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| 4/1/2006 12:00:00 AM

A jugar limpio

La nueva cúpula del fútbol colombiano deberá resolver los enormes problemas estructurales que tiene, de lo contrario, el Estado o la Fifa tendrán que hacerlo.

Por primera vez en mucho tiempo, las noticias del fútbol nacional no estuvieron centradas en las canchas, los equipos o futbolistas, sino en sus directivos.

En una decisión que para la mayoría de expertos y comentaristas deportivos fue positiva, casi histórica, 65 delegados de las ramas profesional y aficionada votaron esta semana para cambiar la cúpula que durante más de 12 años manejó el fútbol y que en buena medida originó la crisis que vive este deporte.

Una de las cosas importantes es que después de muchos años, la lógica parece regresar al fútbol, es decir, que los equipos profesionales tendrán un papel definitivo en las decisiones, y no como ocurría hasta ahora, que la rama aficionada, dirigida por Álvaro González, usaba sus votos y su poder para elegir al presidente de la Federación y ejercer el poder detrás del trono.

Los nuevos miembros del comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol (Colfútbol) serán, por la rama aficionada, Germán Castellanos, presidente de la Liga de Bogotá, y Hernando Ángel, presidente de la Liga del Valle. Mientras que por la rama profesional estarán Luis Bedoya, actual presidente de la Dimayor; Óscar Ignacio Martán, presidente del Tuluá, y Reinaldo Amaya, presidente del Bucaramanga. Los otros dos miembros serán los representantes de las ramas profesional y aficionada.

Como dijo El Tiempo en su editorial esta semana, es necesario que la nueva cúpula saque al fútbol "de ese apestoso fango en que el dinero sucio, las turbias componendas y protagonismos personales lo dejaron sumido ... y permitieron que su falta de liderazgo fuera capitalizada por Álvaro González, un dirigente que representa el pasado del fútbol con todos sus cuestionamientos".

El director de Coldeportes, Daniel García, dijo a SEMANA que la nueva dirigencia tiene la obligación de sacar adelante la reforma, en la que la Dimayor (rama profesional) y la Difútbol (rama aficionada) dejarán de ser autónomas y estarán sujetas a la Federación. Además, los recursos, la contabilidad, las normas y el manejo de este deporte estarán bajo un solo responsable: el presidente de Colfútbol. "El otro gran tema es organizar los clubes profesionales, para que dejen de ser de unos pocos dueños y se conviertan en sociedades anónimas, abiertas y democráticas", dijo García.

También es importante que dentro de las prioridades de la Federación esté la de llevar de nuevo a Colombia al próximo Mundial, por lo que deberá iniciar un proceso serio en el que no puede haber una nueva equivocación en la escogencia del técnico ni del proceso. El viernes, Hernán Darío Gómez, quien era el candidato de Álvaro González para reemplazar a Reynaldo Rueda en la selección, decidió dar un paso al lado.

Si bien el nuevo comité ejecutivo se posesionará en agosto, deberá desde ya liderar un rápido proceso para darle al fútbol una estructura como lo ordenan la Fifa y la misma ley colombiana. Por ejemplo, está vigente un Estatuto del Futbolista, expedido de manera unilateral por los equipos, que viola abiertamente las legislaciones internacional y nacional del trabajo, sin contar otros derechos fundamentales, que ninguna autoridad ha sido capaz de controlar. Y los intentos por negociar uno nuevo, con ayuda del Vicepresidente de la República y del Ministerio de la Protección Social, han sido burlados por los clubes deportivos.

Igualmente, la Federación no ha cumplido directrices de la Fifa, como la de organizar los árbitros en una asociación independiente, crear una cámara paritaria para la resolución de litigios o la de reglamentar los agentes que comercializan jugadores, entre otros. La ausencia de estos y otros temas ha permitido que la ilegalidad ronde en los clubes y los estadios colombianos.

Precisamente debe ser la Federación la que resuelva estos y otros problemas, y no esperar a que el Estado, los tribunales internacionales (OIT) o la misma Fifa tengan que intervenir el país para aportar las soluciones. Es hora de que en fútbol, y no sólo en las canchas, haya juego limpio y que los nuevos directivos muestren que los intereses nacionales están por encima de los personales.
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