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| 1/10/2000 12:00:00 AM

JUGADA INTELIGENTE

Al condicionar el canje a la renuncia de las Farc al secuestro el gobierno hace una jugada en la <BR>cual no tiene cómo perder.

Para nadie es un secreto que el tema que de verdad trasnocha a 'Tirofijo' y al 'Mono Jojoy' es
el que tiene que ver con la liberación de sus combatientes y el intercambio por los soldados retenidos en su
poder.
Es tanta la obsesión de las Farc con el tema del canje que hay quienes consideran que no sólo es el
primero de su agenda, sino el único.
Pero así como las Farc habían reiterado una y otra vez su interés por el asunto de los prisioneros, el
gobierno_que es la otra parte involucrada en la negociación y que debe responder por la suerte de sus
servidores_ se había mostrado renuente a referirse al tema, al menos abiertamente. Decir que sí al canje
sería una concesión enorme con la guerrilla. Y decir que no sería un acto de crueldad con los soldados
retenidos y sus familiares.
La pasividad del gobierno terminó el miércoles de la semana pasada cuando éste mostró la carta que tenía
guardada. En efecto, durante el debate de la llamada ley del canje en el Congreso el ministro del Interior,
Néstor Humberto Martínez, sorprendió a los asistentes al afirmar que el gobierno era partidario de que la
guerrilla se comprometiera a firmar un gran acuerdo humanitario por la vida y la libertad, que permita la
liberación de todos los secuestrados en su poder, no sólo policías y soldados, sino también a los demás
miembros de la sociedad civil. La propuesta incluía una solicitud a las Farc para que se comprometieran a no
seguir secuestrando.
El que sí se le estaba midiendo al tema era el Congreso a través de un proyecto de ley que, en efecto,
reconocía la posibilidad de llevar a cabo un canje entre soldados y guerrilleros. ¿Cuánto tiempo podría durar la
indiferencia del gobierno ahora que el Congreso iba camino de definir el asunto? Muy poco. Por eso el
gobierno salió al paso con su propuesta alternativa.
La propuesta del Ministro sonaba muy lógica pero no era realista. Nadie visualizaba a las Farc
comprometiéndose a suspender el secuestro en estos momentos. Para empezar, ni siquiera reconocen
oficialmente que secuestran. Dentro del lenguaje oficial de la guerrilla las 'retenciones' no son más que un
cobro de impuestos para financiar la guerra. Y las Farc, por otro lado, siempre han manifestado que el
canje no incluye las 'retenciones' de civiles sino únicamente a los 'prisioneros de guerra'.
Era evidente que el ministro Martínez sabía que 'Tirofijo' y el 'Mono Jojoy' no le van a jalar a los términos del
'acuerdo humanitario'. El gran interrogante entonces es, ¿cuál era el propósito de la iniciativa gubernamental?
¿Sabotear el canje con exigencias no viables o, por el contrario, fijar una primera posición negociadora para
eventualmente llegar a hacerlo?
El senador Juan Manuel Ospina, uno de los ponentes del proyecto y miembro de la Gran Alianza, considera
que la iniciativa del Ministro lo que buscaba era "oponerse elegantemente al proyecto, que por lo demás
también consideraba la liberación de todos los secuestrados, como un avance dentro de la discusión, pero no
de la noche a la mañana".

Los riesgos
El problema radica en que una ley de canje permanente, que es lo que pide la guerrilla, equivale a un
reconocimiento del estatus de beligerancia, que el gobierno se niega a aceptar. La guerrilla está más
interesada en la ley de canje que en el canje mismo. Y al gobierno le parece, en el fondo, aceptable el canje,
pero no la ley de canje.
Sin embargo la realidad política está desbordando la lógica jurídica en esta materia. El problema de los 500
soldados retenidos tendrá que ser solucionado tarde o temprano. No importa el nombre que se le ponga a la
fórmula de solución, será un canje. Y ese canje, aunque sea por una sola vez, se convertirá en un
antecedente que se podrá repetir. Cuando todo esto suceda la guerrilla habrá avanzado más para obtener de
facto el estatus de beligerancia.
Con su propuesta de un gran acuerdo humanitario el gobierno puso el balón en el terreno de las Farc, colocó
el tema de civiles secuestrados sobre la mesa de negociación y además incorporó el Derecho Internacional
Humanitario (DIH) al escenario del proceso de paz. Y ese botín no es nada despreciable, más si se tiene
en cuenta que venía actuando a la defensiva desde que empezó la negociación.
La jugada del Ministro es inteligente. Al condicio nar el canje a la liberación de los secuestrados civiles logra
demostrar que las razones de las retenciones no son esencialmente políticas sino claramente extorsivas,
y en ese sentido menoscaba el propósito de las Farc del estatus de beligerancia. Por otro lado, apuesta a
conseguir un compromiso explícito de la guerrilla contra el secuestro. Si lo consigue es un triunfo para el
proceso de paz. Si no lo consigue, responsabiliza a las Farc del fracaso del canje.
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