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| 11/30/2013 6:00:00 AM

Galán y Gaviria: las vueltas de la vida

Hace 24 años Juan Manuel Galán le entregó las banderas del nuevo liberalismo a César Gaviria. Hoy Simón Gaviria lo descarta como cabeza de lista de los liberales.

“Quiero pedirle al doctor César Gaviria, en nombre del pueblo y en nombre de mi familia, que en sus manos encomendamos las banderas de mi padre y que cuente con nuestro respaldo para que sea usted el presidente que Colombia quería y necesitaba. ¡Salve usted a Colombia!”. Con estas palabras, Juan Manuel Galán, el hijo del caudillo liberal recién asesinado Luis Carlos Galán, entregó las banderas de su padre a quien sería el próximo presidente. Corría la tarde del domingo 20 de agosto de 1989.

Para entonces Juan Manuel tenía 17 años. El gesto simbólico sirvió para mantener unido al galanismo, la fuerza política que bajo el nombre del Nuevo Liberalismo había emergido con el objetivo de sanear la política. Gaviria había sido el primer jefe político del oficialismo liberal que desertó para apoyar a Galán. En la práctica, era el jefe de de debate cuando ocurrió el magnicidio.

Cuando en el entierro Juan Manuel le pasó la antorcha, no solo recibió el respaldo de su movimiento, sino que ganó la consulta dentro del Partido Liberal y posteriormente la Presidencia.

Por eso llama la atención que un cuarto de siglo después, los azares de la política volvieron a juntar los apellidos Gaviria y Galán, pero ya no para pasarse la antorcha, sino para evitar hacerlo. En este caso la antorcha es la cabeza de lista del Partido Liberal, que es una distinción que otorga jerarquía y prestigio. Galán la quería, Simón Gaviria, como jefe del partido la otorgaba, y Horacio Serpa fue el ganador. En otras palabras, se le dio prioridad a la experiencia dentro del partido por encima de la renovación en una decisión pragmática que le permitió a Simón contar con el apoyo del gavirismo y el samperismo en su aspiración a ser reelegido.

Juan Manuel Galán, quien se sintió como Francisco Santos frente al golpe de mano de Óscar Iván Zuluaga en la convención uribista, reaccionó con una combinación de dolor y gallardía.

En una entrevista con la periodista María Isabel Rueda, Galán dijo que Simón había caído en un chantaje. En su criterio, el viejo liberalismo pidió la cabeza de lista de los rojos para Serpa y a cambio lo reelegirá como jefe del partido. Para él eso constituye un retroceso. El hijo del caudillo no asistió a la convención pero dejó claro que no amenazaría al partido sino que acataría las decisiones de su jefe así no le gusten.

Aunque acabó sin cumplir su aspiración, el episodio le ha servido a su imagen. Al igual que su papá, su apellido vuelve otra vez a ser el símbolo de anhelos de renovación en la política frente al caciquismo tradicional. Un porcentaje importante de las nuevas generaciones comparte este anhelo y se siente tan frustrados con la victoria de Serpa como el propio Juan Manuel.
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