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| 8/5/2002 12:00:00 AM

Justicia ciega

Por ser homónimo de un guerrillero un hombre permaneció siete años en la cárcel por un delito que no cometió.

El pasado 25 de julio terminó una pesadilla de 2.441 días para Roberto Julio Camberos. Fueron siete años de prisión hasta ese día en que la Corte Suprema de Justicia emitió un fallo en el que reconoció que la justicia colombiana había cometido una de las más aberrantes equivocaciones de las que se tenga conocimiento.

La inaudita historia de Camberos comenzó el 22 de diciembre de 1995 cuando acudió a las instalaciones del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) para renovar su certificado judicial. "Fui para cambiar el certificado que tenía porque estaba en mal estado y en un trabajo que me habían ofrecido me pedían uno nuevo", recuerda. Al llegar a la ventanilla el funcionario del DAS le comunicó que quedaba detenido ya que en las pantallas del computador aparecía una orden de captura contra Roberto Camberos, buscado por la justicia por ser el coautor de una masacre en la que las Farc asesinaron a ocho campesinos a machete.

De nada sirvió que Roberto Julio insistiera una y otra vez ante las autoridades que se trataba de un homónimo, que él no era el guerrillero a quien las autoridades buscaban. En pocos meses fue sentenciado por un juez a pagar 28 años de condena y trasladado a la cárcel de Picaleña, en Ibagué. "Sólo por estudiar mi situación un abogado nos cobró 500.000 pesos. Nos tocó vender el televisor y hacer rifas para poder pagarle. Después de estudiar el caso el abogado nos dijo que el mío era muy fácil porque era evidente que se trataba de un homónimo, pero me cobraba mínimo cinco millones de pesos", dijo a SEMANA Roberto Julio Camberos.

Sin dinero para pagar el defensor Camberos no tuvo más opción que confiar su suerte al ayudante de un abogado, quien se ofreció a llevar su proceso gratis. Todo lo que éste logró fue que en 1998, cuando Roberto Julio ya llevaba tres años en la cárcel, la justicia aceptara revisar el proceso. Desde ese momento pasaron cuatro años más hasta cuando, la semana pasada, la Corte Suprema corroboró que el juez que había encarcelado a Roberto Julio nunca se tomó la molestia de verificar la identidad del hombre al que había condenado. "Ellos estaban buscando a un guerrillero Roberto Cambero. No tenían más datos que ese nombre y ese apellido. No había cédula, ni lugar de nacimiento, nada. Buscaron en la Registraduría a alguien con ese nombre y apareció el mío. A pesar de que mi nombre es Roberto Julio Camberos y la descripción no coincidía libraron orden de captura y me encarcelaron sin ni siquiera mirar mi partida de bautismo ni otros datos que hubieran ayudado a establecer mi verdadera identidad" , afirmó Roberto Julio.

"Conoci el infierno"

Roberto Julio llegó en 1995 a Bogotá desde su pueblo natal, La Dorada, Caldas. Cuando fue detenido tenía 37 años, una joven esposa a la que amaba y dos hijos de 2 y 6 años respectivamente. Había arribado a la capital convencido de que tendría un mejor futuro para su familia trabajando como vendedor de electrodomésticos. Pero el error que la justicia cometió hace siete años acabó con su vida, su familia y sus ilusiones. "Durante todo el tiempo que estuve en la cárcel me trataron como si fuera un delincuente muy peligroso. Los dispositivos de seguridad cuando tenía que salir a alguna indagatoria eran impresionantes, algunas veces incluso me llevaban en helicóptero. Ellos estaban convencidos que yo era un guerrillero muy peligroso. En la cárcel conocí el infierno", recuerda Roberto Julio.

A pesar del grave error que la justicia cometió con él este hombre menudo, con cara de bonachón, no ha considerado la posibilidad de demandar a la Nación por todo el sufrimiento que padeció durante casi siete años. Su mayor ilusión es volver a encontrar a su familia. Su esposa lo abandonó a los pocos meses de estar en la cárcel y se llevó a sus dos hijos a otra ciudad. "Yo no la culpo porque la situación era difícil y ella estaba en una ciudad extraña y tenía dos hijos que mantener, afirma Roberto Julio. Lo único que quiero es volver a ver a mis hijos ahora que estoy libre".

No es la primera vez que la justicia colombiana actúa con ligereza. Tal vez el caso más celebre fue el de Alberto Jubiz Hazbum, quien permaneció por tres años y cinco meses en la cárcel, sindicado del homicidio de Luis Carlos Galán, antes de que la justicia reconociera que había sido un error.

A pesar de lo que ocurrió Roberto Julio no guarda resentimiento alguno. Afirma que en la cárcel aprendió a hacer cuadros y que por ahora sólo espera que alguien le tienda una mano y le dé un trabajo que le permita rehacer su vida y borrar de su memoria el infierno que vivió durante los últimos siete años.
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