Las decisiones en el Partido Liberal las toma el jefe, Simón Gaviria”. Las palabras, casi en tono de sentencia, son de Juan Fernando Cristo, uno de los más reconocidos senadores del Partido Liberal, quien en los últimos días ha dejado en evidencia que su influencia en la colectividad podría tener mayores alcances que las del propio jefe único del Liberalismo. 
 
En menos de una semana, Cristo ha causado polémica al interior del partido por varias de sus decisiones individuales que han comprometido al Liberalismo. Por eso su protagonismo ha crecido  a pocos días de la Convención Nacional del partido que se adelantará el próximo fin de semana en Cartagena, y en la cual los liberales deberán definir su futuro inmediato, entre ellos, quién será el jefe de la colectividad por los siguientes dos años, y el apoyo a la reelección presidencial, que el mismo Cristo ha promovido desde el parlamento. 
 
Cristo y Vargas Lleras  
 
Una prueba del poder de Cristo en el Liberalismo es la primera gran controversia que generó esta semana, tras aceptar ser miembro de la junta directiva de la Fundación Buen Gobierno, una organización de corte académico revivida como plataforma programática para la reelección del presidente Juan Manuel Santos. 
 
Cristo aceptó esa designación sin consultarle a Simón Gaviria, precisamente uno de los principales críticos del manejo que el exministro Germán Vargas Lleras le ha dado a esa fundación tras advertir que el jefe natural de Cambio Radical la estaría utilizando para fortalecer a su propio partido. 
 
Gaviria, quien ha venido desautorizando a los dirigentes liberales que participen de las actividades de Buen Gobierno, no ocultó su malestar por la decisión de Cristo, pero prefirió guardar silencio. 
 
Fue el senador Juan Manuel Galán quien advirtió que la presencia del presidente del Senado no representa al Liberalismo y fue aceptada a título personal. Sin embargo, el jefe del partido no la desautorizó, tal como hizo hace un mes cuando el representante a la Cámara Mario Suárez fue nombrado por Vargas Lleras como uno de sus coordinadores regionales. 
 
En ese momento Gaviria le pidió a Suárez que renunciara a ese nombramiento, y el congresista manifestó que así lo haría en una reunión de bancada de parlamentarios liberales. Pero ahora, Simón ha guardado silencio y no se ha pronunciado frente a la Fundación Buen Gobierno. Lo único que ha dicho es que Cristo es un dirigente muy importante del partido y que no existe ninguna controversia con él. 
 
Fue el propio presidente de la República, Juan Manuel Santos, quien invitó formalmente a Cristo a Buen Gobierno. Lo hizo el pasado viernes en el congreso nacional de infraestructura en Cartagena. Allí Santos le dijo a Cristo que lo necesitaba para que lo ayudara a poner orden en la fundación. 
 
Cristo dijo que su función en Buen Gobierno será la de reconstruir la armonía  entre Vargas Lleras y los partidos de la Unidad Nacional, y aseguró que “quién más que yo representa mejor a Liberalismo” para adelantar ese propósito. “La fundación Buen Gobierno no puede ser amenaza para ningún partido y ningún partido puede descalificar a la fundación”. 
 
Tras esas palabras, Simón guardó silencio y dijo que no hablaría sobre Vargas Lleras y Buen Gobierno. 
 
Cristo unge a Serpa 
 
La segunda controversia de Cristo, fue respecto a la puja interna en el movimiento por la cabeza de lista al Senado. Una decisión que sólo compete a Simón Gaviria, pero que al parecer, Cristo la estaría influenciando. 
 
Horacio Serpa y Juan Manuel Galán se encuentran en una confrontación por ser la cabeza de lista. El primero argumenta ser la persona que mejor representa al liberalismo, mientras Galán insiste en que representa la renovación del partido. La disputa tiene en aprietos a Simón Gaviria, quien, tal como se ventila en los pasillos del capitolio, tendría una deuda pendiente con Galán: en 1989, tras el asesinato de Luis Carlos Galán, el hijo mayor del dirigente del Nuevo Liberalismo le entregó la candidatura presidencial a César Gaviria. 
 
Esta puja representa la disputa histórica entre las tendencias por asumir el poder del partido. La samperista y la gavirista, quien según el expresidente Ernesto Samper se apoderó del partido con los estatutos aprobados en la administración de Rafael Pardo.
 
Pero en la confrontación tercio Cristo, del ala samperista, y de nuevo por encima de Simón, dijo que por unanimidad los 17 senadores del partido habían elegido a Serpa como cabeza de lista al señalar que era la persona más adecuada  para comandar el Ejército liberal para las elecciones de Congreso, y pidió que ese no fuera un tema de litigio en la Convención Liberal. Para ello le pidió a Simón Gaviria que conciliara con Galán antes de la cumbre de Cartagena.  
 
Galán alerto de que Cristo estaría usurpando funciones propias del jefe único del Liberalismo. Cristo le respondió a Galán: “No me estoy tomando ninguna atribución, respeto mucho a Juan Manuel y no voy a entrar en ninguna controversia. Él sabe que fue decisión de la bancada”.
 
Sin embargo la respuesta de Gaviria a esta controversia fue su presencia en el lanzamiento de la campaña de Serpa en la que pareció hacerle un guiño al veterano dirigente, pues aseguró en público: “será interesante ver a Serpa liderando las tropas del Congreso. Es un general que se convierte en mariscal de campo”. 
 
Cristo y la reelección de Gaviria 
 
Cristo obtuvo un triunfo en esta confrontación, y quizás porque por sus manos también pasa la decisión de quién será el nuevo jefe del partido. Simón Gaviria aspira a ser reelegido, aunque un sector promueve una dirección colegiada. 
 
Así lo planteó el expresidente Samper en la carta en la que anunció su ausencia de la Convención Liberal, y que en teoría solo se le debería dirigir a Gaviria, pero también se la remitió a Cristo a quien postuló como jefe de la colectividad: “La imposibilidad de asistir al Congreso del Liberalismo que se reunirá este fin de semana en Cartagena y la circunstancia de ser ustedes dos jefes jóvenes del Partido – condición que muchos desearíamos que fuera tenida en cuenta en la elección de la nueva Directiva liberal- (…)”, escribió Samper. 
 
Tras la carta, en los corrillos políticos se advirtió sobre un posible ‘golpe de Estado’ a la dirección liberal de Simón Gaviria. Cristo había demostrado su influencia entre la bancada de senadores quienes son los que cuentan con la mayoría de la votación de la Convención. Es decir, si Cristo impulsara su nombre en la dirección, o cualquier otro aspirante, a Gaviria se le podría embolatar su reelección. 
 
Sin embargo, tras varios diálogos que se registraron entre Gaviria y Cristo en el recinto del Senado, donde Gaviria pasó más tiempo que en la plenaria de la Cámara, donde debía estar,  el presidente del Senado sorprendió con una nueva declaración en la que pidió la reelección de Gaviria. “Yo estoy dirigiendo presidiendo el Congreso con esa  responsabilidad es suficiente”, dijo Cristo al señalar que no tiene interés en dirigir el partido (…) Simón Gaviria ha liderado una tarea importante al frente de la Dirección Nacional Liberal y merece continuar en la Dirección Nacional”.
 
Es por eso que antes de la convención liberal, todo parece estar definido gracias a la influencia de Cristo, quien en una semana orientó a la colectividad y pareció dejar contento a todo el mundo. Por eso, Cristo parece ser el que manda en el Liberalismo. 
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